lunes, febrero 21, 2011

Palabras para 2011

Por tercer año, aunque con bastante retraso, me propongo el ejercicio de prestidigitación mental que es adivinar algunas palabras que marcarán el curso del ejercicio que hace y casi dos meses comenzamos. Antes de todo, quisiera señalar que el movilnet del que hablaba los pasados años ya tiene nombre comercial, se llama tablet y ha sido Apple quien ha rediseñado el concepto con su iPad (un éxito de ventas más allá de las propias previsiones de la compañía). Lo de la previsión de la desaparición del libro tardará en llegar, pero menos de lo que yo mismo preveía, ya que el ritmo de venta de los ebooks se ha acelerado de manera drástica a lo largo de 2010, siendo esperable que su impacto sobre la venta de libros en papel comience a notarse a lo largo de 2011. Y si las editoriales no se andan ágiles corren el riesgo de enrocarse en el mismo error que las editoras de música: superadas por  una tecnología en la que a falta de una oferta solvente y económica, siempre aparece una oferta alegal y gratuita.
Acerté también en el uso de la cadena de palabras débil (o frágil) recuperación en lo que a la economía se refiere.
De cara a este 2011 la verdad es que no lo veo tan claro como en los años anteriores. Creo que escucharemos muchas veces la palabra fracaso asociada a la Ley Sinde. Cuando el mercado legal no se ajusta a los requerimientos de la demanda, aparece un mercado negro que lo soluciona. Y en Internet, la aparición de esos mercados es mucho más sencilla que en el viejo mundo analógico. Resulta cuanto menos sorprendente que modelos de negocio exitosos como iTunes, Spotify o Netflix no hayan provocado un cambio de opinión en las empresas de contenidos españolas y en las mafiosas y obsoletas entidades de gestión de derechos. Es claro que oiremos mucho sobre estos temas.
En 2010 explotaron las redes sociales, concretamente FaceBook y Twitter. Y también se puso de manifiesto que no todo lo social funciona. Quora es el ejemplo. Terminará fracasando antes que el resto. No ofrece nada que no se pueda obtener en las redes más tradicionales, en la Wikipedia o en los propios buscadores, y a cambio exige una masa crítica mínima de expertos que respondan a las preguntas con un mínimo de calidad y claridad.
La explosión de los servicios de banda ancha con destino en terminales móviles (principalmente smartphones) ha comenzado a desatar un amago de batalla entre las operadoras de teléfono y los proveedores de contenidos para esos servicios, como Apple, Google o Yahoo. Posiblemente, tras las primeras escaramuzas no llegue la sangre al río, ya que este río parece que baja caudaloso y que todos podrán pescar suficiente a poco que se pongan de acuerdo.
A falta de productos disruptores en el horizonte, creo que las novedades van a llegar de la mano de los elementos que ya tenemos en los hogares. Veo las televisiones convertidas en el centro de las comunicaciones de las casas, o los ordenadores convertidos en televisiones ocupando el salón de la casa y con terminales tontas en el resto de las habitaciones.
Otro posible receptor de nuevas revoluciones son las consolas. Nintendo ha dado la salida a la carrera de las 3D, seguramente el resto de competidores le seguirán en cuanto el parque de televisiones 3D alcance una dimensión mínima.
En el ámbito de la economía española, las palabras que auguró serán las expresiones "nuevos negocios" y, otra vez, paro, aunque para final de año es muy posible que comencemos a esta última por empleo (aunque esto es más un deseo que una predicción).

domingo, febrero 20, 2011

¿Nos pueden los prejuicios?

