La tercera revolución

A veces necesitamos un poco de perspectiva para entender la enorme complejidad de la realidad. Y esa perspectiva no sólo se logra con el alejamiento espacial, sino también con el temporal. Escribo esto porque llevo unos días leyendo un libro sobre lo que se ha dado en llamar la Gran Historia, titulado Mapas del Tiempo. A lo largo de las páginas que llevo leídas quedan claras, a mi me quedan claras, un par de circunstancias. Una es que el lenguaje es una de las claves de la "humanidad". Una herramienta que nos permitió salvar las limitaciones de las especies homíninas precedentes e introducir en la evolución natural una nueva variable: la evolución cultural. Desde el surgimiento del lenguaje hablado fue posible la transmisión de conocimientos y conceptos complejos. Fue posible, también, que estos conocimientos sobrevivieran a los hombres que los crearon. Incluso, fue posible que los conocimientos viajaran en el espacio, siguiendo las redes migratorias y comerciales de las primeras sociedades.
El segundo avance revolucionario sería la invención de la escritura. Nació de la necesidad de contabilizar y controlar los recursos de las primeras sociedades agrarias complejas, es decir, con poderes verticalizados y cohercitivos. Pero, al mismo tiempo, sirvió para fijar y almacenar los conocimientos, aportando mayor versatilidad a la especie y a las capacidades de ésta para relacionarse con el resto de la naturaleza.
Desde este punto de vista, el advenimiento de Inernet podría ser considerado como la tercera revolución humana, mucho más importante que la propia revolución industrial (que más que industrial, habría que considerarla energética –la revolución de los combustribles fósiles–). Internet pone el conocimiento humano en unas condiciones de disponibilidad sin precedente en la historia. El acceso a los conocimientos y a las técnicas más sofisticadas puede lograrse en la Red sin tener que soportar apenas costes de transacción. Internet amplifica los efectos de las dos revoluciones anteriores de forma evidente.
La siguiente cuestión es llegar a comprender el alcance que esta innovación pueda llegar a desencadenar. Si las anteriores permitieron la comunicación y el almacenaje de conocimientos, esta tercera permitirá el acceso general a los mismos. La escritura, de alguna forma, aún permitía un cierto control y restricción del acceso. Es decir, posibilitaba una relación vertical en términos de distribución del poder. Internet no funciona así, es más horizontal que vertical, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos y de las corporaciones empresariales. Una sociedad con el mismo potencial de acceso es una sociedad más difícil de controlar y, si me apuran, hasta más igualitaria en su forma de entender las relaciones de poder. Tal vez, y solo tal vez, el mundo que nos espera sea un mundo de hombres más libres en el que las relaciones entre el poder y los admistrados tenga que replantearse completamente y, en consecuencia, en el que las relaciones económicas se vean profundamente modificadas.
La pena es no saber si uno vivirá bastante como para ver en qué queda todo esto.

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