sábado, octubre 25, 2008

¿La generación perdida?

Los 15 años de crecimiento continuo, y la enorme capacidad que ha mostrado la economía española para crear puestos de trabajo poniendo ladrillos o vendiéndolos han podido provocar un mayor cataclismo que el que estamos viviendo en estos momentos. La gran capacidad de creación de empleos por cada unidad extra de valor generado (con un valor de la producción sometido a los impulsos de la burbuja inmobiliaria) deja ver ahora el envés de la moneda, con una gran destrucción de empleos en muy poco tiempo (el mismo que ha tardado en pararse la fábrica de muros en la que nos habíamos convertido). Dicho en términos económicos, el coste de oportunidad de continuar los estudios se había encarecido.
Como decía, en los últimos tiempos me asalta una duda: dado que encontrar trabajo era fácil, dado que la capacidad de pago se veía incrementada por las facilidades de crédito y los bajos tipos de interés, el número de jóvenes que han abandonado el sistema educativo ha debido ser muy elevado. En este sentido, dado que han sido casi 15 años, podemos estar hablando de toda una generación de trabajadores poco o muy poco cualificados con un nivel elevado de endeudamiento. Las salidas para esta gente son complicadas. En la medida que se hayan incorporado a la cadena del consumo a través de endeudamiento, su situación será una epecie de trampa, en la que no pueden dejar el mercado de trabajo so pena de incumplir sus compromisos financieros y, por su escasa preparación, los trabajos a los que podrán aspirar no serán de los mejor remunerados.
Otra parte de esta gente podrá volver a las aulas, bien a las de la FP, bien a las de la Universidad, en busca de una preparación más sólida que les proporcione una segunda oportunidad en el mercado de trabajo. Si España quiere seguir siendo una de las más sólidas economías del mundo, no tiene más remedio que especializarse en sectores de elevado valor añadido, que suelen requerir de profesionales preparados (un reciente informe supone que necesitamos 100.000 trabajadores especializados al año).
Por otro lado, hemos dado cabida a 4 millones de personas en este país en los últimos años. Supongo que una parte de ellos podrá regresar a sus lugares de origen, sobre todo los que provienen de los países del Este, donde comienzan a surgir oportunidades. Pero seguramente, los que vienen del resto del mundo seguirán prefiriendo una España precaria a lo que les espera en casa.
Resumiendo, es posible que una parte importante de nuestra juventud se haya dejado cegar por el brillo de los euros fáciles y no esté en condiciones de afrontar el futuro inmediato que exige una elevada preparación y una formación a la que no pudieron o quisieron obtener. Espero que no sea tarde y que de verdad no hayamos perdido a toda una generación.

viernes, octubre 24, 2008

La crisis explicada para niños, y en español

Leopoldo Abadía, de cuya bitácora ya he comentado en alguna ocasión, asistió la otra noche al Programa de Buenafuente. La entrevista resultó de lo más divertida y la mar de esclarecedora para el público general. Si quieres echarte unas risas al tiempo que te pones al día de la peor crisis financiera desde 1929, esta es una de las mejores formas:

miércoles, octubre 22, 2008

Almería a la cola

Los almerienses no estamos acostumbrados a vernos en el último lugar. Los muchos años de crecimiento continuado por encima de las medias nos han ido haciendo ganar puestos en todas las clasificaciones nacionales. Incluso, nos hemos llegado a situar a la cabeza de Andalucía en términos de renta y de empleo, cuando a mediados del siglo pasado éramos la última de España.

Sin embargo, los dos últimos informes de Analistas Económicos de Andalucía nos sitúan detrás de todas las demás provincias andaluzas en términos de crecimiento, y la primera en términos de paro registrado. Y, posiblemente, los analistas malagueños no anden desencaminados.

La primera cuestión que debemos plantearnos es que es muy difícil que una economía pueda estar constantemente ofreciendo tasas de crecimiento de manera sostenida por encima de las de su entorno. Las razones son variadas, pero caben destacarse dos: todos los sectores, tarde o temprano, llegan a su fase de madurez, lo que repercute en las economías que los sustentan y, cada día más importante, la creciente interconexión de las economías provoca que los choques y crisis se transmitan a lo largo de todos los países y los sectores, lo que termina por homogeneizarnos.

