Obama: we need you

Cosas de la Globalización. Otra. No somos nadie: otra más. Nuestra economía de Champions League hace aguas por los cuatro costados. Al colapso global, derivado de la caída de los sistemas (más que mercados) financieros, en España se suma nuestra particular penitencia por los excesos de la era del ladrillo.
No quisimos enterarnos de que había algo profundamente endeble en nuestro boyante crecimiento. Pistas no faltaban, como el crecimiento desbordado de nuestro déficit exterior, o como la continua ganancia de la construcción en las estructuras del PIB y del empleo. Las Casandras de turno volvieron a ser eso, Casandras, condenadas a saber que en el seno del Caballo de Troya estaba escondida la perdición de la ciudad, aunque nadie las creyera.
No es tiempo de lamentaciones, ahora es el momento de los valientes, de las decisiones en el borde de la navaja, de las políticas que pueden hacernos salir del túnel o caer al profundo precipicio. España tiene que hacer algunos deberes, urgentes y de efectos a largo plazo. El primero de ellos es hacer algo por nuestra competitividad: no podemos dejar el trabajo a una virtual deflación, o una inflación relativa menor que la media de la Zona Euro. Debemos mirar más allá pues además de doloroso, el proceso deflacionista sólo es solución a corto plazo, ya que no ataja la tendencia de la economía española a la compra de productos extranjeros más baratos, simplemente porque nosotros somos incapaces de hacerlos nosotros. Hay que ponerse manos a la obra con nuestro sistema educativo, que se ha deteriorado de manera llamativa en los últimos tiempos y que es la base de cualquier desarrollo futuro, y más si nuestra opción estratégica es la de competir en el segmento de alto valor añadido. Esta medida es de largo alcance y no obtendrá rendimientos a corto plazo, pero es indispensable si queremos imaginar un futuro basado en la innovación y en las ganancias de productividad.
Mientras tanto se pueden ir acometiendo algunas otras reformas que tendrían rendimientos a más corto plazo. No tiene sentido que las normativas de las distintas comunidades autónomas lleguen a contradecirse en algunos extremos: una empresa debería poder competir en todo el territorio nacional sin necesidad de modificar sus instalaciones o sus procesos. Es caro e ineficiente. El estado de las autonomías ha contribuido a que el gasto se regionalice y se optimice. Sin embargo, con el paso del tiempo están apareciendo algunos problemas, como las reglamentaciones dispares o la tendencia a incrementar el gasto del Estado sin mejoras en la eficiencia del mismo (Musgrave hablaba de la hipótesis Leviatán), que terminan repercutiendo sobre la eficiencia conjunta del país.
Otros analistas apuestan por reducciones de las cotizaciones de la seguridad social, o la sustitución de una parte de las mismas por el incremento de la fiscalidad al consumo, de forma que no recaiga el mantenimiento del sistema exclusivamente sobre las espaldas de los trabajadores y empresas nacionales. También se han pedido recortes de impuestos generalizados, de forma que se reactiven el consumo y la inversión, aunque en un entorno de crecimiento acelerado del déficit ésta última tiene pocas posibilidades.
Sin embargo, nada de esto funcionará si no logramos que la economía mundial salga de esta especie de shock en el que se encuentra inmersa. Y esto no sólo se logra con medidas económicas, ya que la psicología juega un importante papel al respecto: la gente no consume ni invierte si no confía en el futuro. Por eso el título de este artículo. Necesitamos que los estadounidenses crean en Obama, necesitamos que piensen que con él todo irá mejor. Necesitamos que ellos recuperen la confianza para contagiársela al resto del mundo. Nunca antes como ahora ha sido relevante para el planeta quien gobierne en la Casa Blanca. Por eso, me reitero: Barak, we need you.

Comentarios

  1. Lúcido como siempre. Podrías, otro día, abundar un poco en el efecto de la autonomía en la eficiencia de la economía. Bueno, ya me supongo que esto no es un menú a la carta pero me ha parecido muy interesante lo que comentabas.

    Y ya puestos con las peticiones de la udiencia, te atreves a opinar de balanzas fiscales y principio de ordinalidad...

    Un abrazo.

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