jueves, diciembre 31, 2009

Aprendiendo a ser pobres

El Grupo Joly me ha pedido un artículo para su Anuario 2009. Eso es lo que me ha salido, no es que me guste demasiado, pero creo que se ajusta a lo que me han pedido. A ver que os parece:

Crisis, miedos y cambios en las pautas de consumo

Hay un sentimiento que se convierte en protagonista en todas las crisis: el miedo. Y, como sentimiento que es, en muchas ocasiones escapa a la racionalización, se niega a ella. El bulbo raquídeo lo va segregando y nuestros movimientos terminan por ser sus movimientos, a veces hasta puntos insospechados. Galbraith buscó en las burbujas especulativas del pasado elementos comunes que nos ayudaran a reconocerlas y combatirlas. Uno de ellos era el mecanismo de autoalimentación de las mismas, basado en una euforia desmedida; mecanismo que, una vez estallada la burbuja (todas terminan haciéndolo), se transforma en una espiral de desconfianza y pánico que precipita y multiplica el estallido y sus consecuencias.
A lo largo de todo 2009, España se ha visto atrapada en una recesión provocada por el ajuste del sector de la construcción y sus aledaños y por la denominada crisis financiera internacional. La metáfora de la tormenta perfecta apenas puede servir para describir la situación de nuestra economía a lo largo de estos meses. El PIB ha ido acumulando recortes y, lo que es peor, el número de parados ha ido creciendo de forma acelerada hasta casi rozar los 4 millones en el mes de noviembre. Así, el miedo al futuro, a lo desconocido, en España se ha materializado en un miedo mucho más corpóreo: el miedo al despido y al paro. El barómetro del CIS de diciembre no deja lugar a dudas: el paro es la principal preocupación de los españoles, alcanzando a un porcentaje del 79%, cuando justo 24 meses antes sólo preocupaba al 15,9%, situándose incluso por debajo del terrorismo.
Este particular “hombre del saco” de la economía española funciona como la humedad en los muros. Los va calando hasta que la mancha se extiende por toda la pared, debilitándola. Aunque, como es un miedo, y es en parte irracional, logra que muros que no están en contacto con el agua, terminen creyendo que si lo están. Me explico, un obrero de la construcción que siga en activo no sólo teme, sino que espera que de un momento a otro le den la carta de despido. Pero, como el miedo al paro cala, muchos funcionarios (a priori inmunes a las crisis) comienzan a pensar que a ellos también les puede pasar y terminan calcando los comportamientos del que se sabe pronto en el paro.
A lo largo y ancho de la escala social el miedo irracional va colándose por los resquicios que le deja la razón y todo el mundo, todo, se comporta como si el penúltimo sueldo fuera el último. Así, por ejemplo, la primera medida de la mayor parte de las familias es restringir el consumo, sobre todo aquel que tenga que ver con obligaciones de pago a largo plazo. Es decir, la compra de coches o de viviendas se restringe, o se elimina de los presupuestos ya que suelen ir acompañados de un crédito comercial o hipotecario. Las compraventas de viviendas llevan meses cayendo y las matriculaciones de vehículos solo han vuelto a tasas positivas gracias al programa 2000E del Gobierno. El resultado de este comportamiento es que el endeudamiento del sector privado se ha reducido a lo largo de 2009 y ha aumentado el volumen de los depósitos que los españoles mantenemos en las entidades financieras. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol.