Aparte de estas cuestiones generales, además debemos considerar algunas otras propiamente almerienses. En los últimos años, la construcción había llegado a representar el 16% del PIB y hasta el 20% del empleo ocupado. Esto quiere decir que nuestra apuesta por el sector ha sido muy intensa. Tal vez demasiado intensa, ya que cuando ha explosionado la burbuja inmobliaria que sustentaba su crecimiento, en Almería los efectos se han producido también de manera muy intensa. Por otro lado, el descalabro de la construcción (y esto tal vez sea una buena noticia) ha sido muy rápido en la provincia, mucho más que en Málaga o Murcia, por ejemplo, lo que supone que aquí el impacto negativo se ha producido antes y de forma más agresiva, pero también significa que las empresas de la provincia han reaccionado rápidamente, demostrando su capacidad de leer el mercado y de adaptarse a los cambios. Esta cualidad, esperemos, puede servir para localizar sectores emergentes o nuevos nichos de mercado en sectores maduros.

Otro de los fatores diferenciales es que durante los últimos ejercicios y oculto por la exhuberancia de la construcción, el turismo de Almería se enfrentaba a una pequeña travesía del desierto, pesonificada en nuestra caída desde el segundo puesto al cuarto en cuanto al tráfico de pasajeros en nuestro aeropuerto. Y es que nuevamente nuestra posición periférica y la escasez de comunicaciones nos ha hecho perder atractivo como destino turístico para unos touroperadores que debían hacer frente a la revolución de las Low Cost. Almería fue una de las víctimas de las primeras escaramuzas de esta guerra. Nuestra oferta hotelera y de de ocio ha debido, por tanto, repensarse y hasta reinventarse en el último lustro, por lo que no ha podido llegar a tiempo el sector para tomar el relevo de la construcción.

Sin embargo, en los últimos indicadores publicados comienzan a vislumbrarse tiempos mejores. Las exportaciones avanzan con fuerza impulsadas por el sector de casi siempre (la agricultura) y las variables turísticas presentan síntomas de recuperación en la temporada alta. Esto significa que la situación ha sido menos negativa en el tercer trimestre (puede que incluso más positiva) y que, si la campaña agrícola arranca bien, incluso podríamos lograr crecimientos por encima del 1% a final de año.

viernes, octubre 17, 2008

Políticas sobrevenidas para contener una crisis

La actual política de garantía cuasi absoluta del entramado financiero por parte de los gobiernos no ha sido una acción largamente planificada. Muy al contrario, ha venido derivada del fracaso de las sucesivas políticas y del continuado deterioro de la confianza, hasta el punto de convertirse éste en un problema mayor que la propia falta de liquidez en el sistema. Lo que escribo a continuación es un resumen muy sucinto de las fases por las que creo que ha pasado la crisis, desde el punto de vista de las soluciones, o los intentos de soluciones. Si se quiere tener una visión enciclopédica y actualizada de la misma, recomiendo este enlace de la BBC.
La primera fase, que podemos calificar como la de inacción, se desarrollo durante los primeros golpes de la crisis. Entre enero y agosto de 2007 los síntomas previos de enfriamiento del mercado de la vivienda en Estados Unidos, se tradujeron en quiebras de empresas inmobiliarias y de algunas pequeñas financieras. Algunos analistas comenzaron a señalar la importancia de la crisis que estaba comenzando, pero los mensajes oficiales van encaminados a minimizar los problemas.
Ante el paulatino deterioro de las cotizaciones bursátiles, entre Agosto de 2007 y Julio de 2008, se recurrió a las medidas que tradicionalmente habían dado buenos resultados, como durante la crisis de las punto com: inyecciones de liquidez y reducciones de tipos de interés. El problema se analizaba en términos de liquidez y se actuaba en consecuencia. Sin embargo, las inyecciones que van involucrando cada vez a más bancos centrales y más recursos económicos, no sólo no mejoraron la situación, sino que posiblemente contribuyeron a reforzar la desconfianza. En este período las Bolsas viven varios episodios de pánico y los bancos de negocios anuncian pérdidas cuantiosas por la contaminación de las hipotecas subprime y los problemas comienzan a alcanzar a Europa.
Durante el verano de 2008 la crisis se agudiza y comienzan las intervenciones del sector público, al margen de nuevas inyecciones y reducciones de tipos de los bancos centrales. Se producen sonados rescates (en el que se buscan socios para bancos enfermos) y se producen las primeras nacionalizaciones, aunque no parece que exista un plan determinado.
Esto cambia en la última fase que se desarrolla desde septiembre, en la que los gobiernos deciden actuar de forma directa y aparecen los planes gubernamentales. En ellos se hace más hincapié en las medidas tendentes a reconstruir la confianza que a seguir inyectando liquidez por los mecanismos tradicionales. En este sentido, el modelo británico ha sido el más exitoso, englobando recapitalizaciones de entidades financieras, garantías públicas de las operaciones realizadas en el interbancario y garantía de los depósitos de cara al público en general. Al tiempo, los bancos centrales han ampliado el abanico de activos aceptados como garantía. En Estados Unidos, además se ha optado por la compra de los denominados “activos tóxicos”, muchos de los cuales no tienen siquiera valor en el mercado.

