Pobreza y espacio ecológico

Ayer, en la primera jornada de primavera de economía asistí a dos conferencias realmente buenas. La primera, de Gonzalo Fanjul, fue un repaso de las circunstancias y la evolución de la pobreza en el mundo en los últimos 50 años, incluyendo una panorámica de la transformación del pensamiento económico a lo largo de todo este tiempo. Se habló de hambre, de ayuda, de subvenciones agrarias en los países ricos, de inexistencia de tejido institucional, del Consenso de Washintong y, como no, de cambio climático.
Fanjul en su charla confunde (me da la impresión) cambio climático con deterioro
medioambiental, ya que habla de un círculo vicioso entre pobreza y cambio, siendo realmente ese círculo entre deterioro y pobreza, como ya comenté en un post anterior. Siendo éste un error de bulto, se le puede disculpar desde el momento en el que nos damos cuenta de que en una década la pobreza ha dejado de ser considerado el principal problema de la humanidad, para poner el foco en el Cambio Climático. No es extraño que intente vincular ambos problemas, aunque también es cierto que hay relación entre ambos factores (por la vía del deterioro medioambiental y del trasiego de emisiones y contaminación facilitado por la globalización).
Por otro lado, sostiene el conferenciante que, aunque hay grandes dificultades, "somos la primera generación de la humanidad que podría terminar con el hambre en el mundo". Pero, en este punto yo soy un poco más pesimista, precisamente por el cambio de foco y por mi convencimiento de que los cambios que suponen un sacrificio son más difíciles de tomar. Le pregunté por la necesaria reducción del espacio ecológico de los países ricos para permitir el desarrollo de los ricos (véase la entrada sobre huella ecológica). Como no podía ser de otra manera, Fanjul habla de responsabilidad histórica de los países desarrollados y de la justicia (que pague el que lo ha provocado). En eso estamos de acuerdo, pero ¿estamos realmente preparados para pagar el precio? ¿Sabemos cual es el precio?
Mi respuesta es actualmente no a ambas cuestiones. No hemos asumido que el mundo físico tiene límites y que esos límites, tarde o temprano, terminan reflejándose en el mundo económico o financiero.

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