martes, diciembre 30, 2008

Cambio climático de largo recorrido

Me parece obvio suponer que toda especie genera un efecto en su medio. A veces, el medio no es capaz de responder a esos cambios y perece, o deja de ser el soporte vital ideal para la especie. Pero en otras ocasiones, especie y elementos adyacentes se mueven en un frágil equilibrio.
Si tenemos en cuenta que el ser humano no es sino una especie más, que se ha adaptado a casi todos los climas y ámbitos del planeta, es fácil deducir que nuestra huella ha de ser, por fuerza, grande en el estado del planeta.
En cierta forma, en la medida que la teoría del cambio climático antropogénico ha sido aceptada, hemos asumido que nuestro proceso de industrialización ha sido uno de los principales agentes impulsores del calentamiento global.
Sin embargo, un grupo de investigadores ha lanzado una idea muy sugerente y, en cierto modo, revolucionaria: el ser humano ha estado contribuyendo al cambio climático al menos desde la expansión de la agricultura en el Neolítico. La cantidad de gases de efecto invernaderos emitia por los movimientos de tierra y la deforestación hace palidecer la que llevamos emitida en la pérfida era industrial.
La verdad es que me gusta la idea y la usaré para argumentar en favor de mi idea de que la verdadera frontera de posibilidades de producción es el propio planeta (y éste es finito).

La solución Trantor al cambio climático

Desde hace mucho tiempo se conoce el Efecto Albedo, del cual se ha responsabilizado, por ejemplo, a que Almería (26.000 has. de invernaderos) haya visto reducir sus temperaturas en los últimos años.
Pues bien, este efecto puede ser utilizado para luchar contra el calentamiento global. Una panda de iluminados ha tenido la brillante idea de cubrir con placas reflectantes grandes superficies de terreno o de mar para así aumentar la cantidad de radiación reflejada por la Tierra. Hay al menos dos grandes errores en esta solución Trantor, uno es que no ataca a las causas sino a los síntomas, y el otro es que cuando hablamos de desierto se nos suele olvidar que normalmente no lo es, y que pueden llegar a albergar una importante cantidad de biodiversidad.
Otro craso error es que se les ha olvidado promover la instalación en órbita de una estación de energía eléctrica que aprovechase la radiación redirigida. :-D

Teoría del pecado original (del homo sapiens)

No, no se trata de ninguna teoría bíblica, por más que pueda parecerlo. De hecho pensé denominarla "teoría de la pistola humeante", pero la versión elegida me parece mucho más morbosa.
Uno de los temas que más espacio se ha llevado en los últimos tiempos en el campo de la arqueología es la forma en que los neanderthales se extinguieron. Ya he manifestado en alguna ocasión (estoy muy vago como para autoreferenciarme) que mi sospechas se ecaminan a la mano del homo sapiens, de la misma forma que ésta se adivina en algunas otras extinciones de grandes mamíferos coincidentes con la llegada de los sapiens a sus entornos. No obstante, en los últimos tiempos se había especulado con los cambios climáticos que se produjeron al final de la última glaciación.
Pues bién, ha aparecido un nuevo estudio (lo podeis leer en ScienceCentric) que pone en entredicho esa hipótesis, aportando evidencia de la teoría del pecado original (esto es, que fuímos los sapiens los responsables fundamentales de la desaparición de nuestros primos europeos).

Es usted la persona ideal para este puesto, hijo mío

Algo así es la traducción al español del titular de Nature que me ha llamado la atención. Se trata de una carta de un posdoc italiano sobre la situación de la ciencia en su país, en el que muchas plazas se cubren por hij@s de los profesores.
Supongo que si hiciéramos un estudio en la Universidad española sobre los profesores de la misma y qué porcentaje de ellos es familia directa de otros profesores, la sorpresa sería mayúscula. Y más en algunas pequeñas universidades de nuevo cuño en las que se han creado muchas plazas nuevas en muy poco tiempo.
Sí, ya sé que en muchas profesiones pasa eso. Hay mucho abogado hijo de abogado, mucha médica hija de médica y mucho peón de albañil hijo de peón de albañil. Es lógico. Lo que no lo es ya tanto es que un profesor titular se ponga a llamar a los miembros del tribunal que van a juzgar "la plaza de su hijo", al mejor estilo Macareno.

