lunes, mayo 29, 2006

El individuo alpha

Informe confidencial
Consejo Nacional de Inteligencia

Asunto: Reducción costes posbélicos. Programa de inhibición del recuerdo.
Resumen: Con fecha 25 de mayo de 2006 ha sido discontinuado el PIR por considerarse fallido.

Memoria: Después de las intervenciones de las Fuerzas Armadas en las guerras de la ex-Yugoslavia, el coste de los tratamientos Psicológicos de los soldados y demás personal allí destacado nos indujo la necesidad de buscar una solución a este problema que iría aumentando conforme lo hicieran nuestra intervenciones en conflictos internacionales.
Las FF. AA. se pusieron en contacto con diversos departamentos universitarios, decantándose por el programa PIR que se llevaba a cabo en la Universidad de Alcalá. Se financiaron los experimentos a cambio del secreto de las investigaciones y la propiedad militar de los resultados durante 20 años.
En la intervención aliada de Afganistán estábamos en condiciones de poner en práctica los desarrollos. Básicamente se trataba de un borrado selectivo de la memoria del soldado de las situaciones potencialmente creadoras de estrés postraumático. Para ello se seleccionaron 5 soldados que sirvieron en distintas unidades y distintos períodos de tiempo. Tras el regreso de los mismos, se procedió al borrado selectivo del período de tiempo pasado en el frente. Para evitar problemas con las familias se les indujo un coma farmacológico con el que se justificaba la pérdida de memoria. Los cinco individuos fueron correctamente tratados y con todos ellos se siguieron los protocolos establecidos en el PIR.
Cinco meses después de su vuelta del frente, el individuo Alpha fue ingresado en el hospital militar de Manises aquejado de un profundo estado de depresión y un cuadro de desequilibrio nervioso con episodios de insomnio. Avisados los responsables científicos del programa se ha llegado a la conclusión de que la falta de recuerdos en el individuo ha creado un elevado nivel de ansiedad, ya que ha supuesto que la falta de memoria es un mecanismo de defensa de su memoria para no recordar los peores momentos. Hemos sabido que el individuo Alpha he estado documentándose en Internet y en las hemerotecas. Asimismo, ha recabado el testimonio de antiguos compañeros de armas. El resultado final es que al cuadro tradicional se ha sumado un sentimiento de culpa de imposible previsión. El estado del individuo Alpha es particularmente grave y no sabemos a fecha de hoy si podrá recuperarse.
Por tanto, se ha procedido a la clausura del programa y se ha recomendado iniciar un nuevo programa que procure la eliminación de la escala de valores de los soldados.

sábado, mayo 27, 2006

Yo escribí El Código Davinchi

Espero me perdonen. Sólo se trata de un experimento social. La idea es comprobar si se produce una subida en el número de visitas al Blog relacionado con la aparición de dicho título en la portada.
De todas formas, si quiere leer algo sobre el Código Davinci, le invito a pasar por una entrada anterior en la que referenciaba el libro y daba mi opinión sobre el fenómeno literario de la década. ¿O debo decir librero en lugar de literario?

What do you think about The Davinchi Code film?

viernes, mayo 26, 2006

¿Rutina?

Me he levantado con los ojos pegados, he
tirado de la cadena, he llegado a la oficina, he desayunado a las 10, he
comido, he vuelto al trabajo, he llegado a casa, he tirado de la cadena y he
cerrado mis ojos. Sin embargo, hoy ella me ha mirado.

