La calidad de vida y El Corte Inglés

Este artículo saldrá el próximo domingo en el suplemento Expectativas del Diario Ideal. Es, en el fondo, una provocación encaminada a que reflexionemos sobre lo que nos hace ser o no ser una ciudad importante. Hubiera querido hacerlo un poco más extenso y preguntarme el porqué no se plantea como prioridad la llegada de un centro de la Fnac o de Crisol, pero eso me hubiera llevado uno o dos párrafos más y ampliar demasiado el límite de los dos folios.

Por mucho que busco y rebusco en la bibliografía sobre calidad de vida no encuentro por ninguna parte que la existencia de un centro de El Corte Inglés (en adelante, ECI) se cuente entre las ratios válidas para medirla. Y, sin embargo, es éste un tema que levanta pasiones exacerbadas entre los almerienses. Al margen de la ridícula “carrera” en la que se han enfrascado Almería y El Ejido por ser las primeras ciudades de la provincia en tener establecimientos de la prestigiosa firma comercial, el hecho de que se asuma sin más que una ciudad de “categoría” debe tener un Corte Inglés me parece que refleja, básicamente, un complejo de inferioridad mal disimulado.
He encontrado, no obstante, un interesante artículo de Espinosa Henao, un sociólogo latinoamericano, en el que se dan una serie de pistas sobre el concepto de calidad de vida y de lo que entendemos por él. Dicha noción es el producto de la suma de una serie de variables objetivas, entre las que se encuentran la renta, el nivel de precios, el nivel de ruidos, etc., y de otras subjetivas que se confrontan con las expectativas, los niveles de aspiración, las necesidades personales, la escala de valores, los niveles de equidad…
A mi modo de ver es precisamente en el ámbito de las variables subjetivas y, más en concreto, en el de las expectativas, el que debemos contemplar para encontrar la razón del porqué Almería capital “necesita” un Corte Inglés. Durante años, los ciudadanos de la capital debían desplazarse hacia Granada, Murcia o Málaga para comprar en dicho establecimiento. Sin embargo, al mismo tiempo, nuestro músculo económico crecía y la frustración por tener que salir de nuestro ámbito para realizar compras en ECI también. No podíamos entender cómo era posible que, siendo como éramos, los reyes del mambo económico en Andalucía no dispusiéramos del ansiado centro comercial como toda ciudad en condiciones. Y esa frustración, bien interpretada por nuestros políticos, fue convertida en necesidad estratégica, hasta el punto que los comerciantes minoristas que otrora pusieron el grito en el cielo por la apertura del Pryca y del Alcampo, hoy aplauden que se abra en el centro urbano un edificio de tiendas de ECI.
La empresa (porque ECI es una empresa, no lo olvidemos) tampoco es tonta y piensa que puede sacar tajada de esa frustración ciudadana comprando unos terrenos a precio de risa (los beneficios los obtendrían los hermanos de La Salle de la venta de los pisos, de ahí que se necesite tanto piso) casi sin contraprestaciones, que bastante hay con hacernos el favor de dignarse a venir a esta ciudad. Si hacemos un sucinto análisis del coste beneficio y de los paganinis y gananinis del asunto podría salirnos algo tal que así:

Ingresos para los ciudadanos:

