Superfreakonomics, de Lewitt y Dubner

"Enfriamiento global, prostitutas patrióticas y por qué los terroristas suicidas deberían contratar un seguro de vida". Éste es el largo subtítulo del libro, que responde perfectamente a las expectativas despertadas por su primer Freakonomics. Como en la ocasión anterior, el hilo conductor es el papel de los incentivos en las decisiones de los seres humanos. Pero, a diferencia de entonces, los autores se han esforzado en enlazar unos capítulos con otros, lo cual a veces es una buena demostración de la imaginación de los dos autores.
El principal problema, sin embargo, es que no aporta nada con respecto al libro precedente, si acaso la discusión sobre el comportamiento altruista de los individuos y la puesta en cuestión de los experimentos de laboratorio en torno al juego del dictador y a la validez o no del homo economicus. El resto del libro es una sucesión de casos en los que los datos señalan en dirección opuesta a lo que lo hace el conocimiento formalmente y normalmente aceptado.
Particularmente llamativo es la comparación entre la utilidad de los corredores de fincas y los chulos, saliendo claramente beneficiados en la comparación los segundos. Y, posiblemente esto justifique el libro en su conjunto, el epílogo titulado "los monos también son personas", en el que cuenta las investigaciones de Keith Chen, enseñándole a unos monos capuchinos el funcionamiento del dinero. La descripción es, básicamente, espeluznante: los monos, cuando aprenden a asignar valor monetario se comportan de formas muy familiares para cualquier ser humano.
En resumen, si te apasionó la primera parte, tal vez debas leer esta segunda, pero si no te interesó demasiado o te gustó lo justo, esto es una segunda taza de la misma sopa. Evidentemente, dado que para esto de la economía se podría decir que soy un tanto freak, yo he disfrutado casi tanto como con el primer libro. Y me he reído. Y, lo que es peor, me he reconocido en algunos de los comportamientos que se describen.

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