lunes, mayo 22, 2006

Carta a mi hijo

Debería salir en el siguiente Expectativas. Pero nunca se sabe...
Querido hijo:
Posiblemente, para cuando tengas edad de entender estas palabras yo seré para ti apenas un resabio del siglo XX, poco menos que un cavernícola que insistirá de manera reiterativa en que estudies, en que no te pases con la hora de llegada los fines de semana y que sólo vive para amargarte la existencia. Algo así pensaba yo de mi padre cuando tenía 15 años. Y no te faltará razón, en parte, la otra parte me la irás dando según vayas cumpliendo años. En mi descargo te diré que el fondo soy un hombre del siglo XX que vive cada día más atribulado por la velocidad de los cambios.
Cuando apenas ha comenzado a andar tu siglo, el XXI, el mundo es algo radicalmente distinto del que había en 1968, cuando yo nací. Seguramente no te suene de nada, pero eran los años de la Guerra Fría, un enfrentamiento a base de bravuconadas armamentísticas entre dos grandes bloques de países, liderados por sendas potencias nucleares, y separados por algo tan peligroso como la ideología. Aún en 1980 el mundo se parecía mucho al de mi nacimiento, los dos bloques seguían existiendo y a las armas se sumaron los boicots olímpicos. Por entonces, las profecías de Nostradamus se vendían como rosquillas, ya que en ellas se hablaba del enfrentamiento definitivo en
tre los rojos y los azules.
Sin embargo, durante la última década del siglo, el mundo sufrió una transformación radical, con la particularidad de no haber sido preciso para ello una gran confrontación armada. No obstante hubo algunas de pequeña intensidad, incluso en nuestra avanzada y pacífica Europa. A finales de esa década, uno de los bloques colapsó y se desmoronó, nacieron nuevos países del seno de la desmantelada URSS, los ciudadanos de Alemania del Este desmontaron con sus manos el muro de la vergüenza y China adoptó el lema de “un país, dos sistemas”, un eufemismo para ir avanzando hacia la economía de mercado.
Y no te digo nada de las transformaciones en el ámbito de la tecnología. Ahí los cambios han sido astronómicos. Cuando yo era niño las teles eran en blanco y negro y sólo se veía un canal. La llegada de la primera tele en color fue un acontecimiento entre los vecinos. Mi primer ordenador tenía 48 K de RAM y los programas se cargaban desde una cinta de cassette (si, ya sé que no sabes que es eso). Además, aunque no te lo puedas creer, no existía Internet. En pocos años, apenas 15, Intenet se nos metió en casa, se convirtió en banda ancha, y nos trajo una reconversión económica de profundísimo calado. Este moderno aleph nos permitió relocalizar (al principio decíamos deslocalizar) las actividades productivas de las empresas, nos posibilitó mover grandes cantidades de capital y de información en tiempo real y trastocó las relaciones laborales y empresariales, hasta el punto que las empresas de mayor capitalización bursátil lo eran en función del talento que eran capaces de aglutinar en su plantilla y no de los activos inventariables. Nunca antes en la historia de la humanidad el conocimiento y el talento habían sido tan valiosos. Con una particularidad, gracias a las telecomunicaciones el punto del planeta en el que ese conocimiento se encontrase era poco menos que irrelevante.
En los umbrales de tu siglo la economía mundial crecía más que nunca, China y la India comenzaban a despertar de su prolongado letargo de siglos impulsados por lo que se llamó globalización, y los precios de los combustibles subían sin descanso empujados por una demanda creciente sin que la inflación se resintiese de la forma que lo hizo en los años 70. Los países pobres financiaban el consumo de los ricos y las empresas ahorraban para permitir el gasto de unas familias que desahorraban. El mundo al revés…
Como ves, hijo, mi mundo se ha transformado en el tuyo, tan distinto, a una velocidad imposible de asumir sin estremecimiento. Fueron tiempos de vértigo, era como si la historia hubiera acelerado, o como si la rotación de la Tierra se completara en 20 horas.
Antes de que te preguntes el porqué de todo esto, querido hijo, te diré que, si te he educado bien, no hará falta que yo te responda. Mi herencia, tu formación especializada y cosmopolita, deberían ser suficientes para comprenderlo. En la frontera, y estos tiempos que vivimos cuando te escribo lo son en cierta medida, los que tienen éxito son los mejor preparados, y también los más flexibles.
Ya ves, Jorge, es posible que el mundo que te hemos dejado no sea de tu total agrado, pero del paso de mi generación por el mundo debe quedarte claro que los cambios son a veces imprevisibles y, a veces también, tan rápidos que no nos damos cuenta de que los estamos protagonizando hasta que alguien, muchos años después, cae en la cuenta. Tu futuro está en tus manos: si no te gusta, intenta cambiarlo.

jueves, mayo 18, 2006

Un cuento borgiano... O no...

Este cuento lo escribí hace ya años. En el fondo es una metáfora de la sobrevaloración del precio de las viviendas y de cómo a los que en 2002 comenzamos a decirlo nos tomaron por agoreros y nos indujeron una recaída en la úlcera. Afortunadamente, hoy ya casi nadie duda de que nos encontramos ante una burbuja inmobiliaria, llámesele eso o exhuberancia irracional de los ladrillos...

