A vueltas con el homo economicus, otra vez

Foto: www.redes.tve.es
Sólo sé que no sé nada. Es lo primero que se ne ha venido a la mente al ver uno de los últimos programas de Redes. En él, Punset habla con Aldo Rustichini, un economista que también es neurocientífico y que, por tanto, posee algunas claves sobre el comportamiento humano. Como saben los pocos lectores fieles de esta bitácora (mis padres y algún que otro ex-alumno impresionable) mi primera y más firme vocación fue la de biólogo, y siempre me ha llamado la atención lo próximas que están economía y biología (como también señalaba Marshall). Al principio, yo imaginaba el mundo económico como un subproducto del mundo natural, en el que los seres humanos habíamos sustituido la energía por el dinero, sustituto imperfecto pero enormemente motivador para nosotros, los supuestamente homo sapiens.
Posiblemente, también por eso, siempre me chocaron los conceptos de competencia perfecta y el comportamiento del homo economicus. Suponía que nuestras pasiones y emociones se mezclaban con la racionalidad y, a veces, la ocultaban por completo. De ahí que la publicidad exista y los que se dedican a ella ganen importantes sumas de dinero. De ahí que hablemos de diferenciación del producto y que para vender chocolate se haga referencia al pecado o al sexo. Los expertos en marketing han comprendido desde mucho antes el funcionamiento de la economía (o al menos de los seres humanos en el entorno económico actual) mucho mejor que los economistas generalistas.
Ahora se que nuestra biología puede estar en la base de muchas de nuestras decisiones supuestamente inteligentes. Muchas investigaciones recientes están poniendo de manifiesto que en muchas ocasiones las decisiones económicas más acertadas no se sustentaban en análisis complejos de costes y beneficios. Muchas de ellas fueron tomadas "con las tripas". Hay ejemplos muy claros, no sólo el que se plantea en el video de los operadores bursátiles. Por ejemplo, Jobs, el desaparecido jefe de Apple, se jactaba de no precisar estudios de mercado, su empresa no lanzaba lo que los consumidores querían, si no lo que iban a desear en el futuro.
En los libros de texto de economía se planteaba a veces que la economía es la ciencia de las decisiones. También se solía criticar la idea del homo economicus para inmediatamente considerarlo una herramienta útil y desarrollar más de 20 capítulos con esa idea errónea como punto de partida. Sin despeinarse y sin que se nos cayeran los anillos. Tal vez, en los libros de economía del futuro, tengamos que dedicar más de un par de frases a describir cómo tomamos las decisiones los humanos y qué parte de las mismas es realmente consciente y racional. Claro que, entonces, a lo mejor los siguientes capítulos dejarían de tener parte de su sentido...

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