Si se lograra contener la marea con estas últimas medidas habría que pasar a una nueva fase, esta vez de reforma de los mecanismos de control y garantía del sistema, pero ya no desde una óptica nacional, sino desde el punto de vista de una realidad global.

martes, octubre 07, 2008

El mito del enfriamiento global

Miente... que algo queda. No por mucho repetir una sentencia ésta es más verdadera.
En los últimos tiempos se ha utilizado desde el bando de los excépticos del calentamiento global la especie de que en el pasado la mayor parte de los científicos apostaban por un enfriamiento global. Pues bien, si se analizan los artículos de la época sólo una pequeña minoría mantenía la tesis del enfriamiento. El resto, o sea, una amplísima mayoría, mantenía justo lo que está ocurriendo: calentamiento.

Puede leerse en Climate Feedback.

Cuestión de confianza

Me han pedido un articulillo de 2.000 caracteres y me ha salido esta burrada. Así que tengo que acortarlo, así que aquí está la versión completa. Espero que no resulte demasiado pesado y que se entienda.

Para llegar a entender qué es lo que está pasando en los mercados financieros internacionales, tal vez primero haya que tener claras cuales son las materias primas con las que estos trabajan. La primera es obvia: el dinero. Pero hay otra incluso más importante: la confianza. Y en la actualidad nos encontramos con que la confianza ha desaparecido completamente: nadie se fía de nadie, nadie le presta a nadie. Dejemos de momento la explicación aquí y pasemos a analizar la génesis de la crisis.
Todo comenzó con la coincidencia en el tiempo de varias burbujas en los mercados inmobiliarios. Estados Unidos, Gran Bretaña, España o Irlanda vieron como en poco tiempo sus mercados de vivienda ganaban más y más actividad. Los tipos de interés reducidos gracias a la política monetaria; el efecto de la entrada en vigor del euro en la Zona Euro y particularmente en España; la caída de la Bolsa por el estallido de la anterior burbuja de las punto com, que hizo más atractivo el mercado de la vivienda; la llegada al mercado (al menos en España) de la generación del baby boom, y la emergencia de la inmigración (también en España de forma diferencial) son los pilares sobre los que comenzó a crecer la burbuja. Si el tema se hubiera quedado ahí, el seguro estallido posterior produciría una pérdida de la actividad real en los sectores adyacentes, de empleos en la construcción, así como el aumento de la morosidad, particularmente en las zonas en las que el sector de la construcción residencial se hubiera desarrollado más. No es poco, pero los efectos hubieran sido mucho más localizados y llevaderos.
Sin embargo, la vorágine inmobiliaria se trasladó al sistema bancario a través de los créditos y, sobre todo, de unos tipos de interés muy bajos junto una enorme liquidez en los mercados monetarios. El dinero fluyó a través de los bancos hacia los ladrillos. Unos ladrillos que, a su vez, generaban más y más negocio bancario. Para obtener más liquidez, los bancos comenzaron a titulizar, es decir a revender los créditos concedidos a sus clientes en forma de títulos negociables. En algún momento del proceso, alguien pensó que el beneficio estaba en los mercados de