Publio Peyo fue, en opinión de muchos, uno de los más polémicos de los consejeros del senado romano. Sin embargo, se suele olvidar, y de ahí nace la confusión, que hubo dos personajes del mismo nombre y de similar época; circunstancia ésta que ha provocado que multitud de hechos protagonizados por el uno sean achacados al otro, y viceversa. A ello hay que agregar el flaco favor que al conocimiento de la verdad hicieron sus cronistas coetáneos, más preocupados por las florituras gramaticales, que por el desenredo de la verdad.
Para los entendidos y para los que no, digamos que nos referiremos al Publio Peyo que fue consejero de Julio César, es decir, al que normalmente conocemos con el apodo de “el joven”. Hasta hace bien poco todo lo que sabíamos de los últimos días de Publio era que su muerte había estado provocada por su intervención en la polémica de los precios de los esclavos. Las sucesivas ampliaciones del territorio sometido por los romanos, el importante flujo de oro y personas que llegaban hasta la metrópoli y las necesidades de mano de obra hicieron surgir un floreciente mercado de esclavos.
Marco Meronio señala en su crónica de esos días que llegó un momento en que el precio de los esclavos comenzó a subir de manera acelerada. El enriquecimiento de los soldados que volvían de las campañas victoriosas, el flujo de nuevos ciudadanos provenientes de las alejadas colonias y la venta de los productos de la ciudad eterna justificaban, según la opinión general, esta situación. Sin embargo, llegó un tiempo en el que el mercado de esclavos se convirtió en una forma de aumentar la riqueza, más que de un lugar en el que satisfacer las necesidades de mano de obra. Muchos descubrieron que la lentitud con la que llegaban los nuevos contingentes de esclavos, ofrecía importantes oportunidades de negocio. Al principio, algunos compraban un esclavo y lo vendían a los pocos meses, después de haberles enseñado un oficio. Con ello obtenían importantes ganancias. Pero, en poco tiempo, fueron muchos los que se arriesgaron a operar así llegando a convertirse en una inversión más rentable que el cultivo del vino.
Cuenta Patroclo que en una ocasión, un joven patricio llegó a comprar y vender 3 esclavos en un mismo día con la misma inversión y, lo que es más sorprendente, uno de los esclavos pasó por sus manos dos veces en menos de 24 horas.
Los comerciantes tradicionales, aquellos que los compraban en los mercados de las provincias más lejanas y los traían en caravanas o barcos hasta Roma, estaban encantados. Hemos de suponer que la buena marcha del mercado de esclavos de segunda mano y la fiebre generalizada de compras, con la subsiguiente alza de los precios, les impulsó a llegar cada vez más lejos y con barcos más grandes en busca de material con el que alimentar tan insaciable mercado.
Sin embargo, algunos patricios, sobre todo los de menores riquezas y más ligados a la agricultura, comenzaron a sentirse perjudicados por cuanto se les encarecía sobremanera uno de sus principales medios de producción y subsistencia. En el senado se discutía mucho sobre estos asuntos. Y, siguiendo de nuevo a Marco Meronio, a nuestro Publio Peyo el joven, que siempre había obrado de buena fe, dedicó muchas horas a estudiar dicho asunto. Publio descubrió que el incremento de los precios no respondía de manera total a un aumento de las necesidades de mano de obra de la ciudad. Dedujo que, dado que las fronteras del imperio habían alcanzado casi los límites del mundo conocido y, dado que no era lógico pensar que el flujo de riquezas y nuevos ricos continuase de manera indefinida por mucho más tiempo, llegaría el momento en que se quedaran esclavos sin vender en las subastas y que los precios de los mismos se vendrían abajo de manera sorpresiva y catastrófica.
Parece ser que no fue el único que dijo cosas similares por aquellos días, y que algunos de los más sabios, mucho más que él, llegaban a la misma conclusión. Publio, sin embargo, lo dijo en sesión publica del senado y algunos senadores, muchos de ellos tratantes de esclavos, vieron en sus palabras un ataque malintencionado a su negocio. Pidieron la cabeza de Publio a Julio César y, éste, impelido por las presiones de algunos de sus principales valedores terminó pidiéndole al consejero que utilizara la cicuta para eliminar el problema.
Esta es la historia que hasta hoy conocíamos. Sin embargo ha llegado últimamente a mi poder un estropeado manuscrito del siglo XII en el que se cita una carta de Publio el joven a su amigo Julio César. Este manuscrito apareció en 1989 durante una subasta de la casa Sotheby´s, en Nueva York y fue comprada por un coleccionista que la legó a su muerte, acaecida en 1995, a la Fundación Angloespañola de Estudios Medievales. El catalogador del legado, un buen amigo, contactó conmigo hace dos años y, sabiéndome aficionado a este tipo de temas y a este personaje, me hizo llegar una copia para su estudio.
Sería muy largo reproducir aquí la larga epístola y los bellos giros verbales y metáforas que utilizaba Publio, así que nos conformaremos con un breve resumen. La carta, en esencia, era una larga queja en la que Publio le decía a Julio que él había creído conveniente exponer los riesgos que vislumbraba en el horizonte, incluso para los propios tratantes, ya que una bajada de precios tan importante podría perjudicarles, no sólo en cuanto al descenso de las ventas (su mayor preocupación), sino también por las pérdidas que les ocasionaría esta situación con las partidas de esclavos que estuvieran en ese momento camino de Roma, compradas a precios muy elevados y traídos a la metrópoli desde lugares muy lejanos y, por tanto, también muy caros. Publio se sorprendía de la cortedad de miras de los mercaderes que sólo vieron un ataque a sus negocios y no un aviso. También aducía el sobrepasado Publio que muy pocos de ellos habían tenido a bien escuchar sus razones. Le dolió que parte de ellos hubieran sabido de sus opiniones sólo a través de terceros, la mayoría de las veces de manera distorsionada. Y, esta es la primera gran novedad, mantenía que en ningún momento llegó a hablar de que hubiera un peligro inminente ni que fuera imparable su ocurrencia. Es más, en su parlamento él mencionaba la posibilidad de que la situación, una vez conocida, fuera siendo reconducida por las autoridades de la ciudad, de manera que los precios de los esclavos terminaran volviendo poco a poco a tener crecimientos similares a los del vino o el aceite.
La segunda gran novedad que aporta este escrito es que la cicuta no le fue recomendada por Julio César, ni por ninguno de los senadores, por mucho que alguno lo deseara fervientemente. Publio se despide de su amigo César reprochándole la falta de apoyo y decepcionado por el funcionamiento del Senado. Publio Peyo el joven definitivamente se envenenó a si mismo por decisión propia. Es este un final más propio del personaje.
Pero este final deja sin aclarar aún un punto oscuro de esta historia. A día de hoy no sabemos que pasó finalmente con los esclavos. Sólo tenemos las impresiones del profesor Abrahams, de la Universidad de Chicago, de que efectivamente, el propio Julio César tomó medidas al respecto, dificultando la compraventa de esclavos para especular y que, inclusive, ésta podría ser la causa última de su triste final, no en vano Bruto era uno de los principales comerciantes de esclavos de la ciudad.

