domingo, mayo 23, 2010

La venganza de la Tierra, de James Lovelock

A medio camino entre el testamento vital y el trabajo alimenticio, en esta nueva entrega del padre de la teoría de Gaia, se nos presenta un planeta en estado de peligro inminente, con la mayor parte de los umbrales críticos sobrepasados y al borde de un colapso que arrase con el ser humano y con el resto de la creación. Según la hipótesis Gaia el planeta se comportaría como un ser vivo, en el que la vida y el propio planeta coevolucionan, de forma que se mantienen unas condiciones relativamente estables a lo largo del tiempo, de forma que pueda existir vida. O sea, el planeta se autorregula con la intención de mantener las condiciones necesarias para la vida.
El aspecto de trabajo alimenticio se lo da el propio tamaño y estilo en el que el libro está escrito. Unos meses antes de que el IPCC presentase su 4º informe y con ese título tan apocalíptico, el éxito editorial sería cosa hecha. Pero también tiene pinta de ser una especie de testamento intelectual, en el que Lovelock (ya muy mayor) cuenta el desarrollo de su teoría, se explaya en la crítica del autismo de las distintas ramas científicas y, en fin, dibuja un panorama muy pesimista del futuro (como hizo también Galbraith en su última obra).
Con respecto al contenido, hay aspectos muy controvertidos, como la clara apuesta por el uso de la energía nuclear, por ser la vía menos dañina para el planeta (no para la humanidad, sino para el planeta en su conjunto). Otra idea fuerza del texto es la inutilidad de conceptos y principios como el desarrollo sostenible. Desde su punto de vista, el desarrollo sostenible ya no es suficiente. Ya hemos cruzado tantos umbrales que no queda espacio de maniobra: en el planeta somos demasiados y demasiado dañinos, por lo que la única estrategia que podría plantearse es la del decrecimiento.
Esta idea es muy sugerente desde el punto de vista de un economista, educado en la idea de la bondad incuestionable del crecimiento del PIB, con sus efectos correlacionados en el empleo y en la renta de las gentes y de los países. ¿Se imaginan a un político europeo defendiendo en su programa la idea del decrecimiento, algo así como que producir menos es mejor? La visión de Lovelock, desde el punto de vista económico, la podríamos clasificar como malthusiana, por cuanto encuentra una importante relación entre el tamaño de la población humana y la disminución de la capacidad del planeta para autorregularse.
A lo largo de las páginas aparecen la teoría de la evolución, el cambio climático, la influencia de las algas en la formación de nubes, el oscurecimiento global, las energías alternativas e, incluso, algunas soluciones de macroingeniería para enfriar el planeta ya que, según el autor, el estado ideal para la biodiversidad es el de las glaciaciones.
En cualquier caso, el libro supone una buena muestra de una corriente de pensamiento esencialmente pesimista sobre el futuro de nuestra especie, reflejo de un ecologismo que antepone la salud del planeta a la de los propios seres humanos. Prefiero pensar que se equivoca y que seremos lo suficientemente inteligentes como para evitar lo peor, aunque los ejemplos que hemos dado de comportamiento irresponsable para con nosotros mismos a lo largo de la historia (véase Colapso, de Jared Diamond) no invitan precisamente al optimismo. Ojalá Lovelock no tenga razón, y ojalá todo el mundo leyera su libro, para tener la oportunidad de pensar en la Tierra como en un todo en el que nosotros sólo somos un elemento más.
 ADDENDA: Enlace a una entrevista que le realizó la BBC el pasado mes de marzo sobre este tema (con videos).

