Regreso al futuro


Vuelvo a empuñar la pluma (la de escribir, no la de la boa) para dejar constancia en un especial de La Voz de Almería de cómo creo que será el futuro de Almería, el futuro económico, se entiende. Al tiempo, aprovecho la ocasión para ver si logro que dejen de llamarme más. Es una perra esto de no saber decir que no...


– Hola, me llamo Juan Mompeón y voy a ser su guía en la Almería de 2050.
– Vaya, gracias. Pero se suponía que nadie podía saber que estoy aquí. Entiéndalo, yo debo estar más muerto que vivo en esta época y si se supiera que he logrado viajar al futuro, podría producirse una paradoja espacio-temporal de repercusiones impredecibles.
– No se preocupe, no lo sabe nadie más. Lo que sucede es que mi abuelo colaboró con usted en la organización de este viaje en 2007 y, desde que nací, me han estado preparando para este momento.
– Bueno, pues muchas gracias de nuevo y, usted dirá…
– Verá, las cosas han cambiado bastante desde comienzos de siglo. Digamos que las reglas del juego han cambiado, pero es que también lo ha hecho el tablero. Por ejemplo, no sé si lo habrá notado, pero para ser noviembre hace bastante calor. Lo mismo pasa en el centro y norte de Europa, lo que ha provocado que ahora nuestras producciones agrícolas se vean limitadas por los mayores tiempos de cosecha en los mercados europeos y por las temperaturas extremas de nuestro verano. Por otro lado, cada vez más competidores han venido a sumarse a la lucha por los mercados de alimentos en fresco y, para colmo de males, ahora el agua desalada nos cuesta más, por el consumo eléctrico y la sequía perenne con la que vivimos.
– Entonces, ya casi nadie se dedicará aquí a la agricultura…
– No exactamente, yo mismo soy agricultor. Tengo unas 200 hectáreas en producción.
– ¿Doscientas? ¿En cuantos municipios?
– Realmente, en 4 países. Tengo repartida la producción entre Francia, Turquía, Almería y el Norte de México.
– ¿Y cómo hace para gestionar todo eso?
– Es sencillo, desde casa tengo información y control sobre los cultivos en tiempo real, de forma que puedo iniciar tratamientos o programar riegos en cualquier momento, en cualquiera de mis explotaciones. Además, me las apaño para ir al menos una vez al mes a cada uno de los sitios. Tengo un bono de avión anual, con vuelos prefijados, que me sale bastante bien de precio.
– Pero, ¿y si le surge algún imprevisto?
– No hay problema, siempre que avise con 24 horas de antelación puedo modificar hasta 5 fechas de vuelo.
– Entonces, ¿seguimos viviendo de la agricultura?
– Más o menos. Verá, yo obtengo ingresos por la venta de productos en fresco, por el cultivo de algas para las farmacéuticas en mis invernaderos situados más al Sur, por la fijación de CO2 y por mi participación como accionista en una empresa de productos bioalimenticios.
– Ya veo. ¿Y como se ha llegado a esto?
– Pues verá, ha sido cosa de la globalización, de la extensión de Internet a todos los ámbitos y lugares del planeta y por los acuerdos bilaterales entre bloques comerciales. Bien es cierto que hay muchos problemas entre las empresas multinacionales y los gobiernos, y que en muchos lugares del mundo son habituales los conflictos sociales, y ni le cuento la de movimientos terroristas que han visto la luz en todos estos años. Pero, al final, poco a poco, los mercados libres han ido ganando terreno.
– Me está dando miedo…
– No le falta razón, lo pasamos muy mal en la segunda década del siglo. El turismo se vino abajo a medida que el clima se endurecía en el Sur y se dulcificaba en el Norte. Gastamos millones de euros en evitar la subida del nivel del mar y cada año tirábamos kilómetros de redes para alejar de las playa a las medusas. Menos mal que cambiamos de tercio. Hoy mantenemos aún una cierta presencia en el maduro segmento de sol y playa, pero hemos logrado obtener posiciones ventajosas en el turismo de cruceros (aprovechando el AVE con Granada), también hemos hacho crecer segmentos de nuevo cuño, como el turismo tecnológico (tenemos los cultivos más espectaculares del mundo, los nuevos Jardines de Babilonia, les llamamos), o el turismo virtual.
