lunes, marzo 30, 2009

A favor del pragmatismo económico

En los últimos meses estamos asistiendo a numerosos debates en torno a las formas de atajar la crisis que amenaza con socavar no ya las economías, sino también los gobiernos de la mayor parte de los países desarrollados. Normalmente estas controversias son enfrentadas por los economistas desde el cliché ideológico en el que se siente cómodo el autor. De un lado están los neokeynesianos, que hacen de la intervención pública la piedra angular del futuro. Del otro, siguen estando los neoliberales, alineados con las tesis de la escuela austriaca y Milton Friedman. Para estos, la crisis actual es consecuencia de la ruptura de la ortodoxia económica y hasta por los excesos de la regulación.

Sin embargo, lo que solemos olvidar con demasiada facilidad es aquello que nos distingue de las ciencias denominadas exactas. La materia de estudio de la economía es el comportamiento humano y éste no se suele dejar encorsetar en estructuras rígidas. Antes al contrario, la capacidad del homo sapiens para modificar su comportamiento en función de nuevas circunstancias es precisamente una de las claves evolutivas que le han permitido llegar hasta hoy.

Cuando ya no es relevante saber el porqué de la crisis, sino la búsqueda de soluciones que pongan freno al círculo vicioso en el que nos encontramos inmersos, lo que debería predominar es la ductilidad o, si se quiere, el pragmatismo. El problema es que el aumento del desempleo y de las pesadillas de los ciudadanos puede terminar por derivar en los monstruos del populismo y el totalitarismo (ya sea de izquierdas o de derechas). Antes de llegar a esos extremos que nadie desea, hay que ponerse manos a la obra. Por un lado hay que frenar el deterioro de la demanda, lo que conllevaría medidas tendentes a garantizar la seguridad del sistema financiero, así como medidas de expansión fiscal a través de programas de inversión pública con efectos beneficiosos en el medio y largo plazo. Asimismo, podrían resultar positivas medidas de redistribución fiscal. La contrapartida de todo esto sería, lógicamente, más déficit.

Entre las medidas tendentes a mejorar la confianza de las familias y las empresas, habrá que esforzarse por montar un sistema de control de los mercados financieros internacionales que sea eficiente y cuyo coste se vea compensado por la reducción del riesgo. La regulación del mercado no es intrínsecamente perniciosa, pero el mercado desregulado ha demostrado que puede fácilmente llegar a serlo.

Por otro lado, y como dice Samuelson, el mercado es necesario como mecanismo de asignación. En este sentido, el mercado castiga a los ineficientes con la desaparición. Las intervenciones de salvamento han lanzado un claro mensaje: si eres suficientemente grande, no te dejarán caer. El problema es que la dimensión se ha convertido en un factor de competitividad muy importante en la economía global y es muy sencillo encontrar gigantes empresariales en todos los mercados. No obstante, habrá que hacer pagar a los culpables una parte de la factura, aunque sea de forma retrasada en el tiempo.

La emergencia hoy es volver a poner en marcha el sistema, aunque eso suponga un déficit hoy o una inflación desatada mañana. La emergencia es frenar la caída de la actividad. A largo plazo otras medidas serán necesarias en el caso de España: un replanteamiento de nuestro ineficaz sector público, la homogeneización de la multitud de normas municipales y autonómicas que traban el mercado único nacional, la reforma del sistema educativo, y un largo etcétera que nos permitan mejorar nuestra capacidad de crecer en el futuro.

lunes, marzo 16, 2009

Cambios en el Feed

Los que leen esta página con un agregador de feeds habrán visto que en los últimos meses las entradas aparecían en versión corta, para que el que no estuviera realmente interesado pudiera tener la opción de no leerme. Sin embargo, a través de Technorati he sabido que hay un lector que me señala con el dedo acusador por aquella decisión. La tomé precisamente porque yo uso el Reader de Google y suelo usarlo mostrando la versión corta de las entradas, así que supuse que sería más cómodo para los potenciales lectores.
No creo que tenga razón, al menos en mi caso, pero al saber lo que significa RSS, no he podido dejar de cambiar de nuevo el feed para que aparezca en su totalidad. Si no te gusta esta nueva decisión, o crees que era mejor la otra opción, tienes los comentarios para decir lo que te parezca.

