Las otras dimensiones del Sistema Alimentario Mundial

Normalmente estamos acostumbrados a valorar las cosas en términos dinerarios: es éste posiblemente uno de los efectos más evidentes de la creciente economización de las sociedades. Nos vemos impelidos a medir en euros o dólares cualquier cosa, ya que si no somos capaces, entonces nadie valorará aquello que nos interesa: léase un paisaje, un animal, una planta o un ecosistema entero.
Sin embargo hay muchas más dimensiones que la económica. Eso es lo que he querido resaltar en los párrafos que siguen y que formarán parte de un estudio sobre el sistema alimentario adaluz. Así que, como en otras ocasiones, espero un interesante feedback por parte de mis tres o cuatro lectores de cabecera.
(...), el sistema agroalimentario mundial (SAM), presenta multitud de dimensiones, aparte de la meramente económica, que hacen del mismo un sujeto de estudio y de atención prioritario:
  • Dimensión social. El SAM es responsable de la alimentación de la población. En cierto sentido, es el lubricante que ha permitido el crecimiento demográfico del planeta; pero también es el motor, ya que del acceso a la alimentación y de la calidad de la misma (la seguridad alimentaria) depende el futuro de la humanidad. En el mismo sentido, aunque de manera quizá más indirecta, la distribución de la tierra o las reglamentaciones laborales (sobre todo en los países subdesarrollados) tienen influencia manifiesta en la distribución de la riqueza y, por ende, en el bienestar social de los ciudadanos. En cierta forma, los países son reacios a perder su independencia alimentaria y de la misma manera que la dependencia energética se ha convertido en un problema geoestratégico, la alimentación puede llegar a transformarse en otro .
  • Dimensión cultural de muy amplio espectro, ya que abarca desde los usos culturales y la diversidad de especies cultivadas, hasta las fórmulas de consumo o los modos de preparar y de presentar los alimentos. La homogeneización se convierte en este sentido en un riesgo que posiblemente muchos países no estén dispuestos a correr. No debemos olvidar, por ejemplo, la política del gobierno francés con respecto a su cine, alertados ante la preeminencia de la filmografía estadounidense. Posiblemente, estas medidas no tengan ningún sentido económico, pero sí que lo tienen desde la perspectiva de la singularidad y la identidad cultural. Cuanto más tradicional sea una sociedad más fuertes será la oposición a los cambios. En este sentido, un reciente estudio que pretendía evaluar las repercusiones que el calentamiento global tendría sobre el estilo de vida de los esquimales ha terminado concluyendo que el principal riesgo es la ruptura intergeneracional: unos jóvenes cada vez más influidos por las costumbres euroamericanas comienzan a romper drásticamente con las formas de hacer del pasado, despreocupándose del aprendizaje de las técnicas de supervivencia tradicionales de sus antepasados.
  • Dimensión ambiental. La agricultura es posiblemente uno de los principales agentes de transformación de la naturaleza gestionados por la humanidad. No se trata sólo del uso del suelo, sino también de la adaptación a las necesidades humanas de diversas especies agrícolas y ganaderas, la introducción de especies en nuevos ecosistemas o la eliminación de las consideradas dañinas para la producción. Un reciente estudio, incluso (Vavrus, Kutzbach y Philippon, 2008), responsabiliza al desarrollo de la agricultura en los últimos 8.000 años como el principal responsable de emisiones de gases de efecto invernadero, adelantando así en varios milenios el inicio de la influencia humana sobre el cambio climático.
  • Dimensión política. La disponibilidad de alimentos, como hemos señalado, tiene una clara repercusión social, pero no es menor la importancia que ésta puede llegar a alcanzar en el ámbito político, posiblemente en relación inversa a la fortaleza y dimensión del entramado institucional de los países. No se debe menospreciar la capacidad de los alimentos para poner o quitar gobernantes, ni la utilización de los mismos para torcer voluntades. En este sentido, también es importante la distribución de la tierra como elemento definitorio de la distribución de la riqueza, tanto más importante, cuanto más dependiente de la agricultura sea el país.
Todas estas dimensiones tienen una clara repercusión en los movimientos que se están produciendo y que, sin duda se seguirán produciendo en el SAM. Desde la perspectiva europea son válidas claramente la mayor parte de las consideraciones más arriba expresadas, no en vano la Europa Occidental es uno de los protagonistas de la Globalización desde su doble perspectiva de segundo bloque económico mundial y de la creación de un Mercado Único en el seno de la U.E. Posiblemente, la existencia de un sector institucional fuerte y de una sociedad civil relativamente movilizada e informada implique un menor desequilibrio entre los beneficios y los costes de la globalización y de los derivados de las distintas dimensiones del sistema alimentario.

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