Una de las novedades que la presente crisis está mostrándonos es la entrada del agroalimentario en el ciclo económico industrial. Jerónimo Molina lo explica a través de la política comercial de la Gran Distribución que, con el traslado de sus reducciones de precio en los lineales a los productores, está propiciando la delicada situación de la mayor parte de los agricultores. Sin dejar de ser cierto, el comportamiento de los consumidores también está provocando esta situación a través de dos importantes vías. La primera es que el cubo de la basura consume menos. Las compras de alimentación se realizan ahora de forma más ajustada, disminuyendo las posibles pérdidas por caducidad o por mal estado. La segunda es que hay productos (como los vinos, espumosos y licores) que reducen su consumo, al tiempo que en la mayor parte de los alimentos los precios unitarios se han visto reducidos por la política comercial de los distribuidores. Otro de los comportamientos novedosos es el impulso que han recibido los productos de marca de distribuidor (marcas blancas). Según la consultora Nielsen, en España la cuota de mercado de este tipo de marcas alcanzó en 2009 el 39%, aumentando 5 puntos porcentuales en sólo un año.
Dentro de las políticas de restricción del gasto familiar se encuentra el capítulo de bares y restaurantes, que ha sufrido un importante descenso en sus ventas (-14,7% en el acumulado hasta septiembre según el panel de consumo alimentario). No obstante, dentro de esta tendencia general, nuestras preferencias culinarias se han movido hacia las cadenas de comida rápida (y barata). Los McDonald´s se han convertido en uno de los principales vencedores de la crisis a costa de las cantinas y bares más tradicionales.
Otro de los capítulos de gasto que se modifican de manera importante es el de las vacaciones. Los españoles nos habíamos convertido en grandes viajeros, con una tasa de gasto en los destinos vacacionales relativamente elevada. Obviamente, una parte importante de las familias (sobre todo las más directamente afectadas por la lacra del paro) han debido olvidarse de las vacaciones, o se han tenido que conformar con regresar al viejo esquema del retorno al pueblo de origen de la familia. El resto, también ha cambiado sus hábitos. El viaje se ha reducido considerablemente, siendo sustituido por el disfrute del “ocio de proximidad”, y los destinos internacionales han dado paso nuevamente (ya ocurrió en la anterior crisis) a los nacionales, los cuales, además, han venido reduciendo sus precios de forma intensa a lo largo de los últimos meses.
A modo de resumen, la incertidumbre y el miedo al paro nos han cambiado: nos han hecho más sensibles al precio y a los atractivos de las marcas blancas; nos han obligado a disfrutar de nuestro hogar y de los recursos de ocio más cercanos al mismo, y nos han sacado de los bares y restaurantes, mientras intentamos reconstruir las finanzas familiares. En cierta forma, en 2009 hemos aprendido otra vez a ser pobres.

