viernes, agosto 28, 2009

¿Dónde están los brotes verdes?


El presidente del Gobierno ha dicho hoy que ya hemos pasado lo peor de la recesión. Para ello ha comentado la notoria mejoría de alguno de nuestros vecinos, como Alemania y Francia que han dejado atrás las tasas de crecimiento intertrimestrales negativas. Sin embargo tan cerca como anteayer el INE corregía a la baja la tasa de crecimiento de 2008 y de 2007 (y al alza la de 2006). La corrección más intensa fue para 2008, en el que la cifra oficial pasó del 1,2% al 0,9%. Tres décimas. Pero es que ayer se publicaba el PIB trimestral, que era peor de lo previsto y nos llevaba a una tasa interanual históricamente negativa para el segundo trimestre: -4,2%.
Entonces: ¿en qué se basa el Gobierno para decir lo que dice? ¿Es que Zapatero es muy tonto o vive en una realidad paralela? Vaya por delante que no confío en la inteligencia de la clase política española: no es que carezca de ella, es que no la ponen al servicio de la sociedad a no ser que esté en juego su cabeza; pero en esta ocasión creo que hay algunas razones de peso para dar por medio buenas sus palabras (nótese: medio).
La primera, por desgracia, es que pocas cosas pueden ir a peor con intensidades crecientes. El ajuste de la construcción se ha llevado a cabo de manera rápida y con resultados dramáticos en el empleo, los concursos de acreedores pierden velocidad y las actividades inducidas (industria de materiales y empresas de servicios) han reajustado a su vez sus plantillas.
La segunda es que las medidas fiscales han comenzado a dar algunos frutos: recordemos la relativa mejora del paro registrado y el ligero aumento de la afiliación, o el aumento de las ventas de coches en agosto (recordemos que la decisión de compra de coche implica normalmente un compromiso de pago diferido en el tiempo). Aunque, posiblemente, de no lograrse que el consumo interno se reactive de aquí a diciembre, podamos asistir a un nuevo deterioro por la finalización del Plan E.
La tercera es que la confianza de las empresas y de los consumidores claramente han cambiado de tendencia, lo que se traduce también en una recuperación de las cotizaciones bursátiles, y lo que implica que sus expectativas no son a mucho peor, sino sólo a un poco peor.
La cuarta razón se deriva de la clara mejora en la economía mundial y las potenciales implicaciones que ello puede tener para nuestro turismo y para nuestras industrias, si es que logran mejorar su competitividad y darle un verdadero vuelco a la balanza de pagos, que de momento está recogiendo los frutos de un descenso de las importaciones.
En suma, es cierto que en España es bastante probable que comencemos a ver la luz al final del túnel, aunque, dada la intensidad de nuestro ajuste y los problemas enormes en el mercado laboral, esa salida se me antoja aún lejana. La destrucción de empleo tiene efectos demoledores sobre la confianza de las familias, las cuales no olvidarán fácilmente este episodio y no impulsarán el crecimiento con su consumo en mucho, mucho tiempo.

Las intermitencias de la muerte, de José Saramago

¿Qué pasaría si de pronto la muerte (con minúsculas) dejase de actuar? Este es el punto de arranque de la novela. Aunque, en realidad, son dos relatos diferentes con un protagonista común: la muerte.
En la primera parte se narra lo que sucede en un país en el que la muerte ya no afecta a las personas. Desde un determinado momento ya no se muerte nadie, los moribundos siguen indefinidamente en ese estado y los viejos son cada vez más viejos, para desesperación de la Iglesia y las empresas de Pompas Fúnebres.
A lo largo de la primera parte del libro (para mi gusto la mejor) asistimos a los problemas y las soluciones que los habitantes de dicho país ponen en práctica, desde las familias campesinas hasta los políticos y los gánsteres (impagable el hallazgo de la Maphia).
En la segunda parte, la muerte intenta por todos los medios acabar con un músico que se resiste a cumplir con su destino. Como ya he comentado esta parte es la menos original y, a ratos, llega a ser bastante previsible.
Con todo, el conjunto del libro mantiene el interés, aunque como se deriva de mis anteriores comentarios, va claramente de más a menos. Literariamente, eso sí, el libro está estupendamente bien escrito, con un estilo narrativo bastante fresco y original, en tono de crónica periodística, en el que el narrador se divierte desinformando al lector y contándole la verdad en el momento inmediato.
Mi calificación: 7,5 sobre 10.