sábado, diciembre 27, 2008

Maus, de Art Spiegelman (Cómic)

Maus es el descarnado relato de un superviviente del Holocausto. Un viejo judío polaco va desgranando a su hijo el desarrollo de su vida durante la guerra. Desde un comienzo optimista, hasta la más terrible oscuridad. El relato, en blanco y negro, huye de las figuras humanas. Representa a los judíos como ratones, mientras que los alemanes (no sólo los nazis) son gatos.
El relato va y viene entre el pasado del campo de concentración y las penurias de la guerra, hacia un presente en el que el protagonista (el padre del propio Art Spiegelman) se ha convertido en un viejo intratable y avaro, obsesionado con el dinero, y que hasta para morirse busca la opción más barata.
Spiegelman no representa a su padre como un héroe, al menos no como un héroe tradicional. La novela (me da la impresión) se convierte en una especie de cura, en la que emergen sus propios fantasmas: una madre suicida, un hermano muerto en la guerra con el que debe competir, un padre que le acusa de todo...
La primera impresión sobre el libro es de extrañeza: uno no puede imaginarse a los ratones (casi siempre simpáticos protagonistas) como sujetos de una historia tan oscura y desgarradora. Sin embargo, pasado el asombro inicial, te engancha y te obliga a ir pasando las viñetas una tras otra hasta el doble final (el de la guerra en el pasado y el de la vida del viejo Vladek, en el presente).
No es un cómic a la manera de los últimos que he comentado en esta bitácora; aquí la historia es la principal protagonista, lo que sucede supera con creces el dibujo, y la narración en off del padre se hace absolutamente pesente en todas y cada una de las páginas.
En resumen, una narración ejemplarizante, una biografía, una lección de historia y un paseo por lo más oscuro del alma humana. Todo en una misma historia.
Le doy un 9,5 sobre 10.

viernes, diciembre 19, 2008

¿Cómo de frío fue 2008?


Fuente: NASA.
Click para ampliar.






Parece que 2008 fue el año más frío de la década, pero también fue el 10º más cálido desde 1850. Algunos dicen que es un claro cambio de tendencia, pero si uno se fija en la serie temporal puede ver que fuera de las variaciones cíclicas, la tendencia es creciente. En Climate Feedback explícan que este año más frío puede deberse al fenómeno de La Niña en el Pacífico a comienzos del año. Incluso con un año "tan frío", seguimos acumulando un aumento medio por década de la temperatura de 0,2ºC.
Sinceramente, no sé si es mucho o poco, lo que si sé es que el clima ha jugado un papel muy importante en otros momentos y lugares de la historia de la humanidad (de la historia natural, en realidad), por lo que deberíamos estar pensando seriamente en las posibles consecuencias y tomando decisiones firmes tendentes a minimizar las pérdidas (en lo que esté en nuestra mano).

La Antártida, ¿se enfría o se calienta?

Hacía tiempo que no me daba una vuelta por los blogs ambientales. Un error por mi parte, demasiado ocupado en el corto plazo y la crisis financiera internacional (como en su día los constructores con el ladrillo).
Hace un tiempo leí que se había publicado un estudio que hablaba de un progresivo enfriamiento de la Antártida. Lo cual sería sorprendente. Pues bien, un nuevo estudio viene a decir que el continente helado ha aumentado su temperatura en los últimos 50 años.

Lo he leído en Climate Feedback.

Liquidez sin barreras

El último recorte de los tipos de interés llevado a cabo por la Fed deja ya sin capacidad de maniobra real la política monetaria estadounidense. Unos tipos entre el 0 y el 0,5% ya no pueden bajarse más y plantean algunas interesantes cuestiones. Por ejemplo:

¿Es posible que una de las causas del problema (el exceso de liquidez) forme parte también de la solución?

¿Tan enorme es el riesgo de deflación que lleva a los Estados Unidos a poner en marcha la maquinilla de hacer billetes (fuente segura, según la teoría, de inflación)?

¿Debe seguir Europa los pasos marcados por el gigante americano o debe plantear una vía alternativa?

