El punto de inflexión [Econ]

Artículo mandado al suplemento de economía de Ideal: Expectativas.

La brillante trayectoria de la economía almeriense desde la segunda mitad del siglo XX se sigue manteniendo hoy, aunque ahora los ritmos de crecimiento se han acompasado más con los del conjunto del país. No obstante, la mayor parte de los observadores de la realidad económica provincial coinciden en que ésta se encuentra inmersa en un período de fuerte incertidumbre, en el que se cuestionan no sólo los repartos relativos de cada uno de los sectores, sino el propio patrón de desarrollo. Esta visión no afecta al análisis de la realidad actual o pasada, pero sí que podría tener importantes repercusiones sobre las previsiones futuras.
En el mundo globalizado en el que nos encontramos las cosas cambian muy deprisa. Y algunos de los sectores principales de la economía almeriense están aquejados de una especie de crisis de madurez. Por ejemplo, la agricultura encuentra dificultades para alcanzar las cifras de crecimiento de años precedentes. Ya ni siquiera la exportación permite grandes alegrías, ya que la producción comercializada en el extranjero lleva varios años anclada en torno al millón y medio de toneladas. Aunque el mercado potencial para las hortalizas se ha incrementado con el reciente proceso de Adhesión en la UE, no es menos cierto que la competencia internacional se ha visto impulsada en la ribera sur del Mediterráneo y en Turquía, compitiendo por la vía de unos menores costes con las producciones almerienses. En este orden de cosas no es previsible un escenario de más hectáreas en producción en la provincia, aunque sí que sería esperable, y hasta deseable, una expansión del entramado productivo provincial por las nuevas zonas productoras, así como una reestructuración relacionada con la dimensión de nuestras empresas agrarias. Así, una parte creciente de los servicios a la agricultura serán prestados en el extranjero, sumando a la balanza comercial invisible de la provincia. También es de esperar que los inputs tengan en una primera fase cierto impulso exportador, aunque tampoco es descabellado pensar en procesos de inversión directa en el exterior (exportación de capitales).
El impacto de la revolución mundial en el sector turístico se ha dejado sentir en Almería de manera diferencial. Así, a pesar de la celebración de los Juegos Mediterráneos, evento que hubiera debido impulsar el sector turístico durante su celebración, 2005 supuso un agnus horribilis para el sector que se encontró con la tijera formada por el aumento de la oferta hotelera y la reducción de los viajeros alojados. Aún cuando los resultados hasta junio de 2006 resultan esperanzadores, no debemos olvidar que a corto plazo el sector se enfrenta a terribles incertidumbres que alcanzan incluso al propio modelo principal de negocio en Almería. El turista ha aprendido a utilizar Internet y a planificar mejor su viaje, lo que ha supuesto una modificación de los canales de distribución, coincidente en el tiempo con un cambio sociológico que ha alumbrado un nuevo tipo de cliente, que ya no se conforma sólo con el sol y la playa y que precisa satisfacer necesidades deportivas, culturales, ambientales o de ocio mucho más complejas que hace unos años. Al tiempo, el sector se ha visto sorprendido por la irrupción de lo que se ha venido en llamar “turismo residencial”, y que, en realidad tiene más de residencial que de turismo. Sin embargo, la coincidencia en el territorio de ambos fenómenos provoca que ambos sectores encuentren múltiples puntos de fricción, desde la competencia por los mismos espacios hasta la relevancia de las segundas residencia como oferta alegal de plazas (que contribuyen al vaciamiento de la demanda hotelera), pasando por la competencia por los recursos naturales y paisajísticos. Es evidente que, al margen de quién tenga razón, ambos fenómenos están en Almería para quedarse y deben aprender a convivir y a descubrir y explotar sus complementariedades.
El tercer espada de la economía almeriense venía siendo el sector del mármol, radicado principalmente en el corazón de la Sierra de los Filabres, en la Comarca de Macael. Como ya se ha mencionado, este sector remontó una importante crisis a comienzos de la década de los 90. Actualmente no parece que la situación sea similar, aunque si que aparecen síntomas de cierto agotamiento. El desfavorable tipo de cambio del euro con el dólar, que no se corrige a pesar del aumento del diferencial de tipos de interés y la emergencia de nuevos competidores, como China, ha provocado que gran parte de lo ganado en los mercados exteriores se haya evaporado desde 2004. El bache está siendo cubierto por una demanda nacional que se está animando y que absorbe parte de la producción destinada al exterior. No obstante la vía de solución de los problemas actuales está claramente definida y hasta en proceso de puesta en marcha: la innovación y diferenciación en el producto.
Finalmente, la construcción se ha visto impulsada en los últimos años por varios factores. Inicialmente fue el abaratamiento de los tipos de interés, la mejora sustancial del nivel de renta de los españoles, la llegada al mercado de la generación del baby boom, el alargamiento de los períodos de devolución de los préstamos, la crisis bursátil que desplazó importantes masas patrimoniales hacia el sector inmobiliario o el boom del ya mencionado turismo residencial. Luego se sumaron otros factores, tales como la demanda de los inmigrantes que impulsan muchos procesos de cambio de vivienda, o las transformaciones institucionales que han provocado un cambio sustancial en el proceso de creación de hogares en España. El sector ha crecido en todo el país de manera desbocada, contribuyendo de manera destacada y decisiva al proceso de creación de empleo habido en España en los últimos años. Sin embargo, ha generado también algunos efectos perniciosos y que podrían suponer la piedra de toque que provocara su hundimiento. De un lado está el fuerte proceso de revalorización de los activos inmobiliarios; proceso que ha aumentado la riqueza de las familias, pero que también ha contribuido decisivamente al endeudamiento de las mismas y a que muchos estratos de población hayan quedado al margen del mercado inmobiliario. En cualquier caso, no parece razonable esperar que este ritmo acelerado de crecimiento del sector se prolongue por mucho más tiempo.
El panorama descrito implica que ninguno de los sectores protagonistas en los últimos años está actualmente en las mejores condiciones para propiciar crecimientos que nos permitan acortar nuestro proceso de convergencia en renta con la media comunitaria. Hay que buscar, por tanto, nuevos sectores o nuevas ideas en los viejos sectores que nos permitan seguir creciendo como hasta ahora, procurando, al mismo tiempo, conservar en la medida de lo posible un medio ambiente que es en la provincia especialmente frágil.

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