lunes, octubre 24, 2005

La evaluación docente

Hoy me he encontrado en mi casillero de la UAL con los resultados de la evaluación docente del curso pasado. En líneas generales, estoy muy contento, puesto que he logrado un 4,80 sobre 5; es decir, un sobresaliente alto, 4 décimas por debajo de la Matrícula de Honor. Además, y esto lo sé por conductos extraoficiales, esa es la nota más elevada de mi departamento y la número 28 de toda la Universidad (más de 800 profesores).
Estos resultados me sugieren dos pensamientos de índole casi opuesta. De un lado, me siento orgulloso de haber logrado una puntuación tan elevada, teniendo en cuenta mi pertenencia al ninguneado estamento de los profesores asociados a tiempo parcial. Orgullo que compensa, con creces, la escasez de los emolumentos percibidos.
Pero, por otro lado, me afirma en un viejo planteamiento según el cual en la universidad española actual no se están planteando de forma correcta los incentivos. Me explico. No es de recibo que alguien que se dedica sólo de manera tangencial a la Universidad aparezca en tan avanzados puestos cuando se "enfrenta" a profesionales de la Academia. Parte de la culpa, creo yo, está en la apuesta exclusiva de la Administración por la investigación, factor éste principal para avanzar en la carrera académica y en la mejora de la nómina. De esta forma, se potencia la publicación por encima del esmero en las labores docentes, que pueden llegar a ser percibidas como un estorbo por parte de los profesores ambiciosos, independientemente de la eficiencia real de esa investigación. Básicamente, no es lógico pensar que todo el mundo en la Universidad está capacitado para la investigación de alto nivel, que es algo muy distinto a lograr muchas publicaciones.
A mi modo de ver deberían plantearse carreras académicas diferenciasdas de investigación (con una mínima carga docente, y muy específica) y de carácter docente (con mayor carga docente, pero con un claro reconocimiento a los esfuerzos de ese tipo de profesorado). Si no se quiere crear estigmatizados ni castas, entonces se podrían platear pasarelas de ida y vuelta entre ambas situaciones (en paquetes de entre 3 y 5 años), aunque lo verdaderamente importante es que nadie tenga la impresión de que su carrera profesional se va a ver dañada por cultivar la excelencia docente.
Como argumento extra añadiré que es paradójico que haya una fuerte demanda en las universidades privadas, cuando su papel en la investigación nacional es irrisorio comparado con el de las públicas. La explicación está sin duda relacionada con la potenciación de la función docente y de colocación de los titulados en el ámbito empresarial.
Por cierto, que aún no lo he dicho, GRACIAS a los alumnos del año pasado. Ya os podeis ir pasando a por vuestros jamones, tal y como acordamos en diciembre pasado :-)

lunes, octubre 17, 2005

Comienza una nueva semana

¡Uf! Acabo de terminar la última clase de hoy, son las 20:45 y en cuánto termine de escribir estas líneas me marcharé a casa. Los lunes son para mí el peor día de la semana. A la ya de por sí dureza del primer día tras dos días de asueto (bueno, al menos dos días sin la obligación de no trabajar en la oficina) y sin despertador, se le suma una clase a las 8 de la mañana, el trabajo posterior en la Cámara, la huída al comedor de la UAL para deglutir un menú que no es carcelario pero casi, el café purgante que te cae mal pero precisas para no dormirte, las tediosas tutorías de 3 horas (que son, en el fondo, trabajo cameral o universitario) y la clase de hora y media de las 7 de la tarde.
Este curso, por otra parte, el tiempo está transcurriendo con mayor tranquilidad que otros años y, a qué negarlo, se me hace muy cuesta arriba que aún no llevemos ni un mísero mes.
¿Habían leído antes en esta web que necesitaba volver al trabajo de las vacaciones? Olvídenlo, debía estar delirando.

viernes, octubre 14, 2005

El uso del oxímoron en economía

Este artículo saldrá en el número de Expectativas del 23 de octubre.

