El tiro de gracia a las cámaras de comercio

Foto: http://almeria-confidencial.blogspot.com
Vaya por delante que posiblemente en este terreno yo no sea lo neutral que me gustaría. Me he pasado casi 15 años de mi vida (en dos períodos distintos) trabajando en la Cámara de Comercio de Almería de la que fui director del servicio de formación, primero, y del servicio de estudios en la fase más larga de mi presencia en ella, entre 1998 y 2008. Sin embargo creo que es de justicia plantear una cuestión evidente: el decreto de diciembre de 2010, que formaba parte del segundo paquete de medidas contra la crisis es un tiro en mitad de los ojos de las Cámaras; una ejecución sumaria en la que no ha habido ni juicio previo, ni última confesión ni posibilidad de apelación.

En realidad, no pongo en duda que las intenciones del gobierno sean buenas y que de verdad piense que de esta forma facilita la vida a las empresas. No voy a entrar en disquisiciones ni números en los que se demuestren que las empresas que pagan no son todas o que la mayoría paga cantidades ridículas. Tampoco quiero entrar a valorar si las cámaras han hecho bien su trabajo (ese que tenían determinado por ley). Ni siquiera voy a considerar la torpeza o no de estas corporaciones a la hora de ganarse la simpatía o simplemente el respeto de las empresas de sus correspondientes demarcaciones.
Lo que quiero poner aquí de manifiesto es la forma en la que se ha cometido su ejecución sumaria. De la noche a la mañana y sin avisar. No hubiera estado de más que se les dejara un mínimo de margen para reorganizarse, repensarse o incluso liquidarse. No hubiera resultado de más que en ese decreto se aclararan extremos como la propiedad del patrimonio de las cámaras en caso de disolución, o la situación en la que quedarían los funcionarios de cámaras, una rara avis, que sin embargo sigue volando, porque quedan algunas.

En lugar de eso se ha optado por segar de cuajo la fuente de financiación de las cámaras: las cuotas camerales, que previamente habían sido legalizadas con la ley de 1993 (que sustituía a la muy veterana e inconstitucional ley de cámaras de 1911). De esta forma se les ha negado cualquier margen de maniobra. Los plenos recién elegidos, que a día de hoy ya no representan a nadie (o a casi nadie, tan sólo a las empresas que manifiesten expresamente su voluntad de pertenencia), tienen la papeleta de hacer rentables sus estructuras o liquidar las corporaciones, si es que ello es posible, dada su curiosa naturaleza de entes privados de derecho público. Está claro que algunas lograrán sobrevivir, sobre todo aquellas que  han sabido rentabilizar sus servicios, aquellas que han sido capaces de obtener un precio de mercado de los servicios prestados a sus electores: organización de ferias y congresos, servicios de información comercial, de asesoría del comercio exterior y de formación. Estos dos últimos capítulos, además, reglados por Ley. Pero otras (casi seguro que todas las pequeñas) terminarán desapareciendo, con sus activos liquidados para pagar las indemnizaciones a sus trabajadores o en manos de las administraciones tutelantes.

En cualquier caso, la medida es sorprendentemente inconsecuente, pues lo lógico hubiera sido hacer lo propio con los colegios profesionales, algunos mucho menos útiles que las propias cámaras, los cuales, sin embargo, ahí siguen y es obligatoria la colegiación para ejercer ciertas profesiones (de hecho, es requisito previo la pertenencia para la obtención del alta de la actividad en Hacienda). También hubiera resultado consecuente con la media de las cámaras y con la Directiva de liberalización de servicios que se acabara con el monopolio regulado de las farmacias, o con el monopolio fiscal de los estancos. ¿Por qué unos sí y otros no?

En fin, y en resumen: las cámaras de comercio hubieran merecido otro final distinto a éste. Gracias a ellas muchas empresas han accedido a los mercados internacionales, gracias a ellas muchas empresas han formado a sus trabajadores y cuadros, gracias a ellas se han conocido las realidades económicas de muchas provincias, y se han logrado escuchar a través de sus encuestas las voces de las empresas. Gracias a ellas, muchas leyes han mejorado, y gracias a ellas se han logrado algunos avances en materia de infraestructuras.
Descansen en paz las cámaras de comercio y quede sobre la conciencia de sus ejecutores la forma en la que fueron finadas.

Comentarios

  1. Hola David, tu artículo es interesante y se ven los sentimientos. Yo también fuí "camarero" en Sevilla durante algo mas de 2 años. No hay muchos bloggers que hablen de este tema me atrevo a decir histórico.

    Es difícil reflexionar esta situación sin entrar a hablar de si las cámaras han hecho bien su trabajo o no, o de si han marcado o no la diferencia y en qué grado para las empresas. Cada cámara será un caso diferente, pero pienso que si tuviéramos que generalizar, el resultado no iba a ser boyante. Creo que para reflexionar sobre esta situación ayuda olvidarnos de pensar en si es justo, para pensar en si es razonable.

    El concepto de competición y globalización ha sido tradicionalmente inexistente en estas corporaciones, y estar fuera de esos conceptos es estar fuera de la realidad.