lunes, diciembre 21, 2009

Palabras de 2010




Hace un año, por estas fechas me puse en modo Gurú y, envuelto en una túnica tan colorida como las de Rapel, sintonizando la bola de cristal en Frecuencia Modulada (con decodificador), predije algunas palabras de las que con toda seguridad oiríamos hablar en 2009. La verdad es que el ejercicio era sencillo, lo de la recesión estaba cantado, lo mismo pasaba con facebook y las redes sociales.
Lo del mobilenet (®) era más atrevido y, claro, no se produjo. De cara al 2010 que se avecina he pensado que no estaría de más repetir el ejercicio para así ver dentro de 12 meses cuanto de desincronizado estaba mi olfato con la realidad.
Hace un año hablaba de los lectores digitales. A lo largo de los meses he ido siguiendo los muchos movimientos que a este respecto ha ido habiendo. A  Amazon se le han sumado otras grandes cadenas de librerías (como Barnes&Noble) y han surgido multitud de esfuerzos en este sentido, desde el lado de las tecnológicas, desde el lado de las editoriales y desde todos los lados. De hecho, si no ando muy descaminado el lector digital de libros va a comenzar a ser uno de los productos más vendidos estas Navidades. La tecnología ya está probada y los precios comienzan a ser atractivos para el común de los consumidores. Este lector digital (que acabará siendo multimedia y multiuso –el Mobilenet–) tendrá para el mundo editorial un impacto tan demoledor como lo fue la aparición de Napster para la industria de la música. Los libros van a ir abandonando poco a poco el papel. Y a medida que lo hagan, las librerías comenzarán rápidamente a declinar, muchas editoriales pasarán a mejor vida y, posiblemente, el trabajo de los editores no encontrará muchas posibilidades de rentabilizarse. El caso de los escritores es, si cabe, más complicado que el de los músicos, ya que éstos pueden cobrar por su música en directo, cosa que un escritor tiene más complicado, a no ser que se convierta en un ser multimedia y sea capaz de cobrar por apariciones en los medios, y por asistencia a conferencias. Lógicamente, los estertores de este negocio que apenas ha sufrido variaciones desde la aparición de la imprenta serán fuertes, violentos y, me atrevo a decirlo, completamente estériles. La tecnología es ya un motor de cambio tan importante en nuestra vida que no sería de estrañar que se convirtiera en breve en un motor de evolución de nuestra propia especie (¡TOMA YA PREDICCIÓN MILENARISTA!).
Otra palabra que espero escuchemos en el 2010 será recuperación, normalmente acompañada de los adjetivos insuficiente o débil. A su alrededor siempre aparecerá la palabra reforma y, en una mayoría de las ocasiones acompañada de la siguiente cadena de lexemas: "del mercado laboral". Y es que pasado lo peor de la crisis a lo largo de este 2009, lo esperable para el año que comienza es una leve mejoría de la situación económica, pero tan leve que no se vea acompañada de una mejora paralela de las cifras de empleo, enpujando a los políticos y a los llamados agentes sociales a buscar nuevos caminos para el mercado de trabajo.
Relacionado con lo primero y con lo segundo que hemos comentado, el mundo de las comunicaciones en España verá como el relativamente variado panorama que nos prometíamos con la TDT (la única ventaja del derrochador apagón analógico) se verá mermado con el proceso de fusiones entre medios de comunicación. Por otro lado, la ubicuidad será la característica más relevante de la forma en las que accedemos a la información: tv, diarios, ordenador, móvil, netbooks, lectores digitales, MP3, etc. Y esto condicionará la organización y el funcionamiento de las redacciones, más multimedias que nunca. Sin contar con el papel de los propios consumidores de información como prescriptores, correctores o simplemente comentaristas de las noticias.
Nuevamente en el terreno de los servicios oiremos un montón de veces las palablas globalización (con la mejora de las economías seguramente se redoblarán los esfuerzos de las empresas por posicionarse en el mercado global), liberalización y concentración (ésta como respuesta a las anteriores). La Ley Omnibus pretende provocar una vuelta de tuerca en algunos de los sectores más protegidos de la competencia. Si el invento funciona bien, dada la importancia de este sector en nuestra economía, a lo largo de los meses podríamos ir viendo algunas interesantes repercusiones.
Casi para acabar, creo que otro concepto que seguro tendrá un gran impacto será el de servicio universal de acceso a Internet. En la medida que el Gobierno vaya dando pasos en la dirección de establecer este servicio, el panorama de la presencia de internet en la vida de los españoles podrá resultar absolutamente transformado y ampliado en muchos niveles de magnitud.
Y, otro año más, el concepto de multidistribución, o generación distribuída, que irá calando en más y más ámbitos: la energía, los medios de comunicación (en los que la web 2.0 ha sido un verdadero revulsivo), los servicios tecnológicos, legales y fiscales, de enseñanza, de ocio, ...
Seguro que me estoy equivocando, pero ¿y lo bien que voy a quedar conmigo mismo si acierto? ;-)
¡¡FELIZ 2010!!

viernes, diciembre 18, 2009

Felicitación familiar


jueves, diciembre 17, 2009

Krugman dice que nuestros salarios deben bajar



Paul Krugman, en su blog de NYT hace hoy una referencia a la economía española. En la breve entrada hace referencia a la falta de capacidad sobre nuestra moneda para recuperar competitividad. Dice que, si tuviéramos una peseta aún, podríamos devaluar y recuperar competitividad. Pero, dado que nos encontramos dentro de la Eurozona, no disponemos de esa capacidad.
Su conclusión es que, por tanto, nuestros salarios (reales, se entiende) deben reducirse para que nuestras empresas recuperen esa competitividad perdida. No le falta razón, esa es una posibilidad. Sin embargo, creo que la mejora de la productividad es una vía igual de válida y es posible que hasta más rápida. De momento, seguro que ya ha aumentado sustancialmente la del factor trabajo, y los recientes aumentos en la inversión en bienes de equipo podrían señalar en la dirección de mejoras en la productividad total de lo factores (PTF).

