Chile, más allá de la mina

Este es un artículo que me han pedido desde el Diario de Almería y que debería publicarse el próximo fin de semana. No estoy demasiado orgulloso de él, particularmente, el final me ha salido demasiado abrupto, aunque en mi descargo debo decir que había una restricción de espacio (que me he saltado como siempre) y las secuelas de una terrible noche de resfriado con toses y desvelos varios.


Hace 12 años, siendo presidente de la Cámara de Comercio Cosentino, tuve la oportunidad de realizar un viaje de prospección al país andino. Recorrimos la mitad norte de Chile, desde la Región de Arica hasta el BioBio, pasando por la propia Arica, Iquique, Antofagasta, Santiago y, finalmente, Concepción.
Chile entonces era interesante (aparte de por sus enormes recursos mineros y su industria pesquera) porque daba cabida a una de las agriculturas más avanzadas del subcontinente, la única que podía alegar que había logrado triunfar contra la mosca de la fruta y que, por tanto, tenía un acceso más sencillo en el enorme mercado estadounidense.
Otra de las ventajas del país era su situación estratégica, sirviendo de puente de unión entre los grandes gigantes de la zona: Brasil y Argentina, con la zona andina. Estas características (a las que había que sumar una creciente estabilidad política) lo hacían un candidato interesante para recibir inversiones y ofrecer un mercado a los productos almerienses (sobre todo a los de la industria auxiliar). Particularmente esto era así con respecto a su extremo norte en el que por aquel entonces se estaba desarrollando una agricultura de primor similar a la nuestra, aunque en un estado de desarrollo tecnológico y de manejo bastante más atrasado.
De aquel viaje surgieron algunas iniciativas que jugaban con la frontera entre Chile y Perú, país que había ofrecido incluso suelo en la Quebrada de Hospicio. Aunque casi todo se vino abajo cuando el juez Garzón emitió la orden de busca y captura contra el exdictador chileno, Augusto Pinochet, congelando los proyectos y las relaciones.
Hoy, las cosas han cambiado. El eje de desarrollo económico ha pivotado claramente hacia Brasil que actualmente juega en la liga de los países emergentes. Pero Chile, ahora un poco más desenfocado, sigue ofreciendo grandes oportunidades. La estabilidad sigue siendo mucha, el desarrollo de sus infraestructuras ha avanzado bastante y su economía ha seguido registrando interesantes tasas de crecimiento. Incluso sigue siendo un país de fiar (está mejor situado que España en el último cálculo del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional), y mantiene una situación estratégica muy favorable, que aumentará varios enteros el día que esté finalizada la Carretera Interoceánica entre Brasil y Perú.
Construcción, transporte, industria auxiliar y consultoría agraria y bienes de equipo se perfilan como los sectores que más oportunidades tienen hoy en aquel lejano mercado; también la inversión directa en diversos sectores son factores a tener en cuenta. La cercanía cultural, unos sectores productivos coincidentes y la experiencia acumulada por las empresas españolas en la zona nos ponen en franca ventaja con respecto a las empresas de otros orígenes.

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