Hay una palabra en el diccionario que me tiene enamorado. Es el oxímoron, una palabra cuatrisílaba, esdrújula con el encanto sonoro de las esdrújulas, al que se añade la extraña cercanía lejana de la equis. Primero me atrajo su propia forma, pero luego me terminó de subyugar su significado: “combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p.ej., un silencio atronador”.
Como broma, solía decir que el mejor ejemplo de oxímoron es el de inteligencia militar, con bastante éxito en aquellos tiempos en los que fue noticia la reducción del cociente de inteligencia mínimo para ingresar como soldado en el ejército español. Sin embargo, no fui consciente de la profusión de términos económicos formados por un oxímoron hasta que me invitaron a debatir a una mesa redonda sobre agricultura ecológica. Y es que, enviciado el oído en la búsqueda de tan curiosa fórmula, no pude por menos que constatar la naturaleza contradictoria de ambas palabras. Efectivamente, si es agricultura, no puede ser ecológica, porque agricultura presupone actividad humana interviniendo en el ecosistema natural. Podrá ser poco agresiva, o exenta de fitosanitarios, pero nunca ecológica pura, pues dejaría de ser agricultura y sería recolección. Desgraciadamente el auditorio no era el apropiado para juegos de palabras y la inmensa mayoría interpretó que yo estaba atacando a la, mal llamada, “agricultura ecológica”.
Pero ese no era el único caso. En último extremo, el desarrollo sostenible, ese concepto que nació en los 70 y alcanzó su máximo apogeo en la década de los 90, es también un oxímoron. El desarrollo, el desarrollo económico, que es al que se refiere, nunca es 100% sostenible, puesto que incorpora en su misma base el concepto de uso de los recursos naturales, muchos de los cuales son agotables en términos de la temporalidad humana. Por tanto, a lo sumo, podemos aspirar a un desarrollo lo más sostenible posible, pero nunca a uno en términos absolutos.
Como ya digo, el recurso al oxímoron no es extraño en la economía, ni siquiera entre tiempos más remotos. El concepto de “destrucción creadora” de Schumpeter es también un oxímoron como la copa de un pino. Y tampoco es extraño en las últimas incorporaciones, ¿qué es si no el “turismo residencial”? O es turismo, o es residencial, pero lo uno excluye forzosamente a lo otro. Y, sin embargo, la expresión ha hecho fortuna en lugar de nombres más aproximados como inmigración no laboral, residencia temporal o, simplemente, soluciones habitacionales de temporada.
El juego es divertido, y podríamos seguir buscando en la terminología económica nuevos ejemplos. Sin embargo, tal vez lo que quepa hacerse es la pregunta de si hay alguna razón que impulse a los economistas a buscar la unión de contrarios para expresar nuevos conceptos. En principio, y para ser honrados con la ciencia, creo que deberíamos constatar si el uso del oxímoron es propio de la economía o se extiende a otras ciencias. Pero, dado que mi conocimiento de otras disciplinas es más bien escaso, y que ese trabajo me distraería de la diversión de fabricar hipótesis inverosímiles, elijo conscientemente ser deshonesto.
Se me ocurre que el uso del oxímoron en la economía obedece, seguramente, al complejo que siempre ha tenido de ser menos ciencia que la física o la matemática, y a la necesidad de protegerse mediante una terminología compleja (y las palabras compuestas lo son) de los advenedizos y no iniciados en la docta disciplina. Otra razón, alternativa o incluso acumulativa, es la tendencia al uso del eufemismo en economía, tendencia que intenta ocultar bajo nombres complicados adrede, situaciones poco agradables o demasiado mundanas como para ser tomadas por serias. Así, el uso, por ejemplo del tan cacareado “turismo residencial” obedecería a este grupo. Añadiendo el nombre de turismo se le da una importancia nominal mayor, al ser ésta una actividad ampliamente reconocida y apreciada en la mayor parte del mundo por sus efectos beneficiosos sobre las economías receptoras. En última instancia, se intenta ningunear la principal componente que es, precisamente, la residencial y que suele tener una “peor prensa” por su dimensión esencialmente inmobiliaria.
Ejemplo de la primera opción podría ser el de la destrucción creadora, que muy bien podría haberse denominado selección del mercado, más darwinista y, a mi modo de ver, más apropiada. Aunque también más evidente. Les invito desde aquí a que jueguen conmigo a encontrar esos pequeños templos a la incongruencia que de vez en cuando nos asaltan en las lecturas o en las conversaciones, agazapados sobre montañas enanas.

viernes, octubre 07, 2005

Está claro lo que interesa

Esta mañana he mirado mis estadísticas en WebStat4us, la antigua NedStats y me he llevado una grata sorpresa. La vuelta de Macareno ha sido todo un éxito, ya que en menos de 24 horas recibió más de 40 visitas, y eso, para alguien que como mucho está acostumbrado a recibir 20 es una barbaridad.