Vaya por delante que algunas de las posibles respuestas me producen un profundo temor. Si la base del problema actual fuera el exceso de liquidez, todas las medidas que se están tomando, así como las intervenciones masivas del sector público en operaciones de rescate, no serían sino un aliciente más para promocionar el comportamiento irresponsable en los mercados de capitales, que buscarían un nicho por explotar dispuesto a ser protagonista de la enésima burbuja. Ahora bien, si el problema del sistema es la falta de confianza de los agentes, las medidas tomadas serían las correctas, aunque habría que añadir un mecanismo que obligase a las entidades financieras a trasladar a sus clientes los recortes de tipos. En este sentido, la posibilidad de que la Fed actúe como banco podría ser clave. En España, el ICO está actuando un poco de esa manera, ya que comienza a lanzar líneas de crédito en las que comparte con las entidades bancarias el riesgo de la operación.

Con respecto a la segunda cuestión, la respuesta primaria es que sí, que EE. UU. ve como un escenario de elevada probabilidad la deflación. Un proceso de este tipo (del que la crisis japonesa de los 90 es el ejemplo arquetípico) podría alimentar un círculo vicioso en el que las familias retrasarían sus decisiones de consumo a la espera de descensos de precios, presionando a la baja la demanda agregada y ésta a su vez, a los precios. Siempre recuerdo la analogía que hacía un compañero de tertulia universitaria entre el funcionamiento del motor y la economía. El motor-economía necesita aceite-inflación para funcionar. El problema es que haya demasiada (hiperinflación), entonces el motor-economía resbala; o que haya muy poca o ninguna (deflación), puesto que el motor-economía se gripa. Por eso la Fed habría llevado hasta el límite los tipos, y por eso anuncian que se emitirán todos los dólares que haga falta. Nos están diciendo: queremos fabricar inflación. Los miedos deflacionarios se sustentan en el rápido descenso de los precios (la inflación subyacente estadounidense ya es negativa) y en fuerte parón de la actividad (se está hablando de una tasa de retroceso intertrimestral anualizada del -6% para el 4º trimestre). Hay que reconocer que los temores son fundados, pero tampoco hay que olvidar que tan sólo hace unos meses dábamos por casi seguro un escenario de estanflación. Si el diagnóstico de las autoridades monetarias está errado, reconstruir la situación de estabilidad de precios a medio plazo será muy complicado con tanto dólar circulando por el mundo.

La tercera cuestión es posiblemente la más sencilla de responder. Si el BCE o el Banco de Inglaterra coinciden en el diagnóstico de sus colegas estadounidenses, la respuesta obviamente es que debemos copiarlos y seguir en la medida de lo posible el camino marcado por la Fed. Y deprisa. Desde el anuncio de la bajada de tipos americana, el euro se ha revalorizado con respecto al dólar, lo que perjudica directamente la competitividad de las exportaciones europeas (conviene recordar que la dimensión del déficit por cuenta corriente de España está cifrado en torno al 10% de nuestro PIB). Ahora bien, da la impresión de que el Banco europeo no quiere eliminar de golpe todo su margen de maniobra, por lo que los descensos de tipos en Europa están siendo menos intensos que en EE. UU. Por tanto, si ellos tienen razón, estaríamos dilatando en el tiempo el inicio de nuestra recuperación. Pero si están equivocados y sólo se está añadiendo más leña al fuego, la actitud europea tendría réditos en el medio plazo, a costa de una merma de nuestra competitividad en el corto, con lo que ello significa para unos mercados de trabajo sometidos a una intensa sangría.

Como comentaba al principio, sean cuales fueran las respuestas a esas cuestiones, lo único que a estas alturas parece meridianamente claro es que la economía mundial camina en el filo de una navaja y sus principales órganos rectores no saben por dónde va a soplar el viento que la haga caer hacia un lado o hacia el otro.

martes, diciembre 16, 2008

El año que vivimos peligrosamnte

Este artículo me lo ha pedido La Voz de Almería abrir la sección económica del Anuario del Poniente Almeriense 2008.