martes, agosto 25, 2009

Ciudad de ladrones, de David Beniof

Una grata sorpresa para este verano de variadas lecturas. Esta novela narra las correrías de un adolescente de Leningrado durante una semana en pos del cumplimiento de una misión surrealista para salvar su vida. Acompañado por un soldado optimista y conquistador el protagonista recorre la ciudad, cruzándose por el camino con todas las miserias que una ciudad sitiada y aislada puede contener.
Durante esa semana, el chico conocerá a la que será su esposa, perderá a un amigo y matará a un par de soldados nazis. Y todo ello, por una docena de huevos.
La historia es muy atractiva y tanto los personajes como el ritmo narrativo son estupendos (aunque tengo que añadir que a mi abuela no le está gustando –claro que no sé si realmente la está entendiendo–). Beniof cuenta la historia por la boca de su abuelo, el que teniendo 15 años vivió el asedio de la ciudad y que sufrió la orden de encontrar una docena de huevos para un pastel de bodas. Sin embargo, algunos detalles resultan tan absurdos que cuesta distinguir si son realidad o más bien añadidos del autor.
Como decía, el ritmo de la narración es muy bueno y las cosas que les suceden al protagonista y a sus amigos te enganchan desde el principio. A lo largo de las páginas de la obra uno puede encontrarse con lo peor y lo mejor del género humano: caníbales, niñas prostitutas a la fuerza, partisanos sanguinarios, nazis, traidores, amigos de verdad, etc.
Mi calificación: 8,0 sobre 10 (merece la pena).

sábado, agosto 22, 2009

Informe sobre la blogosfera hispana de bitacoras.com

Os adjunto el reciente informe publicado por Bitácoras.com al respecto del estado de la Blogosfera hispana. Por cierto, los gráficos tienen toda la pinta de haber sido realizados en Numbers, la hoja de cálculo de Apple.

Informe sobre el estado de la blogosfera hispana 2009

Las muertes de Pasolini, de Francisco Cortés

Paco Cortés es un alma renacentista encerrada en una forma barroca. Su prosa es excesiva, más aún su prosa poética. El problema de comentar este librito es que podría dejar a un lado la objetividad, llevado bien por la amistad con el autor, bien con la sana envidia por su capacidad para publicar en papel no sólo sus reflexiones económicas. Lo advierto de antemano para que el lector no se fíe mucho de este comentario y como débil excusa para no ponerle la calificación de costumbre.
Como ya he dicho se trata de poesía en prosa, alrededor del personaje y del hombre que fue Pier Paolo Pasolini. A lo largo de las páginas se destilan detalles de la vida de este polémico creador italiano. Pero es sólo una excusa para que Cortés nos sorprenda con su conocimiento del lenguaje y su manía por los adjetivos. Parecería que no puede existir un sustantivo sin una amplia cohorte de adornos florales en forma de calificativos. Desde mi punto de vista sobran muchos de ellos, se lo dije al autor. Pero, también, si no estuvieran, no sería él: barroco hasta el exceso. Fruto de ese barroquismo emergen párrafos realmente maravillosos, llenos de ritmo y belleza, independientemente de su sentido.

viernes, agosto 21, 2009

Sakamura, Corrales y los muertos rientes, Pablo Tusset

Las vacaciones han sido pródigas en lecturas. De momento han caído cuatro, pero quiero comenzar por éste, porque es el más apropiado para unos días de desconexión completa. No se trata de una obra maestra de la literatura, es una sátira político-policial, ambientada en un futuro cercano, en una España cercana.
En un recóndito rincón de la Costa Brava comienzan a aparecer cadáveres de extranjeros sin muestras de violencia y con un rictus riente la mar de extraño. La Interpol manda a investigar a un inspector japonés, que aprendió castellano en un manual de una tele Sony, y el Ministerio del Interior español le pone para ayudarlo a un sargento chusquero de la Guardia Civil.
A lo largo de la historia van apareciendo multitud de personajes, a cual más disparatado, destacando algunos presidentes autonómicos y el propio presidente del Gobierno español.
Como ya he dicho, no pasará a la historia de la literatura, pero para pegarse unas cuantas risas, es estupenda.
Mi calificación: 7,5 sobre 10.