La universidad del siglo XXI

Este post aparecerá como artículo en la revista UAL XXI en breves fechas.

¿Qué quiero yo para la Universidad del siglo XXI? Tengo al menos dos respuestas para esta pregunta. La más corta se limita al ámbito de la intuición: la deseo simplemente mejor. La más elaborada, trasciende ese ámbito y se debate entre diversos postulados que intentaré resumir en las próximas líneas.
Resulta evidente que la Universidad moderna tiene claramente dos misiones complementarias: la investigación y la formación de calidad. Calidad, fácil de decir, pero muy complicado de llevar a cabo. Tan difícil que se suele confundir con un mecanismo burocrático complejo de conformidades y disconformidades, que se empeña en el seguimiento documental pero deja de lado cuestiones más mundanas como la satisfacción de usuarios y trabajadores. La actual Universidad (al menos la pública) tiende a fijarse en la investigación, habiendo generado incentivos adecuados para su fomento, con el efecto secundario de haber convertido la docencia en un estorbo para la carrera académica. Esta situación debe ser revertida a riesgo de que las universidades privadas, que ponen el énfasis en esta función, sigan rascando cuota de mercado.
Otra cuestión importante es la forma en la que se realizan los planes de estudios, que terminan respondiendo a la demanda de créditos lectivos de los distintos departamentos, sin apenas prestar atención a las demandas de la sociedad, lugar en el que los egresados tendrán que poner en práctica los conocimientos adquiridos. No se trata tampoco de obedecer a ciegas lo que dicta la sociedad, puesto que las miras de la Universidad deben estar situadas en el largo plazo, siendo más importante “amueblar” adecuadamente las cabezas, antes que conocer el funcionamiento concreto y específico de una determinada herramienta que no sabemos cuándo quedará obsoleta.
Por otro lado, la Universidad del siglo XXI debe estar comprometida con los retos de la sociedad, retos globales sobre los que hay que reflexionar y aportar planteamientos críticos y soluciones, siendo el ámbito universitario el lugar natural para el desarrollo de esta actividad. La crisis ecológica global que avanza, el cambio climático, las necesidades crecientes de energía o los retos de la inmigración son asuntos que trascienden las fronteras nacionales y generacionales y que requieren de la participación de conocimiento e imaginación en términos paritarios.
Finalmente, sueño con una institución en la que los recursos no se escatimen. O simplemente no se repartan como caramelos: un poco para cada uno, para que todos estén contentos. Los fondos públicos deben ser invertidos con mayor cuidado si cabe que los privados, ya que en este último caso ya se cuidan los interesados directamente del rendimiento de su inversión.
En suma, la Universidad de este siglo que avanza debería ser más consciente de su doble naturaleza, debería incardinarse más con la sociedad, comprometiéndose con los retos más importantes que ésta soporta y sin miserias presupuestarias para aquellas cuestiones que se planteen prioritarias.

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