Dos mil ocho pasará a la historia de la humanidad como el año en el que los mercados financieros internacionales se hundieron y provocaron una de las crisis más rápidas e intensas de la historia y, posiblemente, la primera de alcance realmente global. No creo que me equivoque si pronostico que junto con la crisis del 29 y la hiperinflación alemana de los años 20 marcará el subconsciente colectivo de varias generaciones.
Para España, además, este año puso el punto y final a la prolongada situación de burbuja inmobiliaria cuyos comienzos se pueden rastrear hasta 1997. Una burbuja, primero negada, luego maldita y ahora anhelada. Una burbuja que permitió que un tejido económico como el español fuera capaz de asumir casi 4 millones de trabajadores inmigrantes; que durante unos meses tuviéramos tasas de paro homologables a las europeas, y que las tasas de crecimiento de nuestro PIB fueran superiores a la media de la UE. Sin embargo, para nuestra desgracia, y a diferencia de lo que sucedió con la burbuja de las punto com, el sector de la construcción no atrae grandes cantidades de trabajo cualificado (más bien al contrario) y tampoco deja tras de si una infraestructura útil para el desarrollo económico ulterior (como fue el caso de la fibra óptica, que ha permitido posteriormente la conexión de China e India a las redes de telecomunicaciones mundiales a precios de saldo). Tampoco es un sector que se haya caracterizado hasta ahora por su contribución a la mejora de la productividad general de los factores. La herencia perdurable de la construcción residencial es una planta de un millón de viviendas vacías cuyos precios son impagables por la mayor parte de los ciudadanos, los cuales se han visto, de la noche a la mañana, empobrecidos de forma alarmante.
Hoy, España, y por ende Almería, se encuentra en medio de una pinza brutal. De un lado los efectos negativos globales de la crisis financiera internacional, que se traduce primero en una congelación del crédito mundial y, después, en una depresión de la demanda global de bienes y servicios de tal magnitud que muchos analistas comienzan a plantearse escenarios de deflación para la mayor parte de las economías desarrolladas. Del otro lado, nuestra propia crisis, proveniente del estallido de la burbuja y de nuestro abultado déficit exterior (en torno al 10% de nuestro PIB) que refleja a las claras la falta de competitividad de nuestras empresas.
La situación a final de año, por tanto, es enormemente complicada y, sinceramente, en el caso español no se puede decir que no hubo suficientes avisos de lo que se avecinaba. Desde hace años, el Banco de España venía reconviniendo a los bancos para que tuvieran cuidado con las excesivas facilidades de crédito hipotecario. Numerosos gabinetes de estudios (entre ellos el de la Cámara de Comercio de Almería) advertían de los problemas que se estaban acumulando de manera soterrada y, lo que es más grave, desde hace más de un año todas las encuestas de expectativas, tanto empresariales como de consumo, estaban mostrando una tendencia claramente bajista. Pero, como ya explicaba Galbraith, nadie quiere escuchar malas noticias en medio de una vorágine de precios en la que aparentemente todos ganan. En nuestro caso ganaban los empresarios del sector inmobiliario, que veían subir como la espuma el precio de sus bienes. Ganaban los propietarios de terrenos, que esperaban enormes plusvalías de suelos imposibles. Ganaban los trabajadores, que tenían una enorme facilidad de colocación y veían incrementarse sus salarios al ritmo que crecían las necesidades de mano de obra. Ganaban los bancos, que financiaban a promotores y compradores. Ganaban los compradores de vivienda que pensaban que sus casas seguirían aumentando de precio de manera indefinida. Y ganaban las administraciones: los ayuntamientos que recaudaban unos importantes ingresos a través de las licencias de obras, así como la autonómica y central que recaudaban nuevos impuestos y reducían sus costes sociales. Por eso, cuando en el verano de 2007, el Boletín Trimestral de Coyuntura de la Cámara de Almería o el Boletín Económico Financiero de Cajamar alertaban del deterioro acelerado de la situación en Almería, nadie quiso hacer caso. Desafortunadamente, el desarrollo de los acontecimientos ha venido a dar la razón a aquellos alarmistas (analistas).
