Ahorrar o consumir

¿Ahorrar o consumir?
Ésta es la disyuntiva en la que parecen haberse enrocado las principales economías mundiales. Por un lado, las economías europeas, acosadas por las suspicacias y con el euro en cuestión, abogan por los ajustes fiscales y por el ahorro; poniendo fin a la era de las políticas fiscales expansivas. Por el otro, Estados Unidos, que sigue abogando por la expansión de la demanda como principal herramienta de fomento del crecimiento.
Ambas posiciones se enfrentarán en la próxima reunión del G20, aunque podemos estar seguros de que no se llegará a ningún acuerdo al respecto. Del lado europeo, la posición germana, enrocada en la necesidad de los ajustes y más interesada en la salvación de sus propios muebles que en la buena marcha de la UEM, exige de sus socios un esfuerzo que a muchos de ellos los dejará al borde de la inanición. Con sus exportaciones creciendo, los descensos del euro con respecto al resto de divisas no hacen más que lubricar la maquinaria industrial alemana. Por tanto, no es esperable un cambio a corto plazo en sus planteamientos.
EEUU sigue planteando interrogantes en torno a su recuperación, de ahí el mantenimiento de los tipos de interés tras la última reunión de la Fed, e insiste en la necesidad de mantener los incentivos a la actividad económica. Desde su perspectiva, la única forma de hacer frente a su deuda externa es el aumento del PIB, por lo que es partidario de mantener incentivos hasta que la recuperación tome fuerza (tal vez aleccionados por su propio pasado). Al mismo tiempo, presionan a China para que liberalice el comportamiento del yuan y ganar competitividad internacional por esa vía.
Sin embargo, dado que China tiene sus propios problemas, en forma de protestas de los trabajadores industriales por la escasez de sus salarios, no es muy probable que se sensibilicen con las necesidades de los americanos.
En suma, durante estos últimos meses hemos asistido a la ruptura de la unidad de acción entre EEUU y Europa, ambos enfrascados en políticas distintas. Es muy posible que las medidas tomadas por la mayor parte de los países europeos tengan repercusiones negativas sobre su crecimiento (veremos con toda probabilidad la materialización de la famosa hace unos meses W), aunque también es cierto que la crisis de liquidez vivida en los mercados internacionales tras el caso Grecia no dejaba demasiadas salidas. Sin este puntal de demanda, la economía estadounidense no va a contar con la demanda externa para su expansión, pues de los mercados asiáticos no es fácil que le lleguen buenas noticias a corto plazo, y va a tener que buscar el crecimiento en los horizontes internos.

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