miércoles, mayo 10, 2006

El cielo de Madrid

De Julio Llamazares. Ordenado en torno a los 4 círculos de la Divina Comedia, se trata de la historia de la vida de un pintor de éxito, enamorado de la ciudad de Madrid, contada por si mismo. A veces parece un monólogo, a veces una historia contada al alguien. Incluso, en un momento determinado parece el testamento vital de un suicida. Arranca un tanto flojo, pero poco a poco mejora. Bien escrito, aunque el estilo repetitivo usado con tanta intensidad da la impresión de que la intención del autor es alargar el número de páginas del libro.
Para mi gusto, lo mejor es el tercer círculo: el purgatorio.
Un 7,5 sobre 10.

martes, mayo 09, 2006

El secreto de la pirámide

Escrito aprisa y corriendo a petición de La Voz para explicar por qué pasan una y otra vez los casos Forum Filatélico y afinsa.

De vez en cuando nos asalta desde las primeras páginas de los periódicos o desde los titulares de radio y televisión una nueva estafa piramidal. Un tipo de estafa que debe ser tan antigua como la de la estampita pero que es, a tenor de las cantidades de afectados y de los millones de euros sustraídos, mucho más eficaz.

En funcionamiento es sencillo: cójase a un panoli (al que para la ocasión se le denomina cliente, o impositor, o inversor, o lo que sea que suene bien y legal). Se le vende un bien de inversión (acciones, obligaciones, sellos, cuadros, o ladrillos del partenón, algo que suene bien o incluso racional) y se le garantiza al cliente que su inversión se revalorizará como mínimo un X% con total garantía, siempre por encima de los intereses aportados por los bancos, para que el cliente se arriesgue a confiar en los timadores atraído por el beneficio extra.

Una vez embaucado al primero, hay que encontrar algún otro que esté dispuesto a comprar el mismo activo o parte de él, o un nuevo, con la promesa de una revalorización segura. Los nuevos compradores generan ingresos suficientes para pagar al primer cliente sus intereses y para obtener un buen beneficio. Luego habrá que encontrar una nueva hornada de panolis que abonen los intereses de los primeros y segundos. Mientras haya “clientes” en abundancia habrá beneficios para los estafadores.

Pero todas estas estafas están abocadas al desastre, por su propia naturaleza. Cada vez se necesita más gente para cubrir las inversiones de los primeros. Como en una pirámide que se comenzara desde arriba, para cada nuevo escalón cada vez necesitaríamos más ladrillos. Todo tiene un límite, incluso el número de almas crédulas que hay en el mundo, así que finalmente llegará el día en el que los primeros escalones de la pirámide no puedan cobrar y es entonces cuando estalla el escándalo.