Un océano de liquidez




Cuando en septiembre de 2008 saltaron todas las alarmas en los mercados financieros internacionales, los responsables de la política monetaria de medio mundo, respondieron al envite de una forma decidida y absolutamente de espaldas a las teorías sobre las expectativas racionales o los mercados eficientes. Tras la caída de Lehman Brothers, los Bancos Centrales y los Estados se afanaron en la tarea de reflotar bancos y entidades de seguros, así como de inyectar toda la liquidez del mundo en los mercados para evitar el pánico, el colapso del sistema financiero y, por consiguiente, la entrada de la economía mundial en un escenario de depresión generalizada. Es decir, se arriesgaron a un mal menor (inflación) por contener uno mucho mayor y destructivo (depresión).
Afortunadamente, parece que aquel peligro ha sido conjurado. Muchos de los bancos salvados in extremis están comenzando a devolver las ayudas públicas, la confianza en el interbancario se ha recuperado y muchas economías han retomado la senda del crecimiento (aunque casi todas de forma muy débil aún). El resultado de todas las acciones, tradicionales y extraordinarias, llevadas a cabo por las autoridades es que los mercados se han convertido en verdaderos océanos de liquidez.
Muchos analistas han señalado desde el principio de esta crisis que se estaba combatiendo con unas armas que eran muy peligrosas, ya que los bajos tipos de interés y las inyecciones extraordinarias de liquidez, estaban en la propia base de la situación. Y esto, sin tener en cuenta las perversas repercusiones que en términos de azar moral podríamos estar incubando. Como hemos señalado, el fin realmente justificaba los medios.
Sin embargo, el dilema actual radica en elegir bien el momento para ir drenando todo ese océano creado. En Australia o Noruega ya han comenzado a subir tipos y el BCE ha anunciado el final de las medidas extraordinarias. No obstante, este mismo banco se ha apresurado a señalar (al igual que la Fed) que los tiempos de tipos bajos aún no han terminado. Queda patente el miedo a truncar las incipientes recuperaciones; por eso la política monetaria se está basando hoy más que nunca en los mensajes. Los gobernadores de los bancos centrales se esfuerzan por hacer llegar a los agentes el mensaje de que poco a poco se irán retirando todas las medidas y que el grifo del dinero se irá cerrando. Esta apuesta nos parece la correcta, entendiendo que los agentes terminarán por interiorizar las pretensiones de los reguladores, contribuyendo con su comportamiento a una regularización del sistema. Sin embargo, desde el punto de vista de la economía española, teniendo en cuenta que aún se encuentra en recesión y que no son esperables grandes crecimientos en breve, y que sus tasas de desempleo son singularmente elevadas, nos cabe la duda de que el cambio de ciclo monetario nos pueda coger aún en un estadio en el que éste nos perjudique seriamente.
Por ello, entendemos que desde el Gobierno deben acelerarse los esfuerzos conducentes a animar la economía nacional, haciendo hincapié en la imperiosa necesidad de entablar una reforma de nuestro mercado laboral, sobradamente flexible, pero innecesariamente injusto. No podemos permitirnos el lujo de darnos plazos excesivamente largos, ya que es ahora cuando la credibilidad internacional de la economía española se la está jugando.

martes, diciembre 15, 2009

El inmobiliario, un sector de ida y vuelta

Hace unas semanas, pasé buena parte de la mañana de un domingo en un Curso de Otoño de la UAL, en Albox, sobre el mercado inmobiliario. Me sirvió para releer a Galbraith y su Breve Historia de la Euforia Financiera. Espero que os resulte útil y entretenida (y que no os deprima demasiado)...