martes, mayo 18, 2010

Adiós abueli

Hola abueli. Ya sé que hoy no es mi día de visita. De hecho, no lo volverá a ser nunca más. Pero ésta es una visita por escrito y, por lo tanto, intemporal. Además, ya sabes que destilar el dolor a través de las palabras es un ensalmo ideal para calmar el alma. Y hoy lo necesito.
Fiel a tu costumbre, te has terminado saliendo con la tuya, sin darnos siquiera tiempo para despedirnos. Se me han quedado en el tintero algunos te quiero, el penúltimo episodio de las azañas de Javi y enseñarte las fotos del cumpleaños de Jorge. El único al que has faltado. Sí, ya sé que eran 13, y con la mala suerte no se juega. Por cierto, tendrías que haber visto lo bien que se ha comportado cuando se lo he dicho: ya es todo un hombre y no ha querido contribuir a mis lágrimas. Aunque le he visto morderse los labios y aguantar las suyas en el borde de los ojos. En eso se parece a tí, le cuesta expresar sus sentimientos.
A tu Javi no le hemos dicho nada, seguramente no lo entendería o incluso preguntaría si a la vuelta le traerías un regalito. No se siquiera que le diré cuando pregunte el próximo domingo sobre por qué no voy a verte.
A lo largo de hoy han ido llegando mis hermanos, bueno aún Sonia viene de camino. Como siempre ella es la que más llorará: es la más empática de los cuatro. Así que, en cierto modo, has logrado tener a toda tu familia en torno tuyo. Sólo ha faltado la peque, aunque ha estado en fotografía y todos han dicho que es preciosa (lo que hubieras presumido).
Ahora toca seguir sin tu presencia, sin tus broncas y tus indirectas directas al corazón. Toca saber que ya nunca volveré a probar unas croquetas como las tuyas y que en la calle Javier Sanz ya no estará más que tu sombra asomada a la terraza del cuarto.
Adiós abuela. Adiós.
Sólo una cosa más: por mucho que te empeñes no soy ni el más guapo, ni el más listo de los nietos. Pero gracias por decirlo.

lunes, mayo 17, 2010

Tijeras, retazos y otras políticas de andar por casa

Desde hace días que quería comentar algo sobre las medidas tomadas por el gobierno de España para reconducir el déficit y acondicionar nuestra política económica a los dictados de los mercados internacionales de capitales y, sobretodo, a la estabilidad del euro. Y lo hago hoy porque esta mañana, en un un taxi por Madrid, oí unas declaraciones de nuestro presidente comentando la necesidad imperiosa de estas medidas para salvaguardar la estabilidad económica del Estado. Por poco me atraganto de la indignación. ¿No era este mismo Zapatero el que decía que España no iba a recortar absolutamente nada en el terreno social? Y si lo era, ¿por qué no se quedaba callado? O, mejor, ¿por qué no decía la verdad de una vez por todas? ¿Acaso nos estaba demostrando sus dotes de buen sofista?

Hay que decir en su descargo que estas medidas no las ha tomado por su propia voluntad, sino que se las han exigido desde todo el mundo. Los europeos porque la estabilidad y credibilidad de la moneda única estaba y está en juego (mucho más desde la debacle griega), y los estadounidenses porque una caída de la cotización de la divisa continental encarecería sus exportaciones, dificultando la salida de su crisis y acelerando nuevamente su déficit comercial.

Una de las enseñanzas de esta crisis es que los mercados financieros internacionales se han globalizado tanto que los males de unos (y más si ese uno tiene un cierto peso) terminan por afectar a la economía real de todos. El mecanismo es, además, sencillo: el drenaje de la liquidez y la huida hacia valores de extrema calidad. Y, si no hay liquidez en los mercados internacionales, no hay crédito en los nacionales. Y si no hay crédito, no hay actividad.

Como bien cuenta Jose Carlos Díez, Europa se dio cuenta tarde de que el affaire de las hipotecas subprime no era un problema meramente americano. A través de los mercados y de la mal llamada innovación financiera (que hasta ahora parece centrarse en la búsqueda de nuevos sistemas de apalancamiento financiero), los riesgos extraordinarios asumidos por las entidades hipotecarias estadounidenses se habían repartido por los balances de la banca mundial, dejando tocados a las entidades de la mitad del mundo acreedora. Ahora, Estados Unidos ha comprendido que el problema también se produce en la dirección contraria: si llueve en Europa, puede llegar a nevar en Nueva York.
Por eso Zapatero no ha tenido más remedio que actuar. Hasta ese momento, su estrategia había sido claramente la de dejar pasar el tiempo y llegar a las elecciones con la recesión superada. Y casi le sale. El Banco de España adelantaba su previsión de crecimiento del PIB del primer trimestre, en el que España abandonaba la recesión con un lacónico 0,1% intertrimestral. Poco importaba que nuestro ajuste tuviera un comportamiento diferencial en términos de empleo mucho mayor que en el conjunto de los países de nuestro entorno. Poco importaba que desde multitud de frentes se le pidiera al Gobierno un poco más de proactividad (incluso, desde los ámbitos de organismos internacionales) en materia de competitividad.

