Comportamientos extraños

Somos humanos, somos animales. Somos seres que nos resistimos a rebajarnos a la categoría de seres normales. Por eso en casi todas las religiones Dios crea al hombre a su imagen. Por eso entiendo que en el fondo, nos inventamos dioses de lo más humano.
Todo esto viene a cuenta de un artículo que el pasado sábado leí en Nature (creo que se necesita acceso de suscripción) en el que mediante técnicas de laboratorio social, indagan en los costes y los beneficios del comportamiento cooperativo y de la capacidad de inflingir un castigo, cuando se opta por la no colaboración.
Los investigadores han llegado a la conclusión de que en ocasiones (sobre todo si el castigo supone costes para el que lo infringe) el que termina ganando el juego es aquel que opta por no castigar. Esto, que a priori suena extraño a los miembros de una sociedad en la que damos por hecho que el castigo es cuestión colectiva y se delega en el Estado, puede parecernos raro, pero el mejor ejemplo era indio y se llamaba Gandhi.

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