– ¿Y el mármol? ¿Sigue existiendo?
– Bueno, ya le dije que el terreno de juego ha cambiado. Algunas de las empresas de Almería hoy son verdaderas multinacionales, tienen canteras y fábricas por todo el mundo. Otras se han convertido en especialistas. No le digo más, tenemos una empresa dedicada a investigar las aplicaciones quirúrgicas del micronizado. Otra se ha especializado en arte sacro, ha creado relieves de piedra para multitud de iglesias, sinagogas, mezquitas, templos budistas así como para la secta de los tecnoiluminados. El proceso también fue costoso, dese usted cuenta de que la mayor parte de nuestra población no tenía la formación adecuada. De hecho, hemos tardado un par de generaciones en adaptarnos. Aunque parte del mérito hay que dárselo a la rectora Luisa Fernández, ella fue la primera en percatarse de por dónde iban las cosas y adaptó la Universidad para hacer frente a los cambios. De hecho, hoy la Universidad de Almería es una de nuestras principales empresas.
– ¿Y después de tantos años, y con todos los cambios que me ha mencionado, seguimos dependiendo de los mismos sectores?
– Para empezar, en realidad, no son los mismos sectores. La tecnología y la biología se han mezclado con ellos y han dado lugar a sectores nuevos, aunque les seguimos llamando como antes por comodidad. Pero no sólo eso, ahora somos una potencia en bioalimentación o en consultoría tecnológica-agraria o en robotización y climatización. Tenemos a los mejores especialistas en energía solar y eólica, nuestras empresas de logística compite con UPS de tú a tú y hasta hay una pequeña empresita que ha revolucionado el mundo de la piscicultura.
– Impresionante. ¿Y desde el punto de vista social?
– Bueno, eso no termina de estar resuelto. La crisis de la segunda década del XXI puso a prueba la paz social. Hubo grandes problemas relacionados con la integración de los inmigrantes y fuertes enfrentamientos entre los trabajadores que se quedaban en la cuneta de los cambios y los nuevos especializados que se embolsaban elevados salarios. Hubo que hacer un enorme esfuerzo en la recualificación de personas, así como mucha pedagogía social. Afortunadamente los políticos no echaron más leña al fuego y, poco a poco, hemos logrado una cierta tranquilidad que siempre está a punto de romperse, ya que los cambios hoy ya no es que sean rápidos, son súbitos.
– O sea, que no estamos mejor.
– Ni peor. Depende desde la perspectiva que lo miremos. Por ejemplo, la apertura del canal ártico dejó al Canal de Suez y a los puertos del Mediterráneo español al borde de la quiebra. La solución vino del desarrollo de la orilla sur. Desde que Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Egipto se convirtieron en socios preferenciales de la UE, el comercio con ellos no ha dejado de crecer y eso ha generado una recuperación del tráfico de mercancías en el viejo Mare Nostrum.
– Una cosa más, ¿y la energía?
– Sabía que me preguntaría eso. He leído su antiguo Blog –mejor bitácora, ¿no?)– en el repositorio histórico de la web mundial. Le daré tres pistas: mayores rendimientos y ahorro, nuevas fórmulas de obtención y una menor presión humana. Ahora somos 5.500 millones y bajando. La gente en las ciudades tiene menos hijos, aquí y en Tombuctú.
– Pues muchas gracias por la información, creo que me voy más tranquilo.
– Por cierto, antes de se vaya, debo decirle que la última miss universo es almeriense, con ascendencia subsahariana y también algo de nórdica. Lo digo porque creo que esta es la única de sus predicciones que se ha hecho realidad.
– Bueno, esto último podría habérselo ahorrado, Mompeón, que la vanidad es una de las principales motivaciones humanas y usted me la acaba de tirar por el WC. Muchas gracias de todas formas.

Fdo. David Uclés Aguilera
Economista y viajero espacio-temporal

Comentarios

  1. Más que dejar de llamarte te van a ofrecer una página fija los domingos. Muy bueno lo del AVE a Granada...

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