derivados, dejando de ser importante la solvencia de los destinatarios últimos del préstamo objeto de titulización. Se crearon títulos en los que se mezclaban hipotecas de buena calidad con otras directamente ruinosas, las famosas hipotecas subprime. Las agencias calificadoras se convirtieron en juez y parte, ya que por un lado asesoraban a los bancos en el proceso de construcción de los títulos, y por el otro calificaban el riesgo de esos mismos títulos para los compradores. El negocio era redondo, se obtenían recursos a corto plazo que luego se invertían en créditos a largo (las hipotecas) que nuevamente se titulizaban para obtener nuevos recursos.
En cualquier caso, al estallar la burbuja del mercado inmobiliario, el sistema se quedó sin gasolina, y comenzaron los impagos en la base de la cadena. El problema es que no se conocían ni cuántas ni dónde estaban materializadas las subprime en los derivados. Nadie sabía qué partes de su balance estaban contaminadas. Así se quebró la confianza. Y la quiebra de confianza drenó el dinero del sistema, nadie estaba dispuesto a seguir prestando dinero ni, por supuesto, a comprar más títulos. Primero sucumbieron los bancos de inversión (que no aceptan depósitos) y los hipotecarios que habían concedido las subprime. A priori, parecía que el tsunami financiero debía pararse ahí. Sin embargo, la naturaleza del negocio bancario es prestar dinero (préstamos y créditos) a largo plazo financiado a corto (los depósitos), por lo que su fondo de maniobra es siempre negativo. Un negocio suicida si no fuera porque todo el mundo considera que los bancos centrales estarán ahí para facilitar dinero y, en el fondo, siempre habrá actividad económica real que pueda sostener el mecanismo. Pero, ¿qué pasa cuando el dinero que inyectan los bancos centrales va a sanear balances y no a movilizar el sistema? Todo se para, los compromisos de pago a corto se acumulan y los bancos comerciales comienzan a tener problemas de liquidez.
Esto nos lleva de nuevo al momento actual en el que los Gobiernos se ven obligados a actuar en la base del problema (la confianza) pues lo que, en última instancia, está en peligro ahora son los depósitos de los consumidores en los bancos afectados por la crisis. En este sentido, aumentar el límite de garantía de los depositantes en el sistema bancario va destinado a tranquilizar a esos depositantes que son la fuente inicial de recursos financieros de las entidades de depósito. La segunda medida tomada refuerza la confianza al inyectar liquidez para aportar crédito al sector privado: las familias y las empresas. La idea de fondo es lograr que el mecanismo se vuelva a poner en marcha. Sin embargo esto sucederá sí y sólo sí los agentes se creen de verdad la bondad de las medidas.
La ventaja añadida de España es que nuestro sistema bancario no se ha visto afectado por la marea de los activos contaminados gracias, en parte, a la labor del Banco de España que ha sabido poner coto a los comportamientos peligrosos que se han generado en el resto del mundo. Por lo tanto, no es previsible que tengamos que gastar recursos públicos en reflotar entidades en problemas y debería ser mucho más sencillo restablecer en España esa confianza que tanto se necesita.

