Crisis, año 2

Otro trabajo de negro institucional, aunque no estoy segurode que éste vaya a cuadrar con el autor...

Aunque estamos ya a finales de 2009, esta revisión completa y prolija del año 2008 nos sirve de recordatorio de cómo fueron los comienzos de la crisis en la que ahora comenzamos a poder ver algunos claros en el horizonte.
El repaso de 2008 nos muestra una provincia que comenzaba a sufrir los primeros envites serios de la recesión, antes incluso que a nivel nacional y con una intensidad y velocidad de ajuste sin precedentes. Almería, que había sido ejemplo para el resto de Andalucía en materia de empleo, se comenzaba a descolgar en su tasa de paro, impulsada primero por el deterioro de la construcción y, luego, por su contagio a otros sectores.
Aún siendo malo, sin embargo, 2008 fue sólo el principio, ya que la mayor parte de 2009 la hemos vivido metidos en una recesión de la que los más optimistas consideran que estamos saliendo durante el cuarto trimestre mientras que la gran mayoría de los analistas sitúan su final a partir de la primavera de 2010. Por tanto, seamos conscientes de que en la próxima edición de este clásico de la economía almeriense (cumple 21 ediciones) los datos serán peores, aunque los conoceremos, si todo va según el guión, en un momento de mayor optimismo.
No voy a pararme a hacer comentarios sobre la crisis, ya lo han hecho otros muchos y lo seguirán haciendo, mucho mejor de lo que pueda hacerlo yo. Al contrario, quiero comenzar a hablar de la postcrisis, del período inmediatamente posterior a la finalización de las tasa de crecimiento negativas y del trabajo que nos queda que realizar desde hoy mismo. Mi primera reflexión va referida a la forma de hacer negocios. Hasta 2007 la abundancia de liquidez había permitido la financiación de proyectos empresariales que no se sostenían más que en el papel. A partir de ahora, la restricción crediticia y el énfasis de la supervisión bancaria en el control del riesgo van a endurecer las condiciones de acceso al mercado financiero. La consecuencia positiva es que los emprendedores y empresarios tendrán que fundamentar mejor sus proyectos y tendrán que demostrar su rentabilidad, y que luego deberán aportar más y mejor información sobre el desarrollo de sus actividades. Es decir, es posible que, al menos a corto y medio plazo, disfrutemos de un mercado más transparente y sólido. En el fondo, hablamos de una mejora de nuestras prácticas de gobernanza, tanto pública como privada, en la que la ética y el autocontrol se conviertan en norma y no en excepción.
Una segunda derivada de la cuestión es el necesario y comentado cambio de patrón de crecimiento. En realidad, el profundo ajuste que han sufrido las economías española y almeriense, con un fortísimo impacto en la construcción y sectores adyacentes ya ha operado el cambio. Los servicios y la industria parecen los llamados al relevo. Si el Gobierno genera los incentivos adecuados, la inversión responderá rauda. Pero antes, es preciso reconvertir a toda una masa de trabajadores que ha quedado fuera del mercado y que necesita formarse en nuevas capacidades. También en este orden de cosas, se hace necesario una modificación del mercado de trabajo nacional, actualmente aquejado de una elevada temporalidad y de una evidente dualidad, en la que los trabajadores eventuales jóvenes sirven de válvula de escape para las cuentas de explotación de las empresas.
En este mismo sentido, cuando el vendaval quede atrás, habrá que hacer un extraordinario esfuerzo para recuperar la confianza de los ciudadanos. Políticos, financieros, empresarios y economistas están hoy día en “la picota”. Y hay que decir que muchos de ellos de forma merecida. Pero un país, para avanzar, necesita que todas las piezas de su entramado institucional funcionen de manera razonable y razonada. La ciudadanía tiene que recuperar la fe en ellas. La justicia tiene que hacer su trabajo y limpiar el patio de tahúres y jugadores de ventaja. Los partidos políticos deben hacer pedagogía ciudadana, orillando a los elementos indeseables, y algunos empresarios y empresas deberían mostrar un poco más de empatía por la sociedad.
Tarde o temprano la economía remontará,  pero el cómo de fuerte lo haga tendrá mucho que ver con las decisiones que estamos tomando ahora. Miremos el 2008 y aprendamos de nuestros errores. Miremos también el año 2009 y tomemos conciencia de los costes que tienen los excesos. Aprendamos de nuestros errores y seremos mejores.

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