Poco importaba que el jefe del Estado pidiera en más de una ocasión un poco de visión de país al gobierno y la oposición. La cosa se arreglaba con un par de puntos de más en el IVA, la eliminación de la deducción por compra de vivienda y alguna cuestión cosmética. El crecimiento que seguro llegaría pronto acabaría con nuestros males como por arte de magia... Y, en esto estábamos, cuando cayó Grecia. Y el sistema volvió a tambalearse como en los peores tiempos de 2008. España batió el primer envite, pero la desconfianza (con o sin motivo, da igual) en el euro y el la capacidad de los países para mantenerlo alimentaron nuevos brotes contra España y Portugal. Entonces resultó evidente que había que hacer algo drástico para calmar los mercados. Y se hizo. Pero se hizo sin margen de maniobra, habiendo agotado el tiempo y las oportunidades que se habían producido en los dos años previos.
Los recortes del gasto y la inversión (no olvidemos la inversión, que bien planteada es crecimiento futuro) se han producido allí donde el Gobierno había jurado y perjurado que no se producirían. El cálculo político nos ha obligado a decisiones económicas de urgencia. Pero lo peor de este movimiento es que no es suficiente. Puede acallar las tensiones de los mercados temporalmente, pero no sirven para que España crezca. No se ha afrontado un plan de aumento de la eficiencia de la Administración (que sigue siendo exagerantemente lenta en algunos trámites; no se han hecho los deberes en el ámbito laboral (aunque se amagó hace unos meses); no se ha acordado un marco estable para la educación; y no se han revisado los incentivos supuestamente dirigidos a promover la actividad y el empleo. Es decir: estamos como antes, pero con los funcionarios cabreados y afectados en su poder adquisitivo –adiós al tímido repunte del consumo–, con la amenaza de la subida de los impuestos e igual de lejos que hace tres meses de la ansiada recuperación.
Esta economía necesita reajustarse a la baja en términos de coste para recuperar la competitividad que ya no podemos tener por la vía de la moneda. Así que mucho me temo que no terminarán las bajadas de salarios en los funcionarios: cuando veas las barbas de tu vecino recortar, pon las tuyas a remojar.

martes, mayo 11, 2010

La economía financiera y los sueños

Si, éste es un título al más puro estilo freakonomics. ¿Que tienen en común la economía financiera y los sueños?: la ilusión. Materia prima de los segundos y motor del intercambio para los primeros. Cierto es que la ilusión, en forma de expectativas, también está directamente presente en lo que denominamos economía real, donde se entreteje con las necesidades para dar lugar a la oferta y la demanda de bienes y servicios. Sin embargo, es precisamente esa contaminación con objetos materiales o con necesidades reales la que la ancla al mundo material. La materialidad de los bienes, la necesidad de tiempo y espacio para la prestación de servicios, suponen un freno a la expansión de la economía.
Sin embargo, cuando hablamos del lado financiero, las cosas pierden corporeidad: ya no tratamos con objetos, casi que ni con dinero. Se trata de operaciones anotadas en cuentas, firmadas en contratos estándar y, a lo sumo, rubricadas ante notario. En el primer eslabón de la cadena aún sigue existiendo un lazo de unión con el mundo real: se trata de un servicio financiero que no surgiría si no hubiera intercambio de bienes, o prestaciones de servicios. Pero el mundo financiero ha sabido escapar de la aburrida y lineal Realidad. Se han creado mercados secundarios, se han activado en forma de títulos intercambiables las deudas de otros, se han edificado mercados de futuros para reducir incertidumbres y se han puesto en marcha sistemas para financiar a los que operan en dichos mercados. El resultado es un enorme volumen de intercambio de papel, que sirve de lubricante para el mundo real, pero que a base de digitalizarse y crecer se ha convertido en un mundo aparte, en el que el impacto de los sucesos no se mide tanto por los hechos en sí, sino por las expectativas que sobre estos se generan o, en el peor de los casos, por rumores sobre sucesos que transforman expectativas. Ilusión en estado puro. De la misma manera que alguien que compra un billete de lotería piensa que le puede tocar, el que compra una acción, o un bono, o un vehículo estructurado, lo hace pensando no sólo que puede ganar, sino que con toda probabilidad lo hará. Por eso, cualquier cosa que oiga. o que lea, o que vea, que ponga en peligro su ganancia dispara su instinto de supervivencia y le lanza a la tarea de salvar los muebles. En estos días pasados, un rumor sin consistencia, que planteaba la próxima aprobación de un plan de rescate para España pulverizó los registros del IBEX (a la baja) y los del riesgo país (al alza). No era cierto, pero los inversores en la Bolsa nacional y los prestamistas del mercado internacional pensaron que podría serlo, porque sus ilusiones sobre la marcha de la economía española hacía tiempo que flojeaban. Afortunadamente, en cuanto se disiparon los rumores y el BCE reabrió el grifo de la liquidez sin fronteras, el IBEX se desmelenó batiendo nuevamente sus registros (al alza).
Lo más curioso es que todo este entramado, tan aparentemente alejado de la realidad tiene cada vez una influencia mayor sobre ella. No hay que olvidar que, en última instancia, sigue existiendo un fino hilo que conecta ambos mundos. Y no olvidemos que los mercados financieros proveen de recursos de capital a las empresas para sus inversiones y a las familias para sus gastos (e inversiones).
Concluyendo y resumiendo la idea que deberían trasladar estas líneas. Los mercados financieros, al hacerse más y más grandes, se vuelven más y más sensibles a la marcha de las ilusiones (como los sueños) pero, paradójicamente, al mismo tiempo, más y más importante y rápida es su incidencia sobre la economía real.
Ah, se me olvidaba: no olvides que los sueños y las ilusiones son etéreas y volubles. Muy volubles.

