miércoles, noviembre 25, 2009

Otra nueva proyección

Como casi todos los años por estas fechas me piden proyecciones y previsiones para el año siguiente: 2010 se presenta cargado de incertidumbres y, la verdad, cuesta bastante ser optimista:


Se van a reir. Para escribir este artículo he recurrido a un pequeño programa de proceso de textos zen. Una pantalla sin fondo ni menús, un sonido de fondo que evoca el murmullo de un riachuelo y las pulsaciones del taclado convertidas en gotas de agua. De esta forma mato dos pájaros de un tiro: pruebo la beta de este curioso trozo de software y encuentro el estado de ánimo adecuado para realizar una nueva proyección de futuro.
De cara a terminar con buen sabor de boca, comenzaremos con las malas noticias. Almería y España se encuentran sumidas en una profunda recesión, que ha tenido su origen en la restricción crediticia originada por la crisis financiera internacional y en la explosión súbita, aunque prevista, de nuestra particular burbuja en el mercado inmobiliario. La restricción del crédito afecta a todos los sectores de la actividad: los bancos no obtenían dinero en los interbancarios, ergo no prestaban en el mercado de crédito nacional. La explosión de la burbuja, por su parte, se ha convertido en una onda que comenzó afectando al sector de la construcción residencial, y que paulatinamente se fue extendiendo al resto de los sectores. Almería no fue una excepción en el conjunto del territorio nacional. Es más, nuestra situación costera, la mayor incidencia relativa de la inmigración, una población más joven y la vorágine económica propia de los últimos años, provocaron que la construcción alcanzara en Almería el 16% del PIB y el 20% del empleo. Estas magnitudes, que en su momento contribuyeron a mejorar nuestros niveles de riqueza y de empleo de manera considerable, en la fase descendente del ciclo provocaron un rapidísimo deterioro de nuestro PIB y del empleo, llegando la provincia a alcanzar en menos de un año el registro de paro más alto del país.
Digamos que este desenlace era, en cierta forma, previsible. El guión previsto era que la indutria y la agricultura tomarían el relevo de la deteriorada construcción. Sin embargo, esto no ha sucedido, ni en Almería, ni en España. En Almería porque nuestra principal industria, la del mármol, se ha visto directamente afectada por la caída de la construcción y porque la agricultura, aunque la disminución de la demanda ha sido menos pronunciada, los precios se han comportado de forma muy desfavorable, por lo que no ha podido actuar como el revulsivo que la economía almeriense necesitaba. Por si fuera poco, al proceso de ajuste que venía sufriendo el sector del turismo, se le añade ahora la contracción de la demanda extranjera: no en vano alemanes y británicos (nuestros principales clientes) han sido de los que más han sufrido la crisis internacional.
¿Que nos queda? Apenas nada. Y todo. Seguimos teniendo en cada uno de los sectores que hemos mencionado un músculo que otros envidian. Es cierto que hemos perdido algo de masa, pero con ella hemos dejado también grasa, de esa que nos impide correr con soltura o que nos obliga a sudar más de lo deseable cuando lo hacemos. Nuestra oferta hotelera y de ocio es buena y variada. La industria de la piedra natural ya se ha enfrentado antes a una situación similar y fue capaz de solventarla y, finalmente, la agricultura almeriense sigue siendo una potencia a nivel europeo. La mejora de las economías europeas tarde o temprano tendrá que impactar de manera favorable en nuestra balanza comercial, el consumo nacional parece a punfo de volver a tasas trimestrales positivas y la inversión (también la privada) ya muestras síntomas de recuperación.
La duda es en qué momento todos estos síntomas se convertirán en realidades tangibles, en registros positivos del PIB. Algunos analistas plantean que el deterioro de la situación es tan elevado que costará más tiempo que en el resto de Europa. Otros plantean que la economía española es más dinámica de lo que se piensa y que posiblemente a finales de este año abandonemos la recesión. O sea, que si tenemos en cuenta las previsiones más optimistas, a lo largo de los primeros meses de 2010 la economía provincial debería estar creciendo de nuevo. Y si hacemos caso de los menos favorables, esto no sucedería hasta 2011. La siguiente pregunta es hasta cuándo seremos capaces de mantener altas tasas de paro sin que afloren conflictos sociales. Esa respuesta, desgraciadamente, es mucho menos previsible que la anterior...

martes, noviembre 10, 2009

El día antes de la felicidad, de Erri de Luca

Deliciosa novela, escrita con una dulzura que me ha recordado en ocasiones a "La sonrisa etrusca" de José Luis Sampedro. Narra la historia de un niño que se cree huérfano en el Nápoles de los años 50. Su vida transcurre entre la escuela y el edificio en el que habita una pequeña habitación. Sus mejores amigos son los libros que le presta diariamente un viejo librero y el portero de su finca, lo más parecido a un padre que ha conocido. Con las historias que le cuenta este hombre, un emigrante a Argentina que tuvo la suerte de volver a Italia para vivir la II Guerra Mundial, y un amor platónico de miradas cruzadas el niño se hace hombre.
La novela es corta, pero intensa. Se lee muy rápido y tiene momentos sublimes, como la narración que hace el portero de la rebelión de los napolitanos frente a las tropas alemanas. En ella, los protagonistas son las personas, una a una. Francamente, desde mi punto de vista el mejor momento. Lástima que lo estropeé cuando llegan las escenas de amor: no es creíble que un adolescente hable de esa forma, más propia de un culebrón de los 80 por lo cursi. (Claro, que también es posible que tenga que ver con la traducción y que en el original italiano no quede tan raro). En cualquier caso, es una de las mejores que he leído en los últimos tiempos y la recomiendo ardientemente.
Mi calificación sobre 10: 9,0.

