Patada a seguir

Foto anaroseada de El Norte de Castilla
El pasado lunes escribí este articulillo para el diario El Economista. Tenía pensado esperar a que ellos lo pusieran en la red antes de colgarlo aquí, pero es que los acontecimientos me lo están dejando viejo. Y pensar que cuando lo escribí pensé que me había pasado de pesimista...

Grecia se desangra pagando unos intereses que posiblemente no podrá soportar su economía, pues necesitaría unos ritmos de crecimiento similar al de las economías emergentes. Se le exigen más recortes fiscales, y patada a seguir. EEUU le pide a la UE que apruebe programas de estímulo y que solucione deprisa lo de Grecia; se le dice que se meta en sus asuntos, se manda la Troica a Atenas, y patada a seguir. A veces tengo la impresión de que los responsables políticos y económicos de Europa se están comportando como malos entrenadores. Lo importante es que el balón siga en juego, independientemente del estado de los jugadores o del propio terreno. Para ello se arbitran soluciones parciales, para salir del paso, y se da una nueva patada a la pelota con la esperanza de que cuando vuelva a caer al suelo el campo ya esté en condiciones y los jugadores se hayan transmutado en Mesis para meter un gol estratosférico. Sin embargo, los tiempos en los que los deseos se hacían realidad ya no existen. La crisis nos ha devuelto de forma cruel y contundente a la realidad, y ahora nos enfrentamos a problemas que no entienden de retrasos, ni de rodeos, ni de patadas a seguir. Sobre la mesa tenemos la insostenibilidad de la situación griega, el peligro cierto de la desestabilización del euro y el posible contagio hacia economías centrales de la Unión, como son España e Italia. Problemas todos relacionados y que podrían presentarse en forma de escalera de naipes. Ante una situación como esta se espera de los líderes actúen. Se espera que se armen de valor, que hagan balance de la situación, que propongan soluciones factibles y que convenzan a todos de que ese es el camino a seguir. Líderes que transmitan confianza, que parezcan seguros de lo que hacen y de lo que dicen. Por desgracia tampoco tenemos hoy en Europa personalidades de ese calibre. Así que nos tenemos que conformar con estrategias dilatorias y con soluciones en las que nadie cree. Y mientras el balón sigue milagrosamente en el aire, el césped del campo se seca, los jugadores se lesionan y los árbitros se echan a dormir… Ya caerá el balón.

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