El frío modifica la trayectoria de los peces, de Pierre Szalowski

Un niño descubre al mismo tiempo que Santa Claus no existe y que sus padres han decidido separarse. Ante sus ruegos, el cielo le manda una tormenta de hielo que sume a todo el país en un caos y que termina por cambiar la vida muchos de sus vecinos. En el fondo, de lo que se trata es de lo de siempre: el amor. La historia está narrada por un niño de 11 años, que se siente responsable de lo que sucede con el clima, y que observa como se van transformando las vidas de los demás: sus padres que ya no se reconocen uno a otro, una pareja homosexual que no se atreve a salir del armario, un padre amargado con un hijo rebelde, una bailarina "exótica" y un doctorando ruso que se pasa el día observando la trayectoria de sus peces. La cadena de acontecimientos que el hielo desata no sólo les cambia la vida, sino que les convierte en los mejores amigos.
El autor mantiene el interés a través de capítulos cortos, de mucho ritmo y cambiando de unos a otros protagonistas cada pocas páginas. El relato resulta entretenido, aunque hacia el final comienza a ser obvio que el tono almibarado ha secuestrado todo lo demás. Obviamente, el final es feliz, casi de película (como bien dice el propio protagonista). Se lee fácil y, aunque el final resulta demasiado convencional, el conjunto deja un regusto agradable en el paladar. Tanto es así que voy a recomendárselo a mi hijo, que de un tiempo a esta parte no lee nada que no sea cómic.

lunes, mayo 10, 2010

Al final si que hubo hibridación

Hace un par de días (al menos me parece a mi que fue hace poco tiempo) me pareció escuchar en la radio que se había descubierto que, finalmente, si que hubo hibridación entre neanderthales y sapiens. Las personas que sigan esta bitácora desde hace tiempo sabrán que el tema de la evolución humana es uno de mis favoritos y que ya he dedicado alguna entrada a este tema.
Pues bien, esta tarde, repasando el correo que recibo en la cuenta de la UAL, me he topado con una referencia de Science y, como no, mis instintos curiosones me han impulsado a pinchar el enlace y a leer el artículo de presentación del tema. El artículo en cuestión es uno de los resultados del proyecto internacional para secuenciar el genoma del Neanderthal. Los investigadores han hallado que los europeos y asiáticos actuales compartimos con nuestros "primos" entre un 1 y un 4 por ciento de nuestro ADN nuclear. Lo curioso es que no hay coincidencias con los africanos. Por tanto, la hibridación debió producirse en algún momento entre nuestra salida de África y la dispersión de nuestras poblaciones por Eurasia: o sea hace unos 80.000 años y en el Oriente Próximo.

domingo, mayo 09, 2010

un intercambio espléndido, de William J. Bernstein

El comercio forma parte de nuestro código genético. Esta es posiblemente la idea central del libro. Y, por tanto, cualquier cosa que hagamos para evitarlo sólo generará problemas y, en el peor de los casos, guerras.
A lo largo de las más de 400 páginas del libro, se nos presenta una historia del comercio internacional, aunque a veces es también una historia del pensamiento económico al respecto.
Desde el comienzo de la obra, se presentan tanto los tanto los beneficios como las pérdidas y las protestas relacionadas con la otra cara de la moneda: el proteccionismo. El librecambio y el proteccionismo han influído en la historia de la humanidad y en la propia historia política de los países. Así, en el origen de las guerras del opio o de la propia guerra civil americana podemos encontrar razones vinculadas por esta dialéctica.
Para el lector interesado en una idea del estado económico del debate, tal vez basten los dos últimos episodios, en los que Berstein contrapone los datos a las ideas y pone sobre la mesa la existencia de ganadores y perdedores, así como los costes de mantener una cierta paz social con fronteras abiertas. Desde mi punto de vista, la mejor parte del libro.