    Es chocante que un día cualquiera los mayores empresarios de España se reunen con el Gobierno central y al día siguiente existe la decisión de cortar el grifo a las cámaras.. una decisión tan gorda, en un plis! ¿que influencia han tenido los empresarios en esta decisión? tuvo que haber una unanimidad aplastante, digo yo; Claro que podía haber sido de otra forma pero las cirscunstancias son extraordinarias y estoy convencido de que si las cámaras hubieran demostrado mas valor otro gallo cantaría y no hubiera ocurrido este desprecio.

    Las cámaras cuentan con puntuales personas que son realmente buenos y apasionados por su trabajo, creativos y con conciencia de responsabilidad social por el hecho de estar en una insitución como es la cámara, que está para ayudar y liderar, y creeme que estos son los que mas sufren, a los que peor tratan. Los conozco en Almería y en Sevilla.

    ¿quien debería estar en una insitución como la cámara? pues deberían estar los "number one", los cracks de sus especialidades, el mejor capital humano disponible. Pero, ¿cuales son los mecanismos de selección de las cámaras? cual es la influencia de la política en estas instituciones ¿que clase de capital humano atrae la política hoy en día? ¿Dónde está la meritocracia?

    Quizá hace 15 años las cosas eran diferentes, no se, pero lo que yo he visto ahí dentro también me resultó chocante, por eso en cierta medida no me ha sorprendido que ocurriera esta “traición” que hizo que ese mismo fin de semana quedara todas las cámaras quedaran en Madrid.

    Yo también lo siento por las cámaras, ojala las que han venido trabajando en resolver problemas de los demás, sepan ahora resolver el suyo, que cada una demuestre su grado de im-prescindibilidad.

    Un saludo

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  2. Muy buenas, David.

    Es agradable leer una entrada sobre las Cámaras en un blog, sin que se convierta en una defensa o un ataque a la decisión del gobierno.

    Quisiera contradecir a QQ y mostrar otra vertiente que enriqueciera el debate, pero me resulta muy difícil.

    No he trabajado en las cámaras, por lo que no tengo una versión desde dentro, pero desde hace cosa de un año tengo más contacto con ellas desde el lado empresarial, y sí me he creado cierta opinión. Este punto de vista es fruto de mi experiencia y de los comentarios de clientes y proveedores cuando ha salido el tema (y con algún miembro de la cámara). Muchos han sabido de la Cámara cuando les ha llegado la factura para pagar la cuota cameral, así que imagínate la impresión cuando es el único contacto que han mantenido con la institución (o peor, al revés, el único contacto de las Cámaras con muchas empresas).

    Creo como dice Enrique que falta una gestión adecuada en las cámaras, que las proveea de una estructura y medios para ser realmente herramientas útiles para las empresas. Esto se consigue poniendo a los mejores a llevar los asuntos clave, como son internacionalización, gestión de la empresa, creación de relaciones a nivel internacional, investigación y desarrollo... Sin dudar en ningún momento en que hay gente muy competente en las cámaras.

    Hay que ser pioneros, hay que diferenciarse, ofrecer servicios útiles y competitivos para las empresas, tener a los mejores trabajando y comunicando, hay que saber moverse, llegar a todos y convertirse en herramientas imprescindibles para las empresas. Y han tenido tiempo.

    Al igual que ocurrirá ahora con la ingente cantidad de centros de investigación, parques tecnológicos, etc, finalmente sobrevivirán los que sean rentables, los que puedan automantenerse casi completamente a través de sus servicios a las empresas y a la sociedad. Ya no valen los contactos, los amigotes, los puros y los vinitos (refiriéndome a lo que decía QQ: "¿cuales son los mecanismos de selección de las cámaras? cual es la influencia de la política en estas instituciones ¿que clase de capital humano atrae la política hoy en día?"). Debe existir una estructura útil, eficaz y consecuente en las cámaras.

    Ante todo, sea cual sea la razón, me parece muy precipitado por parte de un gobierno acabar de golpe y porrazo con una institución como las Cámaras, sin ofrecer plazos o alternativas... las formas no han sido correctas, a mi entender. Pero ningún gobierno responsable acabaría con una institución así si funcionaran correctamente. Desde las cámaras he oido quejas, lamentos y peticiones de ayuda... ¿algunaautocrítica pública? ¿alguna consulta a las empresas que las han mantenido pidiendo opiniones para mejorar? Esto también dice mucho.

    Una nota, ¿qué ocurre con las iniciativas que deben coordinar o regular las Cámaras? Por ejemplo, el PIPE. La Cámara de Almería tiene "secuestrado" este programa desde hace meses. Su razón: estudiar cómo el nuevo decreto del gobierno afecta al funcionamiento de las Cámaras. No llega al 10% la participación de las Cámaras en este programa (el resto entre fondos europeos, empresa, ICEX y Extenda, todos ellos férreos y orgullosos defensores de la utilidad del programa). ¿Es un problema presupuestario? ¿Es una medida de presión? ¿Quiénes perdemos? Sí, las empresas.

    Respecto a los colegios profesionales, te doy la razón. Muchos son totalmente estériles y al final su único objetivo es evitar el intrusismo profesional (en ocasiones con muy poco éxito).

    Estoy convencido que la crisis es un escenario adecuado para cuestionar la reorganización de muchísimas de las instituciones y las empresas públicas, semi-públicas, que todos mantenemos con nuestros impuestos, y de las que debemos exigir transparencia y eficacia.

    Un saludo y felicidades por tu blog, de parte de un seguidor en Twitter :)

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