Crisis, año 2

Otro trabajo de negro institucional, aunque no estoy segurode que éste vaya a cuadrar con el autor...

Aunque estamos ya a finales de 2009, esta revisión completa y prolija del año 2008 nos sirve de recordatorio de cómo fueron los comienzos de la crisis en la que ahora comenzamos a poder ver algunos claros en el horizonte.
El repaso de 2008 nos muestra una provincia que comenzaba a sufrir los primeros envites serios de la recesión, antes incluso que a nivel nacional y con una intensidad y velocidad de ajuste sin precedentes. Almería, que había sido ejemplo para el resto de Andalucía en materia de empleo, se comenzaba a descolgar en su tasa de paro, impulsada primero por el deterioro de la construcción y, luego, por su contagio a otros sectores.
Aún siendo malo, sin embargo, 2008 fue sólo el principio, ya que la mayor parte de 2009 la hemos vivido metidos en una recesión de la que los más optimistas consideran que estamos saliendo durante el cuarto trimestre mientras que la gran mayoría de los analistas sitúan su final a partir de la primavera de 2010. Por tanto, seamos conscientes de que en la próxima edición de este clásico de la economía almeriense (cumple 21 ediciones) los datos serán peores, aunque los conoceremos, si todo va según el guión, en un momento de mayor optimismo.
No voy a pararme a hacer comentarios sobre la crisis, ya lo han hecho otros muchos y lo seguirán haciendo, mucho mejor de lo que pueda hacerlo yo. Al contrario, quiero comenzar a hablar de la postcrisis, del período inmediatamente posterior a la finalización de las tasa de crecimiento negativas y del trabajo que nos queda que realizar desde hoy mismo. Mi primera reflexión va referida a la forma de hacer negocios. Hasta 2007 la abundancia de liquidez había permitido la financiación de proyectos empresariales que no se sostenían más que en el papel. A partir de ahora, la restricción crediticia y el énfasis de la supervisión bancaria en el control del riesgo van a endurecer las condiciones de acceso al mercado financiero. La consecuencia positiva es que los emprendedores y empresarios tendrán que fundamentar mejor sus proyectos y tendrán que demostrar su rentabilidad, y que luego deberán aportar más y mejor información sobre el desarrollo de sus actividades. Es decir, es posible que, al menos a corto y medio plazo, disfrutemos de un mercado más transparente y sólido. En el fondo, hablamos de una mejora de nuestras prácticas de gobernanza, tanto pública como privada, en la que la ética y el autocontrol se conviertan en norma y no en excepción.
Una segunda derivada de la cuestión es el necesario y comentado cambio de patrón de crecimiento. En realidad, el profundo ajuste que han sufrido las economías española y almeriense, con un fortísimo impacto en la construcción y sectores adyacentes ya ha operado el cambio. Los servicios y la industria parecen los llamados al relevo. Si el Gobierno genera los incentivos adecuados, la inversión responderá rauda. Pero antes, es preciso reconvertir a toda una masa de trabajadores que ha quedado fuera del mercado y que necesita formarse en nuevas capacidades. También en este orden de cosas, se hace necesario una modificación del mercado de trabajo nacional, actualmente aquejado de una elevada temporalidad y de una evidente dualidad, en la que los trabajadores eventuales jóvenes sirven de válvula de escape para las cuentas de explotación de las empresas.
En este mismo sentido, cuando el vendaval quede atrás, habrá que hacer un extraordinario esfuerzo para recuperar la confianza de los ciudadanos. Políticos, financieros, empresarios y economistas están hoy día en “la picota”. Y hay que decir que muchos de ellos de forma merecida. Pero un país, para avanzar, necesita que todas las piezas de su entramado institucional funcionen de manera razonable y razonada. La ciudadanía tiene que recuperar la fe en ellas. La justicia tiene que hacer su trabajo y limpiar el patio de tahúres y jugadores de ventaja. Los partidos políticos deben hacer pedagogía ciudadana, orillando a los elementos indeseables, y algunos empresarios y empresas deberían mostrar un poco más de empatía por la sociedad.
Tarde o temprano la economía remontará,  pero el cómo de fuerte lo haga tendrá mucho que ver con las decisiones que estamos tomando ahora. Miremos el 2008 y aprendamos de nuestros errores. Miremos también el año 2009 y tomemos conciencia de los costes que tienen los excesos. Aprendamos de nuestros errores y seremos mejores.