No voy a engañarme, es posible (es seguro) que las gansadas de Macareno Fernández Socías sean más llevaderas que los rollos que suelo meter aquí sobre economía. Al menos me queda la satisfacción de haber escrito un pequeño "best seller". A ver si en esta ocasión soy capaz de terminar el curso. Y a ver si consigo que los 40 de hoy sean 400 mañana y que de esos 400, al menos 100 pasen luego por aquí.

jueves, octubre 06, 2005

Lo prometido es deuda

Como ya dije, Macareno ha vuelto. Los que ya lo conocían lo reconocerán de inmediato pues apenas he corregido un poco el texto, pero tengo muchas anécdotas nuevas y sabrosas. Ya vereis, ya...

A morrillazos con la nación

Así, a bote pronto, el derrotero que están tomando las cosas me preocupa, me asusta, me hace dudar de la inteligencia de las personas que consideraba inteligentes. Hace unos meses el Parlamento español se enfrentaba a un envite, posiblemente más definitivo que el propio 23-F (o al menos eso parecía en aquellos días) que fue la tramitación del estatuto vasco, aka Plan Ibarretxe. Finalmente, la sangre no llegó al río y aquel estatuto fue devuelto por una enorme mayoría.
Ahora nos enfrentamos al estatuto catalán, y sobre todas las cosas parece que lo que más irrita es que se autodenominen nación. La verdad es que uno podría pensar que es el paso previo para declararse Estado. Y ese paso podría conllevar un enfrentamiento civil de consecuencias insospechadas. He dicho que estoy asustado, pero no es porque nos pongamos a hablar sobre si Cataluña es o no es nación, o por si debe tener un sistema de financiación distinto. Lo que de verdad me aterra es la forma en la que se está enfrentando este debate, en términos de nosotros contra ellos. Una especie de todo o nada en el que solo puede haber ganadores y perdedores absolutos.
En otro orden de cosas, que Cataluña quiera ser una nación no debería ser problema, al menos si lo endendemos de la forma que lo hacen aquí . Lo que si es un problema es que se pretendan imponer soluciones unilaterales a problemas generales. Me refiero a la financiación autonómica. A mi modo de ver ya fue un error en su día el Cupo Vasco, pues no es de recibo que distintas partes de un Estado en la que todos sus ciudadanos son iguales ante la Ley, tengan diferentes sistemas fiscales. Cierto que, por ejemplo, en nuestro ordenamiento hay impuestos que son diferentes según la ciudad en la que se viva (por ejemplo, el IAE), pero las diferencias son mínimas y están recogidas por la propia norma, aparte de que la incidencia económica de dichos impuestos no es muy relevante.
Como decía no es de recibo que haya comunidades autónomas con más posibilidades que otras a la hora de definir sus fuentes de financiación. Y no lo es porque con ello se pone en cuestión todo el sistema de redistribución de la renta, o porque se da pié a la existencia de comunidades de primera o de segunda (y todos somos iguales ante la ley). Es un debate que nos atañe a todos y que, por tanto, debe ser dirimido entre todos.
Finalmente, y sinceramente, creo que según lo lejos que miremos en el pasado podemos justificar nacionalidades de muy diverso ámbito y sentido, desde la mítica Euskalerría hasta la utópica Al Andalus que iban preconizando los de Nación Andaluza allá por los 80.
Ahora sólo me conformaría con que los mensajes de uno y otro lado olvidarán el esquema catalanes contra españoles que posiblemente, por simple, funcione, pero que ni es real ni puede deparar nada bueno en el futuro.