En el caso de la provincia de Almería, el desplome del inmobiliario comenzó pronto y se desarrolló de forma muy rápida. De esta forma, la mayor parte del impacto negativo que cabía esperar sobre las cifras de paro debe haberse producido ya. O, dicho de otra forma, debe quedar ya muy poco empleo que destruir en la construcción. La parte de la provincia más directamente afectada por esta situación ha sido, obviamente, el litoral, que es el lugar en el que se concentra la mayor parte de la población y de la actividad económica almeriense. Como digo, el primer frente de esta guerra se produjo en las zonas costeras, que vieron crecer sus niveles de desempleo de forma acelerada, sin que turismo o agricultura pudieran dar abasto para absorber tal afluencia de personal. Obviamente, los damnificados iniciales han sido los trabajadores de la construcción, las empresas promotoras e inmobiliarias, las entidades financieras y los ayuntamientos. Todos han visto como se paraba la máquina de los ingresos mientras que la de los gastos seguía a pleno rendimiento. Pero es que existe un segundo frente, que es el de las industrias auxiliares de la construcción, de enorme repercusión en la provincia. Cemento, yeso y, como no, mármol han sido proveedores destacados en los tiempos del boom, por lo que ahora se han encontrado con que su principal cliente está en estado de K.O., viéndose ellos también arrastrados a la espiral de decrecimiento.
Con la construcción y la industria provinciales fuera de combate, sólo nos quedan dos sectores con suficiente capacidad como para aliviar los males a los que, sin duda, tendremos que hacer frente a lo largo de 2009. Uno de ellos es el turismo. La oferta almeriense ha venido reconvirtiéndose silenciosamente durante los últimos años, acosada por la nueva ola del low cost (líneas aéreas y hoteles) y la competencia del llamado turismo residencial que en muchas ocasiones actuaba como oferta alojativa alternativa, de forma que nos hemos situado en una situación competitiva más adecuada a la que teníamos al comienzo de la presente década. Sin embargo, la más que probable situación de recesión en nuestros mercados emisores principales, mantendrá al menos durante el próximo año la actividad al ralentí. No obstante, la inseguridad creciente a nivel mundial y la propia crisis podrían activar el atractivo de la oferta almeriense, aunque a este supuesto debemos asignarle una probabilidad media-baja.
El otro sector-refugio para Almería es el de la agricultura y sus actividades anexas. En situaciones de crisis anteriores, nuestro campo permitió que la provincia siguiera acortando sus diferencias respecto a la media de riqueza nacional. Posiblemente hoy por hoy la estricta producción agrícola no tenga ya tal capacidad de arrastre, pues la situación de sobreoferta en los mercados europeos no parece presagiar aumentos de las producciones almerienses. Sin embargo, en el resto del conglomerado (en palabras de Ferraro, el sistema productivo local), hay enormes posibilidades. Hace unos años, la Fundación Cajamar publicó un estudio titulado “Complejo Agroalimentario Andaluz. Presente y futuro”, en que resaltaba un importante dato. Mientras que Andalucía era la primera comunidad autónoma en términos de producción primaria (26% del total nacional), pasaba a representar sólo el 16% de la producción industrial alimentaria. El lector podrá argumentar que nuestra especialización es en fresco y que por eso no tenemos una fuerte presencia en el sector industrial. Cierto, pero los nuevos hábitos de consumo, en los que ganan peso los alimentos precocinados y las presentaciones de 4ª y 5ª gama, suponen una oportunidad que no podemos dejar escapar. Más aún, cuando parece que la Comisión Europea ha adoptado el camino de la desregulación en términos de calibrado y apariencia de los frutos, un camino que tarde o temprano alcanzará a nuestros productos más representativos, y que hará mucho más protagonista al precio como elemento de competitividad. Almería cuenta con una base de producción que debe convertirse en nuestra palanca para una oferta más amplia y heterogénea de productos y, cada día más relevante, de servicios. Mucho se ha escrito ya sobre la necesidad de concentrar la oferta o de aprovechar nuestra posición en la cadena de distribución para convertirnos en una plataforma logística de primer orden. Por desgracia, la atomización y diversidad de los centros de toma de decisiones ha hecho infructuosos la mayor parte de los esfuerzos en esa dirección. No obstante, creo que nuestro potencial productivo aún nos permitiría jugar un papel relevante en el mercado del fresco durante un tiempo suficiente.