lunes, diciembre 14, 2009

El hombre como agente geológico, Gaia y 4 tesis sobre el clima de la historia


Llego a este artículo de Anaclet Pons a través de una recomendación de Bienvenido Marzo. Se trata de un resumen del artículo de Chakrabarty, “The climate of history: Four theses” al cual me dirigiré en cuanto tenga un par de minutos libres. En en resumen de Pons, estas son las 4 tesis:

  1. Las explicaciones antropogénicas del cambio climático suponen el colapso de la antigua distinción humanista entre la Historia Natural y la Historia Humana.
  2. La idea del antropoceno, la nueva era geológica en la que los seres humanos existen como fuerza geológica, matiza profundamente las historias humanistas de la modernidad/globalización.
  3. La hipótesis geológica relativa al antropoceno nos obliga a relacionar las historias globales del capital con la historia de los humanos como especie.
  4. El entramado de la historia de las especies y de la historia del capital es un proceso de exploración de los límites de la comprensión histórica.

Cierto, es un artículo muy sugerente, aunque, a mi modo de ver, no está descubriendo nada que no existiera ya en el “ruido de fondo” de las ciencias sociales. Por ejemplo, algunos planteamientos de la Gran Historia están imbuidos de esas 4 tesis que plantea Chakrabarty. También lo están los trabajos de Diamond, incluso desde el punto de vista de la economía ecológica es esa una de las ideas recurrentes. Lo mismo sucede con algunas aproximaciones desde el campo de las ciencias de la vida, así la idea de la Sexta Extinción Masiva es una tesis que encaja a la perfección en el reajuste ideológico que plantea Chakrabarty.
En el fondo, lo que me parece que hay detrás de estas tesis, demasiado enfocadas en el antropoceno, es una nueva vuelta de tuerca en torno a la idea de Gaia. En este sentido, el planeta es un sistema completo en el que cada uno de los elementos interactúa con el resto. Desde el principio de su formación, su geología y su biología se han modelado mutuamente. Nuestra atmósfera no es rica en oxígeno por casualidad, lo es gracias a la fotosíntesis, y ésta se desarrolló gracias a la presencia masiva de CO2. Las plantas aprovecharon ese recurso como elemento alimenticio. Bajo este punto de vista, en realidad, no estaríamos asistiendo a nada esencialmente nuevo. Posiblemente, la única novedad radicaría en el elemento tiempo, en lo pequeño de la escala en la que los seres humanos hemos llegado a ser tan numerosos y poderosos como para tener influencia sobre el estado de la naturaleza en varias dimensiones.
En cierto sentido, también, cabría una lectura apocalíptica en la que la especie humana estaría actuando como un parásito. Y el problema de las relaciones parasitoides es que suele acabar mal para los dos individuos, mientras que sólo en las relaciones simbiontes se puede encontrar un beneficio mutuo. Siguiendo en plan Fin del Mundo, ¿seremos capaces de convertirnos en simbiontes con el planeta o lo dejaremos “morir” (lo pongo entre comillas porque pensar que podemos matar el planeta no es justificable desde la perspectiva Gaia), muriendo nosotros con él?

martes, diciembre 01, 2009

La imaginación como herramienta del aprendizaje

A veces Punset me parece un tipo realmente insoportable, con ese ritmo cansino en el habla y la gesticulación excesiva. Sin embargo, como divulgador no tiene precio. Llego a este episodio de Redes a través de una conversación con mi amigo, Nacho Escobar, en FaceBook, y debo reconocer que es muy interesante. La idea base es que las especies con un período más largo de inmadurez son de adultos, las que tienen una inteligencia más sutil.
La segunda idea es que la imaginación es el mecanismo que usan los bebés y los niños pequeños para aprender. Y esa capacidad de imaginar es la que nos permite conjeturar, es por ella que somos capaces de elaborar contrafactuales.
Y no os perdais la parte en la que hablan del amor o de la moral. No tiene desperdicio. ¡Tenemos una moral innata!
Que aproveche.