  • Desaparición del complejo de inferioridad.
  • Un nuevo equipamiento comercial (que reparte beneficios en su sede social).
  • Empleos en el sector comercial, aunque habría que hablar de empleos netos, ya que es de esperar que se destruyan algunos en otros establecimientos.
  • Hipotéticos beneficios en los comercios del centro por una supuesta mayor afluencia de público.
Ingresos para ECI:
  • Expansión con costes moderados a una zona de fuerte crecimiento de la renta y de la capacidad de compra.
  • Obtención de unas plusvalías implícitas en la operación inmobiliaria (derivada de la diferencia entre el precio de compra del suelo y su valor actual en el mercado).
Ingresos para La Salle:
  • Beneficios de la venta de los pisos.
  • Un nuevo establecimiento docente, más moderno.
Costes para La Salle:
  • Prácticamente cero. Sólo perderán un pequeño porcentaje de alumnos que se nieguen a coger el autobús, porque no perderán el concierto con la Junta, y es posible que se sustituyan con nuevos alumnos de la nueva ubicación.
Costes para ECI:
  • Ninguno, ya que ellos realizan una inversión de la que esperan obtener beneficios, ya que, si no, no vendrían nunca.
Costes para los ciudadanos:
  • Traslado de un equipamiento educativo del centro, y desaparición de una seña de identidad de la Rambla.
  • Aumento del tráfico y sus problemas derivados.
  • Aumento del efecto pantalla sobre La Rambla.
  • Mayores costes de desplazamiento para los padres que opten por mantener a sus hijos en el colegio.
A mi modo de ver, mientras que los beneficios para los agentes privados si son claros, los de la sociedad son sólo hipotéticos, al tiempo que los costes son evidentes desde el momento cero.
Pero si, a pesar de todo, querido lector, usted es de los que piensan que Almería sin ECI no es ciudad, o que Almería con un Corte Inglés en El Ejido es menos capital, piense que es absurdo desplazarse a ningún sitio para comprar allí. Basta con abrir un navegador de internet y apuntar a su web, sin salir de casa y, ni mucho menos, desplazarse a Murcia o Granada.
En fin, que, tal y como yo lo veo –que me perdonen las mentes biempensantes de la ciudad– Almería no va a ser ni menos ni más con un establecimiento comercial de la citada empresa, y que, en el fondo, nuestra ansia de Corte Inglés es más una catetada que una necesidad real.

Comentarios

  1. Anónimo12:56 a. m.

    Desde luego, yo no querría que el edificio de La Salle fuera sustituido por un feo bloque de pisos (porque hay que ver cómo diseñan las promotoras) y una caja de cemento con ECI.
    Casi mejor que sean ciertos los rumores de construirlo en el "Toblerone". Oh yeah.

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  2. Anónimo9:27 p. m.

    Dado que cada uno es libre de pensar comoquiera, y más en internet, ahí va mi "POLITICAMENTEINCORRECTAOPINION"´Según pienso, en Almería hay ostias por conseguir que el Corte Inglés se instale cerca de los sitios que son propiedad de los que mandan. Los poderosos de la sociedad almeriense, llámense políticos que viven en Oliveros, o Constructores inmobiliarios dueños del Toblerone, serían capaz de cualquier cosa por lograr que sus hogares familiares y/o promociones inmobiliarisas estén cerca del todopoderoso Corte Inglés. Así, las viviendas familiares "de la gente bien, tanto sociata como no sociata" o las promociones jarquilianas multiplicarían su valor por "n a la n". Otro tipo de egoistas son los que viven en la Rambla y no quieren que más gente acceda a semejante bicoca de sitio para vivir. "Ya semos demasiados niños pijos en la Rambla, y no queremos que hayan mas torres como las nuestras"......Léase presidente de la comunidad de propietarios del Concordia II, a la sazón, y casualmente también perteneciente al comité de "sabios desinteresados" del Colegio de Arguitectos de Almería. Si los frailes son dueños de su solar, que hagan con él lo que les dé la gana. Los nenes empadronados falsamente en La Salle, que sean llevados a Colegios periféricos por los BMV de papá, o de su chofer oficial. Bienvenidos sean los nuevos compradores de los pisos de las nuevas torres construidas en el Solar de La Salle. Demasiado tarde para preocuparse por el aspecto urbanístico de Almería. Los listos del colegio de Arguitectos no han podido evitar el deterioro urbanístico de la ciudad (Paseo Almería, Centro....)....Yo, tengo unos terrenillos en Turrillas. Propongo regalarle el secarral al Corte Inglés, a ver si se instala en ellos.

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