Como medida cautelar siempre hay que desconfiar de los valores seguros y de elevada rentabilidad, ya que una de las reglas básicas del mercado es que el riesgo es caro y la seguridad barata. A veces es difícil, muy difícil, ya que hay una finísima diferencia entre lo legal y lo aparentemente legal. Otra pista puede ser considerar que es difícil encontrar algún tipo de activo que suba y suba y suba, siempre lo haga en la misma cuantía. Los mercados tienen a ser bastante volátiles. Para consuelo de los afectado por el Forum, es difícil pensar que una empresa tramposa va a gastarse dinero en esponsorizar un equipo de baloncesto de la élite nacional durante años...

lunes, mayo 08, 2006

El aleph de redes

Borges me asalta desde cualquier rincón en estos días. Debe ser una señal, me digo mientras sigo recibiendo señales de él. Me lo encuentro en las páginas de un periódico, en las referencias literarias de un desquiciado “ezcritor” (si, con z), incluso en un artículo sobre ética y economía. Pero estoy tan obtuso que no soy capaz de entender las señales. El trabajo me tiene tan absorto que apenas me deja pensar, y eso que se supone que mi trabajo es sobre todo pensar…
Pero hoy lo he visto claro, la señal es el aleph. Creo que ya he escrito alguna referencia al mismo, decía Borges en uno de sus cuentos que es un punto del Universo en el que se condensan todos los lugares del mismo, desde el Taj Mahal hasta el punto kilométrico 2.8 de la nacional 333. Todo. En su cuento el aleph aparecía, si no recuerdo mal, en el hueco de una escalera. La señal que no era capaz de interpretar era la sugerencia de un artículo, un artículo sobre el moderno aleph. A diferencia del borgiano, éste existe y también a diferencia del primero es mucho más democrático, puesto que se reparte por distintos puntos del espacio. Me refiero, como ya habrán adivinado, a Internet. Desde un ordenador, desde una PDA, desde una consola de videojuegos o desde nuestros teléfonos móviles, Internet nos permite estar al tanto de casi todo, en casi cualquier sitio. En eso es menos potente que el del cuento, ya que no retiene aún todos los puntos del universo.
Sin embargo, lo que le falta de amplitud, lo compensa con su existencia. La red de redes nos está cambiando la vida más de lo que nos gustaría desear. Pongamos algunos ejemplos. ¿Cuál es la principal causa del descenso continuado de los periódicos de pago en España? Los editores de diarios tradicionales tendrán la tentación de mirar hacia el lado de los gratuitos. Sin embargo, los estudios de mercado de éstos apuntan a que sus lectores no son los mismos de la prensa de pago, son nuevos lectores, jóvenes y urbanos. Posiblemente la cauda haya que buscarla en la demografía (los más viejos se van muriendo) e Internet. ¿Quién va a pagar por tener una versión de los hechos cuándo puede acceder a más de una, y gratis? Más ejemplos, la comunicación entre personas, las cartas prácticamente han desaparecido, hace años que no recibo una que no sea una factura, información del banco o publicidad. Mis amigos me escriben correos electrónicos, las peticiones de estudios y trabajos vienen casi todas por ese medio y las fuentes de información, antaño inaccesibles por lo dispersas hoy las encuentras todas en la red. Uno último, más económico, la globalización no sería la que es si no existiera la red, que posibilita la transmisión casi inmediata de grandes paquetes de información, lo que hace posible la deslocalización de las diversas funciones productivas o que las rupturas de stocks sean mínimas.
La mayor parte del mundo desarrollado tiene acceso a este moderno aleph en el que, además de ser observadores, podemos ser colaboradores, o coautores de la misma realidad que refleja cada uno de sus prismas.
Pero también es un invento humano y como tal es reflejo de lo mejor y lo peor de esta especie animal que somos. Internet no puede censurarse, ni siquiera China lo logrará, para bien o para mal. Y es que no todo lo que circula por la red es verdad o, ni siquiera, simplemente positivo. Somos de naturaleza violenta, nos mueven las pasiones y somos capaces de detestar o de amar sin ambages ni resquicios. Así que vertemos en la red todo ello, los que odian a Federico Jiménez Losantos se enfrentan a los oyentes irredentos de la SER, o los seguidores de un determinado movimiento pueden expresar sus opiniones fundadas o simplementes demagógicas sobre cualquier circunstancia.
Así que, querido Borges, al fin todos tenemos un aleph en el que no sólo hay lugares, sino también juicios de valor, verdades y mentiras… La realidad y mucho más.