Foto tomada de El País
En estos días en los que el mundo árabe anda sumido en una revolución contagiosa, he podido leer y escuchar muchos comentarios que avisaban del peligro de una vuelta de tuerca hacia el islamismo radical. La explicación vendría dada de una cierta incapacidad de las sociedades árabes, poco desarrolladas y desestructuradas para dar lugar a verdaderas democracias. Además, damos por lógico que en situaciones de caos institucional, aquellos que están mejor organizados pueden hacerse más fácilmente con el poder. De esta forma, llegamos a mirar con cierto fatalismo y hasta con preocupación que millones de musulmanes se rebelen contra sus/nuestros queridos dictadores.
No negaré que yo mismo compartía hasta hace unos días esa opinión. El papel jugado por los Hermanos Musulmanes en Egipto me hacía presagiar un desenlace a la iraní. Sin embargo, cuando uno echa un simple vistazo por el retrovisor encuentra muchas razones para el optimismo. La primera sociedad de la que tenemos noticia democrática, la Atenas clásica, era una sociedad fuertemente dispar, en la que las mujeres no tenían apenas papel (fuera del gineceo) y en la que la esclavitud era una institución normal. En el terreno religioso creían en un amplio panteón y su conocimiento científico, con ser muy avanzado respecto a otras culturas, no era ni mucho menos comparable al de la Europa de las luces. Pero inventaron la democracia.
Estados Unidos, en los tiempos de su nacimiento y expansión como país, era una una sociedad desestructurada, construida a base de aluviones de inmigrantes de diversas procedencias y culturas y el juego político era cosa de muy pocos. Y, sin embargo, esa democracia prosperó y superó a las desfasadas monarquías de la Europa Occidental, hasta el punto que hoy se permite el lujo de dar lecciones de libertad.
Otra mirada atrás: ¿era la Francia de la revolución "mejor" que las sociedades árabes actuales? No me lo parece.
Me da la impresión de que nuestros prejuicios no nos dejan mirar con objetividad los fenómenos que se están viviendo en esa parte del mundo. Es posible que muchos de los movimientos que estamos viendo en este 2011 en el mundo árabe terminarán muriendo, pero otros tendrán éxito, porque, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, la Tierra ha borrado las distancias en cuanto a comunicación se refiere y todo el mundo quiere vivir en un entorno en el que se respeten sus derechos, en el que sepa a que atenerse cuando acude a un juicio o en el que las fuerzas del orden público le protejan. En eso, un árabe musulmán no es demasiado diferente de un español o de un estadounidense. Y los ensayos que fracasen sólo serán la madera con la que, tarde o temprano, se prendan nuevas revueltas.

Superfreakonomics, de Lewitt y Dubner

"Enfriamiento global, prostitutas patrióticas y por qué los terroristas suicidas deberían contratar un seguro de vida". Éste es el largo subtítulo del libro, que responde perfectamente a las expectativas despertadas por su primer Freakonomics. Como en la ocasión anterior, el hilo conductor es el papel de los incentivos en las decisiones de los seres humanos. Pero, a diferencia de entonces, los autores se han esforzado en enlazar unos capítulos con otros, lo cual a veces es una buena demostración de la imaginación de los dos autores.
El principal problema, sin embargo, es que no aporta nada con respecto al libro precedente, si acaso la discusión sobre el comportamiento altruista de los individuos y la puesta en cuestión de los experimentos de laboratorio en torno al juego del dictador y a la validez o no del homo economicus. El resto del libro es una sucesión de casos en los que los datos señalan en dirección opuesta a lo que lo hace el conocimiento formalmente y normalmente aceptado.
Particularmente llamativo es la comparación entre la utilidad de los corredores de fincas y los chulos, saliendo claramente beneficiados en la comparación los segundos. Y, posiblemente esto justifique el libro en su conjunto, el epílogo titulado "los monos también son personas", en el que cuenta las investigaciones de Keith Chen, enseñándole a unos monos capuchinos el funcionamiento del dinero. La descripción es, básicamente, espeluznante: los monos, cuando aprenden a asignar valor monetario se comportan de formas muy familiares para cualquier ser humano.
En resumen, si te apasionó la primera parte, tal vez debas leer esta segunda, pero si no te interesó demasiado o te gustó lo justo, esto es una segunda taza de la misma sopa. Evidentemente, dado que para esto de la economía se podría decir que soy un tanto freak, yo he disfrutado casi tanto como con el primer libro. Y me he reído. Y, lo que es peor, me he reconocido en algunos de los comportamientos que se describen.

lunes, febrero 07, 2011

La herencia de la crisis: el reto del empleo


Artículo para el Anuario de La Voz de Almería. No me han dicho cuándo saldrás pero, en realidad no importa, porque si lo estás leyendo aquí, el tiempo y el espacio son relativos. O absolutos. O es ya muy tarde y me debo ir a dormir...

2010 ya es parte de la historia. También de la económica. En dicho año España abandonó la recesión, se puso en duda su solvencia en los mercados financieros internacionales y su cifra de parados siguió escalando nuevos máximos de manera inexorable. En el mundo, los países emergentes y en vías de desarrollo seguían su carrera de crecimiento acelerado, mientras los estados desarrollados se comportaban como verdaderos enfermos de anemia. Asimismo, algunas de las reglas del juego económico actual comenzaron a ponerse en entredicho, como el mantenimiento de los tipos de cambio de algunas monedas asiáticas infravalorados para fomentar sus exportaciones, o como la nueva escalada de los precios de los alimentos, más pronunciada incluso que la de 2009.
En la provincia de Almería el año tuvo un perfil muy similar al del país, también durante ese ejercicio abandonamos la recesión (aunque bastante después que el conjunto del país) y también aquí el crecimiento del paro se vio ralentizado. Sin embargo, el fuerte crecimiento de esta variable es probablemente el peor problema que nos ha dejado como herencia la crisis. En los dos últimos años, Almería ha generado 63.000 parados, pasando de 37.000 en diciembre de 2007 a 100.000 en diciembre de 2010. No obstante, la mayor parte de esa cifra corresponde al funesto 2009, ya que en el último año “sólo” se añadieron a la nómina de desempleados 10.000 personas. La mayoría de la destrucción se ha concentrado en la construcción, donde han desaparecido más de 45 mil empleos, aunque la profundidad de la crisis ha terminado afectando a todos los sectores. Bueno, a casi todos. En la agricultura ha sido el único sector en el que, según la EPA, se ha creado empleo. Sobre todo durante 2010. Y ello ha provocado que un número creciente de desempleados de la construcción hayan mudado sus intereses profesionales hacia el sector primario.
Este comportamiento del mercado de trabajo es el reflejo de lo que ha sucedido a nivel económico. Como ya ocurriera en la anterior recesión económica, la del año 93, el agro almeriense actuó como colchón de seguridad y evitó que la provincia llegara a presentar tasas de crecimiento negativas. En esta ocasión, sin embargo, el retroceso del PIB ha sido tan intenso y las condiciones de la agricultura han variado tanto, que no ha podido evitar el desastre a pesar de haber resistido. En los 90, la entrada en vigor del Acta Única permitió el acceso sin restricciones de nuestras producciones a los mercados europeos, propiciando la expansión de la superficie, la producción y las exportaciones. Pero, en 2009, la situación era sustancialmente diferente. La fase expansiva de la producción hacía tiempo que se había dejado atrás, otros productores participan ahora también de los privilegios de la venta en los ricos mercados europeos y la capacidad de absorción de esos mismos mercados se ha visto muy limitada por el alcance de sus propias crisis. Como ya se ha comentado en otras ocasiones, el mercado de nuestros productos agrarios se encuentra maduro. Por lo tanto, no podemos esperar del agro que nos saque del problema. Al menos no podrá hacerlo solo.
El nudo que estamos comenzando a deshacer entre 2010 y 2011 es el de encontrar actividades que nos permitan volver a la senda del crecimiento y de la creación de empleo. Sabemos que la construcción (al menos la residencial) no va a estar en condiciones de aportar a esa misión, ya que la sobreproducción de la época de bonanza aún debe ser digerida. Por otro lado, los servicios han sido el segundo sector en el que menos ha impactado la crisis, por lo que puede estar en condiciones de incorporarse al crecimiento a corto plazo.
Sin embargo, dado que una parte sustancial de nuestro crecimiento de los últimos años ha provenido de sectores intensivos en la utilización de mano de obra poco cualificada, nuestra oferta de trabajo ha estado sesgándose en esa dirección. Al mismo tiempo, nos encontramos en un entorno de costes laborales elevados, en el que la competitividad debe buscarse por vías distintas a las del empleo barato. En nuestro lado del mundo, el éxito económico proviene principalmente de las ideas y de los productos y servicios intensivos en conocimiento, tecnología y alto valor añadido.
El panorama no es precisamente favorable, pero en el activo de la provincia podemos contabilizar una sociedad dinámica, acostumbrada a los retos, que ha acumulado un importante nivel de riqueza y que ahora cuenta con una universidad de la que han salido ya varias promociones de titulados cuyos conocimientos y capacidades pueden ser la clave de nuestro desarrollo futuro.

martes, febrero 01, 2011

Revoluciones, redes sociales y el precio del pan

Hace unos días leía sobre la influencia de las redes sociales en el estallido de las revoluciones en Oriente Próximo y el Norte de África. De una parte me encontraba con comentaristas que planteaban el papel central de redes sociales como Twitter y FaceBook en los estallidos. De otro lado, estaba el planteamiento del hartazgo como principal elemento aglutinador de esas sociedades y la importancia, sólo como elemento de comunicación hacia fuera de las redes.
En ese debate, lo digo ya, me inclino a creer que las redes sólo han sido un elemento multiplicador. Si habláramos de una reacción química, Internet sería el catalizador, el compuesto que acelera y amplifica la reacción. Pero, reconozco que, en el fondo, seguía habiendo algo que no cuadraba: ¿Por qué ahora y no antes? ¿Por qué después de 30 años de dictadura? ¿Por qué no en la década de los 80? ¿Por qué no hace dos años?
Parece evidente que una vez encendida la llama y visto el éxito (al menos a priori) de la Revolución de los Jazmines –paralela a la revolución de los claveles en tantas cosas– la repetición del fenómeno estaba cantada. Pero sigue siendo un enigma el por qué en este momento. Si uno lo piensa seriamente y sabiendo lo poco que sabemos de ese mundo en este Occidente tan pagado de si mismo y tan eurocentrista, lo primero que llama la atención es que no haya sido AlQaeda o alguno de los movimientos musulmanes integristas los protagonistas de las protestas. ¿Había algo que no nos contaban? ¿Bajo esa capa de prejuicios y de nuestro miedo al integrismo islámico una nueva generación estaba formándose a la imagen y semejanza de nosotros mismos? ¿Sería posible que no fueran las ligas europeas lo único que estaba entrando por las televisiones magrebíes? ¿Sería cierto que el acceso a Internet fuera más elevado que el sospechado y que la mayor parte de la población con acceso no lo usara para fines terroristas? Parece ahora que todas esas preguntas tenían una respuesta afirmativa.
A todo esto, hoy, en la lista de distribución de ECOAGRA de la Red Iris, alguien ha hecho notar la coincidencia de estos sucesos con el estado de aumento de los precios de los alimentos y el consiguiente miedo al desabastecimiento de los mercados. Y, entonces, lo he visto de repente todo mucho más claro.
El aumento de población y los efectos de la mala distribución (o nula distribución) de la riqueza en esos países tenían como vías de escape la huída física del país en busca de oportunidades (sin olvidar el flujo de ingresos que suponían las remesas de esos emigrados), o bien la huída mental a través de la religión y, en los casos más extremos, la alienación que supone el mensaje guerrasantista de los grupos terroristas. La situación era mala, pero no era desesperada. El crecimiento económico mundial creaba posibilidades de escape en la primera dimensión y los anquilosados sistemas económicos podían crecer incluso en entornos de coyuntura expansiva.
Sin embargo, ahora la cosa ha cambiado. Los vecinos ricos que importaban emigrantes y exportaban turistas y remesas se llevan dos años de tribulaciones, en las que los intercambios de personas y dinero se han visto obstaculizados no sólo por las leyes, sino también por la dura realidad. Y, en esto, los precios de los alimentos vuelven a escalar donde ya estuvieron en 2009, aunque en una coyuntura económica más debilitada.

Fuente: FAO.org

Las opciones ya no pasan por la huída, ni por esperar que huyan los familiares y amigos para que nos ayuden desde fuera. Y no parece que todo el mundo esté pensando en integrarse en AlQaeda para autoinmolarse en nombre de Alá. Ahora los precios de la cesta de la compra suben en casa y el problema hay que resolverlo en casa, porque de fuera no están en condiciones de echarnos una mano. De ahí también las revueltas por la carestía de los alimentos cada vez parezcan más claramente el prólogo de lo que se ha vivido en Túnez y se está viviendo en Egipto.
Si no tienes libertad pero comes cada día, por mucha Internet de la que dispongas, tus ganas de protestar se ven mitigadas. Pero junta en la misma ecuación pobreza, falta de libertad personal y económica, acceso a Internet y falta de pan. Hazlo, y seguramente tendrás como resultado justo lo que está pasando en el Magreb y el Cercano Oriente.