¿Se puede ser liberal y ecologista?

Si uno se mira con detenimiento las páginas web afines y difusoras del liberalismo, se da cuenta de que uno de los peores enemigos declarados de esta corriente de pensamiento es el ecologismo. Por tanto, parece que debe ser en cierta medida incompatible tener un pensamiento ecologista y ser liberal al mismo tiempo. La única explicación a esta simplificación que se me ocurre a priori es que los liberales consideran que las proclamas ecologistas terminan, tarde o temprano, derivando en intervencionismo mercantil por parte del Estado, el verdadero enemigo de esta utópica corriente de pensamiento.
Sin embargo, y tal y como yo lo veo, el movimiento ecologista es mucho más necesario en una sociedad de corte liberal que en una de corte más intervencionista. Y esto es así porque la primera de las sociedades, para tomar sus decisiones individuales, necesita disponer de mucha más información que la segunda, en la que se reducen las posibilidades de decisión. En la medida que los ciudadanos estén mejor informados de las consecuencias que los procesos de producción producen en su ambiente, más conscientes serán de los costes implícitos que asumen al consumir determinados bienes.
Como señalaba ayer, si consideramos el cambio climático (más bien su progresiva aceleración) como un efecto derivado de nuestra actividad económica y vital, no tendremos más remedio que reconocer que a lo largo de los últimos años no hemos estado asignando de manera eficiente la mayor parte de los precios de los bienes en ningún mercado, ya que hemos despreciado un coste externo marginal creciente y, por tanto, cada día más relevante. Y, lo que es peor, sin el altavoz que supone el ecologismo militante ni siquiera estaríamos ahora planteándonos estos temas.
Es evidente que en ocasiones, el ultraecologismo se vuelve tan inviable como el ultraliberalismo, pero no es menos cierto que es necesario contraponer un rival a la información que emana de las empresas, las cuales miran por el bienestar inmediato de sus accionistas antes que por ninguna otra cosa.
Les pongo un ejemplo. Ayer me comentaban unos antiguos alumnos de Ambientales, convertidos en consultores, que habían estado en Bolivia inspeccionando unas instalaciones mineras (oro). Se quedaron alucinados por la información que les proporcionó la empresa, absolutamente indignante para cualquiera con un mínimo de información y de formación. La empresa, de origen canadiense, en su país de origen no se atrevería a realizar explotaciones como la sudamericana, por una razón primordial: el grado de conocimiento de los procesos contaminantes de la minería de los metales por parte de los canadienses, grado de conocimiento alcanzado gracias a las denuncias iniciales de los movimientos ecologistas, que posteriormente fueron apoyadas por estudios científicos. Esta información también provoca una legislación mucho más exigente que la boliviana y una vigilancia extrema sobre las actividades de las mineras.
Así que, si los liberales fueran congruentes, más que el enemigo, el ecologismo debiera ser una especie de pepito grillo necesario al que contraponer las informaciones interesadas de las empresas. ¿O no?

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