La era del acceso, de Jeremy Rifkin


Como siempre, Rifkin resulta provocador y muy sugerente. Escrito al final de los años 90, justo antes de que estallara la burbuja de las punto com, este libro, que me ha llevado todo el verano terminar, presenta algunas cuestiones de importancia capital como, por ejemplo, el devenir futuro del capitalismo, que Rifkin prevé más centrado en la explotación de los intangibles y de las economías de red que en los activos reales.
Si bien la burbuja inmobiliaria de esta década ha dejado un tanto desvaído el contenido del libro, no es menos cierto que algunos de los planteamientos son tremendamente provocadores. En particular hay dos cuestiones que me parecen reseñables: la primera es la del concepto de Valor de la Esperanza de Vida que es, desde mi punto de vista, el sumun en lo que ha mercantilización de la vida supone que a alguien se le pueda siquiera haber ocurrido. El concepto es en parte hijo de la mecanicismo y de su manía de dividir todo en pequeños tramos independientes y comercializables, un afán que lo mismo sirve para justificar la externalización de los servicios en una empresa que para tasar el valor económico que alguien producira a lo largo de su vida.
Y la segunda es la de la cultura como verdadera materia prima de la nueva economía, a lo que dedica la última parte del libro y que para mi ha sido una de las que más me ha gustado (por lo que me ha disgustado al imaginarme las derivaciones de este planteamiento). La trivialización y homogeneización de la cultura, la pérdida de los significados profundos y la irrupción del mercado global sobre ésta son aspectos que ciertamente están ahora sobre el tapete y que, como auguraba Rifkin, comienzan a afectar al mundo.
Por supuesto, el núcleo central del libro se refiere al acceso, al que supone desplazará a la propiedad como forma más común de garantizarse el uso de un bien o de un servicio. No le falta razón en parte, aunque, como ya he mencionado, la reciente estupidez humana (y su desmedida avaricia) nos han llevado a una carrera suicida en el mercado de los bienes inmuebles y, de paso, ha servido de catalizador para que el sistema financiero "innove", que es una forma elegante de decir "se olvide de la conexión entre el instrumento financiero y el activo subyacente".
En fin, un 7 sobre 10, que podría haber sido un poco más si la lectura se hubiera hecho un poco más entretenida.

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