Resumiendo 2010

Como resultados principales de este ejercicio económico hay que destacar la reactivación de la actividad a partir del primer trimestre del año, aunque bien es cierto que con unos niveles muy débiles que no permiten aún mostrarse optimistas en demasía con respecto al futuro inmediato. Tanto el ISINO como el propio dato del PIB muestran un comportamiento similar, señalando el final de la recesión pero sin mostrar el brío que cupiera esperarse.
Las razones a esta debilidad están relacionadas con la profundidad de la crisis, pero también con la incertidumbre de los agentes económicos españoles y la naturaleza financiera del conflicto. En un escenario de deflación de deuda el ajuste se hace más complicado y prolongado, ya que a las circunstancias comunes de cualquier crisis, se le suman las rigideces financieras. Japón ya vivió algo similar durante la última década del siglo pasado, aunque agravada por un proceso deflacionario en los precios finales de los bines y servicios nipones.
Por otro lado, el ajuste en la economía española se ha cebado con el empleo, provocando un aumento sin precedentes de la tasa de paro, y la entrada en situación de riesgo de exclusión económica de un número importante de ciudadanos. Esta reacción, podríamos decir que ya tradicional, se ha visto intensificada al ser el sector de la construcción (el que más fuertemente se ha visto afectado) muy intensivo en empleo. La situación de burbuja en la que se encontraba el mercado inmobiliario y el amplio número de sectores y actividades conexas ha amplificado los efectos y ha servido de sistema de retroalimentación para la propia crisis financiera.
Todo este conjunto de factores implican que el escenario de futuro no sea precisamente claro y que, pese a los brotes verdes que se han podido observar a lo largo de 2010, tanto los analistas como los propios mercados de capitales internacionales, mantengan serias dudas sobre la capacidad de la economía española para recuperarse.
En un claro ejercicio de búsqueda de la simpatía de esos mercados financieros, el gobierno español ha anunciado y realizado una serie de reformas dirigidas, por un lado, a equilibrar las finanzas públicas a corto y medio plazo y, por otro, a flexibilizar algunos de los cuellos de botella de la economía nacional. Muchas de estas medidas van a tener un cierto impacto en los sacrificios añadidos que la ciudadanía tendrá que sufrir durante este proceso, otras podrían constituir una oportunidad para reordenar los servicios públicos y las competencias de cada una de las Administraciones, evitando en la medida de lo posible los actuales conflictos y solapamientos.
Este período que estamos viviendo es, desde el punto de vista del observador curioso, una prueba de fuego para los gobiernos occidentales. El juego de los equilibrios está redibujándose, dando paso al poder creciente de los denominados países emergentes, imprescindibles actualmente para dilucidar la resolución de este nudo gordiano que es la crisis mundial. China, India y Brasil se han convertido en grandes acreedores internacionales. Son los países que han financiado el déficit exterior de Estados Unidos o España y, ahora, deberían sacrificar una parte de su posición excedentaria para dejar margen de mejora a las economías occidentales. El problema surge cuando China no está dispuesta a sacrificar el férreo control que mantiene sobre su divisa, artificialmente devaluada.
Las cartas están sobre la mesa, y 2011 debe ser el año en el que comiencen a vislumbrarse algunas soluciones, lo que no sabemos aún es cuáles serán las elecciones que tomarán los gobiernos y los mercados, incluso si habrá una pérdida de poder de los unos en manos de los otros, de lo que si que estamos seguros es de que el futuro se está comenzando a escribir ahora.

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