Sin embargo, la competencia creciente, de calidad ascendente y bajos costes es una espada de Damocles sobre nuestra agricultura. ¿Cómo podemos transformar la espada que nos amenaza en un arma de defensa o, mejor aún, de ataque? La respuesta no hay que buscarla en los astros, está mucho más cerca. En ese mismo estudio que hemos mencionado más arriba, encontrábamos que Cataluña, con el 8% de la producción primaria era capaz de representar el 22% de la producción de la industria alimentaria.
Es decir, desde mi punto de vista, el futuro del sistema productivo local de la agricultura almeriense pasa por dejar de producir sólo hortalizas y convertirnos en productores de alimentos. Puede parecer una perogrullada, pero el concepto alimento va mucho más allá de lo que se recoge de la planta, o sale del invernadero. Debemos poner a trabajar a nuestro sistema de innovación (débil aún, pero existente) en esa línea. Y, de la misma manera que hemos sido capaces de construir un entramado de empresas que proveen de todo tipo de bienes y servicios al agricultor, debemos montar un sistema que se fije como objetivo satisfacer al consumidor.
No quiero cerrar estas líneas sin referirme a un par de cuestiones que van más allá de la actual coyuntura y que pueden resultar determinantes de cara al futuro. La primera es nuestro sistema educativo, tachado por The Economist hace unas semanas como anticuado. Vaya por delante que creo que la prestigiosa revista británica se equivoca, no es un sistema anticuado, es un sistema poco realista. Se trata a los niños como sujetos potenciales de traumas, a los que no se les puede suspender y a los que se les reduce la carga de obligaciones de estudio. Un niño de sexto de primaria, por ejemplo, no sabe cuáles son las comunidades autónomas españolas, y tampoco conoce apenas nada de la historia de España. Yo recuerdo que en sexto ya me sabía las regiones (entonces no había autonomías) y provincias con sus capitales, y tenía una asignatura de geografía e historia en la que se estudiaba la Reconquista (no se me olvidará jamás el A3 que tuvimos que rellenar con todas las dinastías reinantes de los distintos reinos cristianos). Por otro lado, nuestros niños hoy están acostumbrados a recibir enormes cantidades de información, se codean con las nuevas tecnologías sin apenas problemas. No son estupidos y están posiblemente más espabilados de lo que yo lo era con su edad. Nuestro sistema educativo se ha dedicado a vender eslóganes, poniéndose apellidos como centro TIC o centro bilingüe, que poco o nada suponen en términos reales.
La segunda es la crisis ecológica que se está desarrollando por debajo de nuestras preocupaciones diarias, una crisis que tiene su máxima expresión en la desaparición masiva de especies (algunos autores hablan ya de la sexta extinción masiva) y en las consecuencias previsibles del cambio climático. En este sentido, nuestro sistema de explotación del medio ambiente crece más deprisa de lo que lo hacen los rendimientos de la propia naturaleza y de nuestras tecnologías. No ser capaces de amortiguar nuestra huella ecológica como especie puede pasarnos factura mucho antes de lo que pensamos.
Como digo en el título, 2008 fue el último año que vivimos peligrosamente. A lo largo de los meses la realidad de una economía sobre-endeudada y demasiado centrada en un residencial sobredimensionado ha ido haciéndose patente. Nuestras cifras de paro han vuelto a niveles que pensábamos superados y el clima de pesimismo ha llegado a niveles históricos. En este sentido el Índice de Clima Empresarial que para Almería calcula el Servicio de Estudios de la Cámara no deja nivel a dudas. Sin embargo, me da la impresión que, de la misma manera que en los buenos tiempos la euforia no nos dejaba entrever los riesgos, ahora el ambiente depresivo no nos deja sopesar nuestras fortalezas y oportunidades.
Sabemos que 2009 será un año difícil, incluso más que éste que nos deja, pero también es una nueva ventana de oportunidad. La fase anterior ha permitido crear importantes bolsas de riqueza que ahora pueden servir para financiar nuevas iniciativas en sectores distintos. Es cierto que somos más pobres de lo que pensábamos, pero también que somos más ricos que cuando comenzó el proceso. Y tenemos la demostración de que nuestra economía se ha sabido adaptar a las cambiantes circunstancias del momento de forma acelerada: somos flexibles. Por tanto, no hay que retirarse a los cuarteles de invierno, hay que buscar las grietas que se abren en el futuro y lanzar a nuestras huestes por ellas. La única forma de poner en valor nuestro pasado es usarlo como referente en nuestro futuro.

