Un lugar en la historia

A veces, uno logra merecerse un espacio en la Historia (con mayúsculas) de la humanidad no por sus aciertos, sino por sus errores o defectos. Es en este último capítulo en el que los libros de historia le dedicarán un hueco a uno de los presidentes estadounidenses más nefastos (para su país y para el resto del mundo) de los últimos 50 años.
Sin el encanto de Clinton, sin un discurso político coherente, más cercano al populismo en ocasiones que su odiado Chávez, con una visión del mundo dividido en buenos y malos (malos son los demás) y con la finura de un erizo cabreado.
Posiblemente se le recordará como el presidente que llegó al gobierno por el más estrecho margen de la historia (y con la sombra de las trampas en el estado del que su hermano era gobernador). Se le recordará como el presidente que transformó el superávit fiscal heredado de la era Clinton en un gigantesco déficit público. Se le recordará como el hombre que destrozó el sentimiento unánime de comprensión y cariño del 11-S para convertirlo en un sentimiento antiimperialista por su empecinamiento en la conquista de Iraq. Se le recordará también como el presidente que ganó la guerra de Iraq, pero que no fue capaz de ganar la postguerra. Será recordado como un presidente sin visión de futuro que prefirió no plantar su firma en el protocolo de Kioto, convirtiendo a su país en uno de los mayores "tramposos" medioambientales del planeta, haciendo dumping ambiental al conjunto de firmantes.
En política exterior será recordado por su apuesta por un unilateralismo impracticable en el panorama actual, en el que emerge con fuerza Asia (más concretamente China, con poder económico y militar) y se intensifica el poder de bloqueo de los países exportadores de petróleo y gas natural. Finalmente, se le recordará (o debería recordársele) por su papel activo en la marcha atrás del laicismo en la política estadounidense.
Para su desgracia, son tantos sus fracasos que seguro que desearía pasar a la historia sólo por ser el hombre que casi se atraganta con una galletita. Esperemos que sus conciudadanos elijan mejor la próxima vez, aunque hay que reconocer que una de las ventajas de Bush es que difícilmente el que venga detrás lo hará peor.

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