Lo que sé de los vampiros, de Francisco Casavella

Lo primero que debo decir es que odio a Casavella, que odio que haya sido capaz de poner un título como éste. Es de esas cosas que en cuanto las lees, piensas que debería habérsete ocurrido a ti.
A partir de ahí, Casavella escribe una novela en la que los protagonistas se comportan como una serie de muñecas rusas. Cuando crees que uno de ellos es el protagonista verdadero, sale de la manga un nuevo personaje con trazas de héroe de novela. Pero luego aparece otro personaje, adorable de surreal, o tan real por ser absurdo. Finalmente el verdadero protagonista es una mezcla entre dos de ellos.
La vida va situando a Martín de Viloalle en primera línea de la historia, primero en su España natal, luego en Roma, los principados alemanes, París y, finalmente, América. Al principio es sólo un ser a la deriva, que simplemente pasa por la vida adaptándose a las situaciones sin más. La aparción en su vida del señor de Welldone, un vividor que podría ser inglés o francés, un sabio loco, o simplemente un estafador, cambiará para siempre su forma de contemplar su vida y la de los demás. Viloalle es, en cierta forma, un pelele con el que el destino se ensaña una y otra vez, hasta que al final recupera el control de su propio sino.
La forma de narrar es curiosa, distinta. Al principio puede llegar a complicar la lectura, pero en cuanto uno se acostumbra, las palabras fluyen dando vida a un relato que va claramente de menos a más.
Mi valoración: 9 sobre 10.

martes, marzo 03, 2009

Esperando a que escampe

Hace unos días escribí este artículo para el Anuario de la Asociación de la Prensa de Almería. No lo había colgado antes porque pensé que era un poco demasiado pesimista (sí, ya sé que no hace mucho escribía sobre los efectos contenidos de la crisis y su relativa corta duración). Pero los datos de hoy del paro y de matriculaciones de vehículos me han retrotraído a la primera frase de aquel artículo: todo es susceptible de empeorar. Y camino lleva.
Así que pego a continuación una dosis de pesimismo sobre la economía de Almería en los próximos meses (por cierto, el crecimiento del paro registrado ha sido enorme, y no hemos llegado a los que son los peores meses del año tradicionalmente: el verano).

Esperando que escampe el temporal.