martes, diciembre 09, 2008

¿Apagaría usted un fuego con más fuego? Lecciones para la crisis

Desde hace unos meses vengo notando en los medios una cierta tendencia de nuestros políticos a adoptar medidas de movilización del sector de la construcción de vivienda. Comprendo la tentación. Si uno se pregunta el porqué del rapidísimo crecimiento del desempleo en España, Andalucía o Almería tardará muy poco en deducir que el parón de la construcción residencial está detrás del rápido aumento del paro. Por tanto, si se volviera a poner en marcha este sector, las cifras de desempleo mejorarían de manera rápida.
Por otro lado, desde el sector constructor se está comunicando que hay un déficit de viviendas de VPO, tasado en 1.000.000 de viviendas. Si en lugar de dedicarse a la vivienda libre, el sector pudiera construir viviendas protegidas por el sector público, se podría solucionar el problema del paro de manera rápida, al mismo tiempo que volverían los ingresos al sector.
Uno y otro planteamiento olvidan lo primordial, y esto es que el principal problema de la economía española es el fuerte reajuste al que se ha visto abocado el sector de la construcción, acelerado y ampliado por los efectos de la crisis financiera internacional. Hemos edificado más viviendas que nuestros principales vecinos juntos (se calcula la actual sobreoferta en otro millón de viviendas): gran parte del sector ha actuado como si la demanda fuera infinita y la mayor parte de los consumidores hemos sido cómplices activos o complacientes del proceso de crecimiento de los precios de los pisos, que ha contribuido a la confusión de los agentes y, a la postre, a la hipertrofia del sector.
Por tanto, cualquier actuación que conduzca a un crecimiento del número de viviendas en el mercado no será nunca parte de la solución, sino un ahondamiento del problema.
Por otro lado, el supuesto déficit de VPO, en realidad no lo es. Simplemente es que un millón de (supuestos) compradores no puede acceder al mercado de la vivienda a los precios actuales. La solución del problema, por tanto es la reducción de los precios reales de la vivienda, hasta niveles que sean accesibles a los compradores, o bien que los compradores aumenten sus niveles de renta hasta poder acceder a la compra. Es evidente que es más fácil lo primero que lo segundo, y más rápido.
La sociedad española ha estado viviendo por encima de sus posibilidades, recurriendo a la financiación externa para ello (hasta alcanzar el 10% del PIB), y hemos de afrontarlo de la mejor manera posible. A corto plazo, necesitaremos que el sector público invierta en bienes públicos, que contribuyan a compensar el enfriamiento de la demanda privada y que a largo plazo supongan una mejora de las capacidades productivas del país. Pero al mismo tiempo, precisamos una mejora sustancial del nivel formativo de nuestro capital humano, nivel formativo que según las pruebas realizadas en Europa (informe PISA), es de los peores (item más en el caso de Andalucía). Esta es una medida que forzosamente tiene efectos a largo plazo, pero es condición indispensable para el desarrollo de una economía basada en el conocimiento y la tecnología, y no en la mano de obra barata o en sectores de escasa productividad.
Mientras tanto, a todos nos queda aprender una dura lección: el enriquecimiento rápido, como la razón, produce monstruos...

lunes, diciembre 08, 2008

SOS Wikipedia

Pocas iniciativas han tenido un eco tan amplio y durante tanto tiempo como ésta. Wikipedia nace con un espíritu altruista y promueve el conocimiento a través de Internet para todo el mundo. Su irrupción y su multiplicación en idiomas ha permitido a mucha gente tener una fuente enciclopédica de conocimiento a golpe de click, con un índice de certeza muy amplio.
Hoy Wikipedia pide ayuda económica a sus usuarios y fiel a su espíritu lo hace en forma de donación. Yo ya he aportado (se puede hacer a través de Paypal), ahora te toca a tí: piensa cuantas cientos de veces la has usado y cúanto tiempo y dinero te has ahorrado con ella.

(Puedes pulsar en el logo que he insertado en la columna de la izquierda).

martes, diciembre 02, 2008

Cambios en No más de 15

Acabo de terminar la migración de No más de 15 al día a una nueva plantilla. Estaba un poco cansado de los dieños estándar de Blogger y comencé a mirar por la red algunas alternativas, muchas de ellas, auténticas obras de arte.
Pero ésta es la que más me gustó: Ice Template.