Sin innovación no hay empresa

Me han pedido un artículo para un anuario de La Voz de Almería. Inicialmente había pensado en un artículo más tradicional, describiendo el sistema de innovación almeriense, en el que se comienza a destacar el campus universitario como un caldo de cultivo de futuras relaciones gracias a la apuesta por la creación de un parque científico en su entorno, que se ha visto fortalecido por la incorporación del Parque de Innovación y Tecnología de Almería (PITA). Pero después de darle un par de vueltas, he pergeñado este borrador del que espero alguna sugerencia a través de los comentarios. Gracias...

Hace unas semanas tuvimos la suerte de compartir mesa y mantel con Francisco Javier Cáceres, director de innovación de IKUSI, gracias a la Escuela para la Organización Empresarial. Entre las muchas cosas que dijo este vasco de gestos escuetos hubo un par que me llamaron especialmente la atención. La primera es que innovación es todo cambio voluntario en la empresa que tiene una repercusión positiva en la cuenta de resultados. Simple, sencillo y directo. Innovación no significa invención absoluta, significa novedad en la organización que la realiza y, más aún, que tenga un reflejo en la cuenta de explotación. Tampoco se pueden aceptar como sinónimos innovación y tecnología ya que ésta, en un mundo de economía globalizada se ha convertido en una commodity más. Antes al contrario, la innovación puede provenir de algo tan poco tecnológico como un cambio en el esquema de financiación de la empresa, o en un nuevo sistema gestión de los recursos humanos.
Otra de las afirmaciones que me hicieron dar un respingo en la silla fue la de que “sin innovación no hay internacionalización”. Se refería a la necesidad de adoptar novedades en una empresa que inicia un proceso de internacionalización, que suele tener repercusiones en casi todos los órdenes de la gestión: adopción de sistemas de valoración nuevos en los intercambios corporativos, nuevos métodos de control, adaptaciones del producto o servicio a los nuevos mercados, incorporación de nuevas capacidades en los recursos humanos de la empresa y un largo etcétera.
Esta última afirmación me estuvo rondando la cabeza un buen rato. “Sin innovación no hay internacionalización…” Es hasta cierto punto una obviedad, aunque normalmente no pensamos en ello. Aunque, si aceptamos que la mayor parte de los mercados mundiales están de una forma u otra globalizados, entonces también debe de ser cierta la sentencia “sin innovación no hay empresa”. O, dicho de la forma que lo hemos venido oyendo desde siempre: la empresa que no se adapta a un medio cada día más cambiante, no sobrevive en el mercado. Hoy la competencia, o está a un golpe de click o simplemente está al lado. Los procesos de destrucción creativa de los que hablaba Schumpeter se han generalizado y acelerado. Hablando en términos evolutivos, lo que estamos planteando es que la teoría del equilibrio puntuado ya no es relevante en el mundo empresarial. No basta con realizar grandes cambios cada muchos años. Los cambios en el mercados son tan veloces y el número de competidores tan grande que en cuestión de semanas una empresa de éxito puede ver enormemente mermadas sus posibilidades, simplemente porque se haya producido un cambio tecnológico que no supo ver o porque hay alguien que hace lo que nosotros mejor y/o más barato. Frente al equilibrio puntuado triunfa la teoría del cambio constante e incremental: pequeñas adaptaciones, a veces apenas perceptibles, que se van acumulando, dando como resultado al cabo del tiempo una nueva especie. En nuestro esquema empresarial lo que queremos decir es que las presiones competitivas constantes obligan a las empresas a estar todo el tiempo adaptándose a las condiciones del entorno, reaccionando ante las estrategias de la competencia, identificando y explotando nuevas oportunidades de mercado.
Desde este punto de vista, podemos sondear lo sucedido en la economía de la provincia a lo largo de 2007, en busca de esas pequeñas adaptaciones, de esos cambios voluntarios. Los ha habido espectaculares. Por ejemplo, el traslado masivo de explotaciones agrícolas que se han pasado al sistema de producción integrada, lo que requiere no sólo cambios en la forma de producir, lo que resulta evidente, sino que también implica un cambio en el sistema de valores de los agricultores y, en definitiva, una modificación de sus capacidades, que deben adaptarse a las nuevas condiciones.
El cambio en las capacidades, es importante, pero no es lo más relevante. Por encima de ello están las actitudes de las personas. Los conocimientos pata llevar a cabo este tipo de producción llevan mucho tiempo fuera de los centros de investigación. Sin embargo, faltaba una buena dosis de actitud por parte de los agricultores para provocar el cambio. Las crecientes dificultades de mercado han sido la espoleta que ha dado pié a esta importante transformación: la necesidad agudiza el ingenio. El siguiente paso debería ser una actitud de cambio constante, de innovación continua que nos permita no sólo adaptarnos al mercado como meros seguidores, sino marcar las tendencias del mismo.
Otra de las grandes innovaciones, vinculada a ésta, es el nacimiento de una oferta completa de servicios y productos para los agricultores para llevar a cabo este tipo de producciones. Pero, las que a la larga resultarán verdaderamente importantes para la economía provincial se están llevando a cabo en muchas empresas, en muchos procesos productivos, en muchos productos. Son las empresas, los productos o los procesos de los que viviremos en los próximos años, son los que sobrevivirán o los que heredarán el futuro inmediato. Y para saber su estamos innovando bien o mal sólo será necesario mirar la evolución de los resultados de nuestras empresas y de sus cuotas de mercado.

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