Lecciones sobre las relaciones puerto-ciudad

Esta mañana he asistido a una interesante jornada sobre los proyectos puerto-ciudad, y nada más salir me han telefoneado pidiéndome un articulillo de 10 líneas para un periódico local sobre ciertas declaraciones de una cierta consejera. La cosa es que les he comentado de pasada que había estado tomando unas notas que han terminado siendo este artículo:

Cuando escribo estas líneas acabo de asistir a una interesante jornada organizada por la Autoridad Portuaria de Almería y la Fundación Bahía Almeríport sobre la integración puerto ciudad. Ambas instituciones se han traído a Almería a cuatro personas de perfiles disímiles aunque con planteamientos ligeramente concordantes, todos ellos expertos en la problemática urbana y social que suponen las difíciles relaciones entre las ciudades y sus puertos.
En las exposiciones ha habido planteamientos filosóficos, desde la perspectiva del pragmatismo y desde la pura y dura gestión de los territorios. Nos han contado los casos de Barcelona, Málaga y Algeciras, y nos han hablado de proyectos paneuropeos, regionales y locales.
Se han tratado cuestiones muy relevantes desde el punto de vista del diálogo entre los puertos y sus ciudades, una dialéctica que ha pasado por diversas fases a lo largo de la historia, desde la coexistencia absolutamente integrada de los puertos iniciales; hasta el enfrentamiento creciente que se origina desde los años 80 entre la ciudad que quiere volver a mirar hacia el mar y unos puertos industriales que se cerraron y crecieron por necesidades del tráfico y la seguridad.
Pero una de las cuestiones en las que se ha hecho más hincapié ha sido la necesidad de al menos tres cuestiones: la planificación, la participación y el consenso. Un proyecto puerto ciudad es la materialización de un proceso de búsqueda de intersecciones entre los intereses todos los agentes. Un proceso que debe tener en cuenta el presente, pero que debe mirar al futuro. Un proceso que debe contar con la opinión de los ciudadanos, que deben ser escuchados y tenidos en cuenta. Y un proceso que debe nacer del consenso entre todos: el ayuntamiento, el puerto y los ciudadanos.
En este sentido, es importante no sólo que las autoridades portuarias sepan escuchar las peticiones de la ciudad. También es preciso que los ayuntamientos y los vecinos comprendan las necesidades de una instalación portuaria. Es cierto que las vallas son barreras, pero también lo es que están ahí porque las actividades portuarias modernas comportan un peligro para el tránsito. Y, sobre todo a partir de los atentados del 11S, la seguridad se ha convertido en una obsesión: cualquier infraestructura puede ser un objetivo terrorista y los puertos son vitales para el comercio mundial.
Otra cuestión importante es el origen de la financiación de las actuaciones, aspecto éste muy relacionado con los usos a los que se destinen los espacios liberados por los puertos, aunque se entiende que debe realizarse una combinación entre capital público y privado, ya que posiblemente no se obtengan rápidas amortizaciones de las inversiones.
Por otro lado, en el turno de debate, se introdujo el tema del ferrocarril, de una forma muy directa pues la pregunta era, ¿necesita el puerto al ferrocarril? La respuesta fue unánime por parte de todos los intervinientes: si, lo necesita. Pero es que no sólo lo necesita el puerto, sino cualquier ciudad que piense en clave de futuro tiene que incorporar a su estructura este modo de transporte, incluso a nivel de relaciones en el seno de la propia ciudad.
En resumen, una jornada muy interesante que a buen seguro ha servido para enriquecer con argumentos el largo debate de Almería con su milenario Portus Magnus.

Comentarios

  1. Anónimo9:25 a. m.

    Estupendo resumen. Me facilita el trabajo. Zelig

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  2. Anónimo10:00 p. m.

    Contado tal y como lo haces suena muy bien eso del acuerdo tripartito, pero al menos en Algeciras parece más bien el reino de taifas de una empresa: Maersk. Algeciras ha perdido su mar y a cambio tuvo en el pasado unos portuarios con unos sueldos desorbitados. Ahora solo tiene la espada de Damocles de que Maersk decida irse a Tánger y dejar la ciudad en la miseria.
    Saludos

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