Cambio de modelo, sí o sí

Este es un artículo que me pidieron para el Almería Actualidad (periódico que está siempre mutando de nombre, ya que ahora es Diario de Almería). Desde mi regreso del Foro de Carmona, la semana pasada tengo una imagen más nítida del asunto, por lo que amenazo con ampliación en breve.

De un tiempo a esta parte es muy usual escuchar a los políticos y a los economistas hablar de la necesidad de un cambio de modelo. Aunque ambas profesiones utilicen palabras similares, me temo que no se refieren exactamente a las mismas cosas. Un buen número de economistas venía hablando de la necesidad de un cambio de perfil productivo desde hace algunos años: no en vano era evidente que sostener un 20% del empleo y la producción en un sector de la construcción hipertrofiado no era posible ni deseable a largo plazo.
Ese cambio de modelo se refería a la incentivación de actividades de alto valor añadido y elevados requerimientos de capital intelectual. La idea era que se fortaleciera ese tipo de economía, aprovechando las vacas gordas, con el fin de ir preparando poco a poco el momento de la caída de la vivienda residencial.
Por desgracia, nos ha cogido el toro de la recesión y el cambio de modelo se ha producido de manera brusca y demoledora. La construcción residencial se ha parado, y con ella se ha destruido una enorme cantidad de empleo que, a su vez, a reajustado a la baja la demanda y la oferta nacional. Si a final de año mirásemos la estructura del PIB y del empleo, observaremos cómo el sector servicios recuperará muchos puntos con respecto a hace dos años, a expensas de la construcción y la industria.
Del lado de los políticos, el discurso del cambio se ha producido mucho más tarde, cuando ya la crisis era más que evidente, y cuando la capacidad de maniobra era, por tanto, mucho más reducida. De hecho, las posibilidades de incentivar actividades como las que se quieren captar, son menores ahora, puesto que deben competir con las medidas de alivio de la crisis para empresas y particulares a corto plazo. Otra diferencia que me parece crucial es la fortaleza del compromiso. Si uno mira los datos del paro registrado (el primer brote verde que tanto bien ha hecho a la confianza nacional), podrá comprobar que ha sido precisamente en la construcción dónde se han logrado los mayores retrocesos. ¿Es ese el cambio de modelo que queremos? Más bien es el resultado de una política de gasto público que busca un resultado inmediato en la actividad.
Para modificar nuestro perfil productivo no basta con una mera carta de intenciones, ni tampoco basta con la intervención pública. Tampoco, por desgracia, es una labor de corto plazo. Cambiar la estructura del empleo y la producción ya nos lo ha hecho la crisis. Para cambiar nuestro modelo productivo debemos modificar los incentivos a la inversión, debemos modificar nuestro sistema educativo, debemos recualificar a nuestros trabajadores en activo, y debe transcurrir algo de tiempo, para que todos esos cambios maduren. Esto implica visión de largo plazo, mucha capacidad de negociación con los diversos agentes y mucho temple para mantener las decisiones a pesar de las presiones que puedan surgir por el camino.
Mucho me temo que las buenas palabras de hoy queden aparcadas por el camino en el momento en el que cualquier sector muestre un poco más de protagonismo. Al final, el éxito o fracaso de una política económica se mide en términos de votos, más que en términos de ganancias de bienestar a largo plazo: eso sólo lo miran los historiadores, y algunos economistas.

Comentarios

  1. Como de costumbre brillante.

    Se me ocurren un par de observaciones.

    1- Dices "Por desgracia, nos ha cogido el toro de la recesión", me temo que no es por desgracia, si no que más bien es por dejadez, por incompetencia y por avaricia, a partes más o menos iguales.

    2- Un buen incentivo para cambiar el modelo económico sería cambiar el modelo de gestión urbanística. A estas alturas sabemos que la plantificación urbanística es demasiado sensible para dejarla en manos de los ayuntamientos, que son a menudo demasiado voraces para una herramienta que exige tanta responsabilidad. Lo que liga con la avaricia, incompetencia y la dejadez a las que me refería en el punto 1.

    Saludos

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  2. Vayamos por partes:
    1. Si, tienes razón, ha sido por desidia de algunos y desgracia de todos.
    2. Más que el modelo de gestión urbanística, es posible que sea el modelo de financiación municipal, o ambas cosas a la vez.

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