Todo es susceptible de empeorar. Ya sé que no es éste un arranque esperanzador para un artículo sobre la economía de la provincia. Sin embargo, ésta es una de las principales enseñanzas de la actual crisis global de la economía. Lo que inicialmente parecía un problema circunscrito a sistema financiero estadounidense ha terminado contagiando a todos los países y a todos los sectores. Ya no se trata sólo de una crisis de confianza de los agentes. Estamos hablando de un retroceso de la demanda agregada global que se retroalimenta y que erosiona los pilares de todos los países. La construcción (que en España y Almería ha tenido un papel protagonista en los últimos años), la industria y, ahora, los servicios han ido sumándose al aquelarre de la destrucción de actividad y de empleos.
En realidad, en el trasfondo de esta situación, parece asomar una crisis de modelo. La globalización, la libre circulación de capitales y cada vez más bienes, así como la irrupción de las nuevas tecnologías de la información ha interconectado los mercados y las economías de una forma más profunda que en cualquier otro momento de la historia. Uno de los problemas de fondo es que una economía como la actual trasciende los estados nacionales, y no existen instrumentos de control que rijan su funcionamiento. Los países se han preocupado de crear unas reglas del juego para la economía dentro de sus fronteras. Los bloques económicos como la U.E. han creado reglas supranacionales, pero no aplicables fuera de su entorno. El resultado es que no se han construido diques de contención para la economía mundial. El resultado es que hay espacio para los arbitristas, no ya de precios, sino también de normativas y leyes.
Esta combinación de factores, unida a una liquidez sin medida en los mercados financieros, ha provocado que todos los agentes minimizasen su aversión al riesgo y que se minusvalorasen las probabilidades de negocio fallido. Los países ricos se creyeron más ricos y financiaron sus desvaríos recurriendo al crédito aportado por los países en vías de desarrollo, generando una enorme burbuja de expectativas que finalmente ha explotado.
Pero, ¿por qué todo esto que nos suena lejano ha impactado con tal virulencia en Almería? ¿Por qué nos ha convertido en la provincia española con mayor tasa de paro en marzo de 2009? La respuesta rápida es que Almería está en el mundo. De la misma manera que nos beneficiamos de manera diferencial del proceso de apertura comercial, ahora nos estamos viendo muy afectados por la reducción de la demanda global. Una respuesta más amplia debería llevarnos a cuestionarnos las razones últimas de tanto paro en Almería, analizando la composición de la población activa y su evolución. Pero eso es materia para otro artículo y en éste no vamos a tener espacio. Baste decir que hay elementos diferenciadores en la economía y la estructura demográfica provincial que aportan pistas del porqué de esta deriva del empleo.
Volviendo a la primera frase de este artículo, y sabiendo que las múltiples interconexiones creadas pueden seguir erosionando la salud económica del planeta, vamos a reflexionar sobre la situación de cada uno de nuestros principales sectores en la actual coyuntura.
Comenzaré con la construcción, que ha sido una de las grandes protagonistas de la economía provincial en los últimos años. Poco a poco desde 1997, y con mayor intensidad desde 2005, la construcción –o mejor dicho, la construcción de vivienda– comenzó a pesar más y más en el PIB y el empleo provincial, llegando hasta el 17% y el 20%, respectivamente. Este fuerte impulso tenía en su origen considerables factores favorecedores. Pero a lo largo del tiempo, estos factores de demanda objetivos fueron siendo superados por una “euforia irracional” que finalmente desembocó en un drástico parón de la actividad a lo largo de 2008. Este ajuste drástico ha coincidido en el tiempo con una crisis financiera internacional, con ramificaciones en todos los sectores. Esta suma de coyunturas desfavorables dificultará que el sector vuelva a arrojar datos positivos al menos en dos o tres años, si bien, la mayor actividad previsible para la obra civil suponemos que impactará positivamente, más en la facturación que en el empleo.
El sector turístico, por su parte, ha tenido su particular travesía del desierto durante los años excelsos de la construcción, lo que ha contribuido a que pasase desapercibido. Sin embargo, las empresas del sector en Almería han debido readaptarse a una nueva situación de mercado en el que las compañías low-cost han revolucionado el panorama. Así, Almería perdió los vuelos de uno de los principales turoperadores mundiales (aunque apenas fue noticia) y sus hoteles de playa debieron modificar sus estrategias y convertirse ellos también en hoteles de todo incluido, algo impensable una década atrás en la que se soñaba con mejorar la “calidad de los turistas” que nos visitaban. Sin embargo, otra vez la crisis internacional va a suponer una nueva vuelta de tuerca sobre el sector, ya que es un hecho que la demanda turística internacional va a verse fuertemente afectada por la contracción del consumo en la mayor parte de los países desarrollados. La alternativa, como durante la crisis de los 90, debería ser el mercado nacional, aunque éste va a estar considerablemente tocado por la propia crisis nacional y un consumo interno lastrado por el miedo al paro y por el endeudamiento arrastrado de los años de bonanza.
Otro sector fuertemente impactado por la situación de crisis está siendo el de la piedra natural. Nuevamente el deterioro de la demanda internacional está detrás de la negativa coyuntura, aunque también el ajuste de la construcción residencial ha impactado de lleno (como en el resto de las empresas de fabricación de materiales de construcción). Evidentemente, desde el ámbito del mercado nacional, las posibilidades no son demasiadas, al menos en lo que se refiere al subsector de materiales de construcción. Las vías de solución sólo pueden venir del lado de la demanda exterior (aunque ésta también está sufriendo los rigores de la crisis) y la opción por nuevos productos. El problema es que esta última línea requiere previamente de una inversión en desarrollo que actualmente tendrá serias dificultades de financiación.
Finalmente, la agricultura presenta un escenario menos pesimista. Las razones son variadas, pero baste apuntar que una de ellas es la situación de déficit alimentario mundial y la menor afectación de las compras de alimentos a la crisis. No obstante, las tendencias de fondo hacia la liberalización de los mercados han actuado sobre el sector y han posibilitado el nacimiento de nuevos competidores, muy agresivos en precio (merced a sus menores costes de producción), con los que ahora tenemos que enfrentarnos en los mercados. La situación, por tanto, es paradójica, ya que conviven una situación de demanda creciente con otra de mayor competencia. Por otro lado, la transformación del mercado habida en los últimos años, con un poder creciente de la gran distribución, favorece las presiones a la baja de los precios percibidos en origen, lo que castiga la rentabilidad de las explotaciones. Por tanto, aunque podemos afirmar que el sector agroalimentario no va a verse tan afectado como el resto, también podemos estar seguros de que necesitará profundas transformaciones para garantizar su rentabilidad futura. Para ello hay que activar la experiencia acumulada durante estos últimos años, tanto en España como en otros lugares del mundo, y aprovechar la ventaja comparativa que se pueda tener de cara a la obtención de financiación.
Terminando como comenzamos, todo es susceptible de empeorar, pero también es posible la mejora. En todos los sectores y en todos los mercados hay oportunidades y el tejido empresarial provincial ha dado muestras en el pasado de un dinamismo envidiable, que seguramente volverá a hacer acto de presencia a poco que escampe el temporal. Al mismo tiempo, hay que insistir en la necesidad de medidas que mejoren nuestra competitividad en el largo plazo (educación, infraestructuras, mejora de la eficiencia de la administración pública, etc.) y de otras que alivien la situación de familias y empresas en la actual coyuntura.