El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad


Hace unos años emprendí la tarea de leer todos los clásicos de la literatura universal, luego de haber leído una gran parte de la novela latinoamericana desde los 60. El reto, creo que sobra decirlo, no fue cumplido: ni tengo la paciencia necesaria, ni mi curiosidad es capaz de retener mis ojos por mucho tiempo en una misma cosa. De aquella época quedaron una pequeña colección de clásicos (sobre todo de la literatura latina), algunas lecturas muy provechosas (como la del Quijote –cuando hube de hacerlo en el colegio, me apañé con una edición infantil y lo que recordaba de la serie de dibujos animados–).
Hace unos meses, cuando vi en el catálogo del Círculo de Lectores una edición ilustrada del libro de Conrad (por Ángel Mateo Charris), y recordando el placer cuasi orgásmico que sentí al ojear la edición de lujo de Las mil y una noches del mismo Club, no pude por menos que comprarlo. Los que alguna vez me han leído ya sabrán que estoy a la espera de que aparezca en el mercado español el iPad, convencido de que el libro como soporte de lectura masivo está a punto de morir, barrido por las ediciones digitales. Y puede que les llame la atención el deleite que me produce el papel. A lo mejor no lo entienden, pero es como el drogadicto que sabe que su adicción no tiene futuro, pero no puede dejar de hacerlo (salvando todas las distancias).
En fin, una vez comprado y satisfecho el ansia de mirarlo, me dispuse a leerlo. Un marino inglés narra a lo largo de una noche los meses que se pasó al mando de un vapor en lo más profundo de la selva africana, a las órdenes de una compañía francesa que explotaba el marfil de aquellas tierras. A lo largo del relato, el protagonista no sólo recorre el río, sino que explora también la propia naturaleza humana y los motivos que impulsaban a los europeos a aquellos rincones. Su objetivo es otro hombre: uno atrapado por las tinieblas de la jungla: un hombre que es respetado y temido por los europeos y que se encuentra enfermo.
Imagino que en su día, la novela debió resultar desazonadora para los lectores británicos, pero hoy resulta hasta cierto punto "infantil". Los párrafos en los que se describen los ataques indígenas, o la negrura de la selva han perdido algo de lo que debió ser su primigenia oscuridad, ya que para alguien que ha visto imágenes de muertos y muertes sangrientas tanto en la tele como en el cine, los supuestos horrores ya no lo son tanto.
En conclusión, una novela a la que en parte le pesan los años, pero que describe de manera magnífica la naturaleza del ser humano, ya que esta apenas ha cambiado a lo largo de la historia.
Mi calificación: 7,5 sobre 10.

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