Fue delante, y no se le cayó la cara dura al regidor

En un lugar almeriense, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que asistimos a un evento, que rozaba el esperpento, doblemente mencionado y de absurda comprensión. Pues hete aquí que de pronto, sin venirnos a razón, 400 ingleses gritaban contra la amenaza de demolición de sus ilegales casas en pleno almeriense interior.
Delante iba gritando, el edil confirmador, de licencias no legales, al que le sudó su Pegou:
– Las legalicen, leches, que no quiero ir a prisión.
Y lo más sorprendente, dicen, no fue lo que gritó, sino que los britanos no hicieran de su espalda uso mejor, que más de uno pensó "por ti me veo ahora aquí, gritando como un león".
Digo que fue sorpresa mayúscula que los enervados vecinos no prendieran al cretino al menos por un mechón y lo arrastrarán 10 leguas por toda la calle mayor, que parece ya rechifla este alcalde estafador, que nos engaña en la firma y ahora dice: "No fui yo"

A propósito del despropósito del alcalde que se manifestó con los británicos que pedían la no demolición de sus casa ilegales, cuyas licencias firmó el dicho regidor.

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