lunes, octubre 06, 2008

El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza

Tras el empacho de acceso de las últimas semanas necesita desengrasar los músculos de la lectura. Y, como tenía el pedido del Círculo en la mesa del estudio, cogí el último título de Mendoza, quien me encantó con su "La ciudad de los prodigios". Para comenzar la novela es cortita y el resumen de la contraportada era suficientemente irreverente como para llamar mi atención. Apenas un día después ya me lo había merendado. Así que ya habrán deducido que se deja leer fácilmente.
De hecho, posiblemente su medida irreverencia y la amena lectura sean sus principales activos, ya que la historia en sí es bastante simple. Pomponio Flato ilustre miembro de la clase ecuestre, a la sazón filósofo y físico (lo que por aquel entonces era una redundancia), viaja por el mundo en pos de la fuente de la sabiduría a la manera en la que Borges hizo viajar a lu protagonista de la ciudad de los inmortales, sólo que con resultados bastante distintos. El inicio de la novela es desternillante, con un Pomponio literalmente disparado. Sin embargo, a medida que la historia avanza, el relato pierde la frescura inicial, aunque de vez en cuando tienes que reirte de los guiños bíblicos que encuentras a lo largo de todo el relato. Y es que Pomponio es contratado por un niño Jesús para que demuestre la inocencia de su padre, el carpintero José, acusado de un asesinato.
A lo largo de la novela desfilan María, Mateo, Juan el bautista, Zacarías, Judá Ben Hur y hasta la Magdalena (entonces una niña), con la que Jesús fantasea una futura boda.
Mi califiación sobre 10 es 7,0, aunque yo soy un creyente muy ateo y puedo estar influido por ello.

La era del acceso, de Jeremy Rifkin


Como siempre, Rifkin resulta provocador y muy sugerente. Escrito al final de los años 90, justo antes de que estallara la burbuja de las punto com, este libro, que me ha llevado todo el verano terminar, presenta algunas cuestiones de importancia capital como, por ejemplo, el devenir futuro del capitalismo, que Rifkin prevé más centrado en la explotación de los intangibles y de las economías de red que en los activos reales.
Si bien la burbuja inmobiliaria de esta década ha dejado un tanto desvaído el contenido del libro, no es menos cierto que algunos de los planteamientos son tremendamente provocadores. En particular hay dos cuestiones que me parecen reseñables: la primera es la del concepto de Valor de la Esperanza de Vida que es, desde mi punto de vista, el sumun en lo que ha mercantilización de la vida supone que a alguien se le pueda siquiera haber ocurrido. El concepto es en parte hijo de la mecanicismo y de su manía de dividir todo en pequeños tramos independientes y comercializables, un afán que lo mismo sirve para justificar la externalización de los servicios en una empresa que para tasar el valor económico que alguien producira a lo largo de su vida.
Y la segunda es la de la cultura como verdadera materia prima de la nueva economía, a lo que dedica la última parte del libro y que para mi ha sido una de las que más me ha gustado (por lo que me ha disgustado al imaginarme las derivaciones de este planteamiento). La trivialización y homogeneización de la cultura, la pérdida de los significados profundos y la irrupción del mercado global sobre ésta son aspectos que ciertamente están ahora sobre el tapete y que, como auguraba Rifkin, comienzan a afectar al mundo.
Por supuesto, el núcleo central del libro se refiere al acceso, al que supone desplazará a la propiedad como forma más común de garantizarse el uso de un bien o de un servicio. No le falta razón en parte, aunque, como ya he mencionado, la reciente estupidez humana (y su desmedida avaricia) nos han llevado a una carrera suicida en el mercado de los bienes inmuebles y, de paso, ha servido de catalizador para que el sistema financiero "innove", que es una forma elegante de decir "se olvide de la conexión entre el instrumento financiero y el activo subyacente".
En fin, un 7 sobre 10, que podría haber sido un poco más si la lectura se hubiera hecho un poco más entretenida.

sábado, octubre 04, 2008

Medio en broma, medio en serio

Tenía este vídeo entre mis favoritos de YouTube desde hace unas semanas, pero en los últimos tres días me han remitido recomendaciones sobre el mismo al menos tres personas, entre ellos uno de los comentaristas habituales de este blog. Así que no tengo ya más excusa para no ponerlo. Es una sátira, realizada hace un año, cunado nadie podía llegar a imaginar la cadena de salvamentos que habría que enfrentar entre septiembre y octubre de 2008: digno de ver hasta el final: