martes, mayo 31, 2011

Confianza y fragilidad

Este artículo me lo ha pedido el periódico Agricultura Sí para el viernes, pero viendo el desenlace de la situación y que tenía un par de horas perdidas en Barajas, he decidido adelantar su entrega.

Hace unos años escribía en un libro sobre el sistema agroalimentario mundial que este sector y el financiero compartían una materia prima común: la confianza. Los consumidores de servicios financieros confían en que las entidades en las que tienen depositados sus ahorros se los devolverán al completo llegado el caso, de la misma forma que se fía de un pedazo de papel en el que aparecen unas cifras en euros, a pesar de que el propio papel tiene muy poco valor. En el caso del agroalimentario, los consumidores creen que los productos que se exponen para la venta en los lineales de los supermercados y en las baldas de los puestos son aptos para el consumo. Los sistemas de alerta alimentaria y multitud de reglamentaciones nacionales e internacionales velan por que esa garantía sea cierta. De ahí la obsesión de los últimos años por la trazabilidad y de ahí, también, el esfuerzo realizado por los agricultores y las comercializadoras para cumplir las exigencias.
En cualquier caso, de la misma manera que el sistema financiero está sujeto a errores y problemas derivados de su actividad (que se lo pregunten si no a la otrora todopoderosa banca de negocios anglosajona), en una cadena como la alimentaria en la que participan tantos agentes es normal que de vez en cuando algo falle y se produzcan situaciones de alarma. Cuando estas alarmas se relacionan con muertes, lo cual no es imposible, entonces las alarmas despiertan el pánico y los consumidores huyen del peligro como de la peste. Exactamente como de la peste. Por eso es tan importante que los responsables últimos de las alertas alimentarias sean identificados y castigados para que todo vuelva a la normalidad cuanto antes.
Como ya habrá adivinado el lector, todo lo anterior viene a cuento por el tema de los pepinos. Para cuando estoy escribiendo estas líneas, las autoridades alemanas han reconocido que no hay conexión entre los productos españoles y los casos de muertes por E. Coli. Pero el daño está hecho y ha sido brutal. Durante días se han cerrado las fronteras a la exportación, y se ha arrastrado por el fango la imagen de las frutas y hortalizas españolas, y no sólo de los pepinos.
Otra similitud: la confianza en el sistema financiero tarda en recuperarse, pero aún más tarda la relacionada con la alimentación, ya que en el primer caso lo que se arriesga es la riqueza, y en el segundo es la salud. Aunque ahora las autoridades alemanas corrijan sus acusaciones y afirmen que las producciones españolas no son culpables, es obvio que la situación tardará bastante en volver a ser normal.
Dicho lo anterior, esta crisis de los pepinos, ha dejado en evidencia algunas carencias del sistema: la primera es que se han realizado acusaciones gratuitas, sin apenas pruebas y hasta en contra de lo que dictaba el sentido común. La segunda es que algunos países han optado unilateralmente por el cierre de fronteras, al margen del sistema de alarma alimentaria europea: cada uno ha actuado "a su bola". La tercera es que no se ha sido suficientemente ágil desde España en la defensa del sector, aportando pruebas y análisis que demostraban su inocencia en este caso. También me da la impresión de que se ha sido poco expeditivo a la hora de exigir explicaciones a Alemania, que a estas horas no ha explicado aún el origen de la infección: hemos actuado como si fuéramos culpables desde el principio, sin articularas un plan de contingencia desde el ministerio el mismo día en que se comenzó a fraguar el asunto.
Ahora toca recuperar la imagen perdida, recuperar por la vía de las reclamaciones parte de los daños soportados e intentar salvar una campaña que ya estaba muy cuesta arriba. ¿Cómo actuar? De la única manera que se puede hacer: con transparencia, siendo muy sinceros con los consumidores y demostrando que no sólo somos limpios, sino que somos los más limpios, incluso más que los alemanes.

jueves, mayo 26, 2011

Las frutas y hortalizas en el contexto mundial

Este artículo me lo ha publicado El Economista hoy. Habrá ampliación, ya que el espacio que me han dado era demasiado pequeño:

La FAO nos predice el crecimiento de la demanda mundial de alimentos y la incapacidad a corto plazo de la oferta para ajustarse. Ésta sería la principal causa del aumento de los precios de los alimentos que, por otra parte, corre sospechosamente parejo al de las materias primas. Sin embargo, los productores de frutas y hortalizas españoles y, por ende, los andaluces, llevan años viendo decaer las cotizaciones de sus productos en términos reales. ¿Qué está pasando? La demanda alimentaria, es cierto, tiende a crecer merced a dos movimientos tendenciales de amplia influencia como son el aumento de la población mundial, por un lado, y el aumento del consumo per cápita derivado de las ganancias de renta de amplias capas de población en los países emergentes. Estas poblaciones, además, como demostrativo de su nuevo estatus, consumen bajo un patrón cada vez más occidentalizado.
Sin embargo, en el caso de las frutas y hortalizas sucede que las producciones no sólo crecen por encima de la demanda, sino que sus características como alimentos perecederos impiden en muchos casos recurrir al almacenamiento como herramienta de control de precios o el transporte a larga distancia para el alivio de los mercados en momentos de sobreoferta. La especialización productiva de los cultivadores de frutas y hortalizas implica que el esfuerzo de los productores y comercializadores les obliga a competir en un mercado relativamente abierto, en el que los consumidores ni están cambiando sus paneles de consumo alimentario hacia el modelo occidental, ni están incrementando sustancialmente su consumo per cápita. En ese mercado cada día, además, hay más competidores terceros ansiosos por entrar porque, lo que sí tienen los consumidores europeos, es un destacado poder adquisitivo.
El reto no es fácil. En realidad, es endiabladamente complicado, y no bastan soluciones sencillas, sino que seguramente se precisará un conjunto de ellas, que habrán de ponerse en marcha de manera coordinada a diversos niveles de la cadena agroalimentaria, y hasta en el entorno institucional.

sábado, mayo 14, 2011

Desde el fondo del pozo se ve la luz

Los que tienen la santa paciencia de seguirme por Twitter (@Sayonada) ya sabrán que comencé la semana en Valladolid, en el Seminario sobre Política Económica organizado por la Facultad de Económicas de la Universidad de Valladolid y patrocinado por la Fundación Cajamar, entidad que me paga el sueldo cada mes. En dicho seminario participaron Antonio Torrero, Juan Velarde y José Luis Feito. Como pueden imaginar mis lectores actuales y ya sabe mi batallón de seguidores (no se crean, 3 ó 4, no más) las conclusiones de aquella jornada eran, cuanto menos, sombrías. El panorama dibujado por estos tres economistas era muy negativo, aunque lo que más me preocupó fue la sombría visión  que sobre nuestra situación financiera planteaba Torrero. En charla aparte él mismo llegó a describir su diagnóstico como catastrofista, si bien luego añadía que, dado que a su alrededor no veía tanto pesimismo como el suyo, debía ser que estaba equivocado. Desde luego, eso espero. Como digo, el comienzo de semana no podía ser peor. A lo escuchado en Valladolid se sumaban los recientes datos de la EPA, el crecimiento sostenido de la inflación y los nuevos problemas que asomaban en el horizonte al respecto de Grecia y Portugal, así como las sombras que sobre el proceso de construcción europea comienzan a recibirse desde los países del Norte.
En resumen, el martes volvía a Almería con un tremendo mal cuerpo y la sensación de que todo era susceptible de ir a peor: la deuda, el paro, la inflación y la política.
Afortunadamente, a lo largo de la semana comenzaron a aflorar informaciones menos malas, tales como la evolución favorable del comercio exterior y, sobre todo, el dato de PIB conocido el viernes para España, que vino acompañado de datos mucho mejores de Alemania y Francia.
El dato de nuestros vecinos, sumado al del Reino Unido, conocido unos días antes, añade bastantes enteros a la posibilidad de que la campaña turística sea buena o muy buena este año. La noticia también es favorable para las exportaciones españolas –hay que recordar que hemos cerrado nuestro tradicional déficit comercial con respecto a la UE–, ya que implica un mayor potencial de consumo por parte de sus ciudadanos y, por supuesto, una mayor probabilidad de viajar al extranjero en sus vacaciones. Si a eso le sumamos la situación de incertidumbre que se respira en algunos destinos del Mediterráneo más exóticos que el nuestro, las perspectivas engordan.
Con respecto al PIB nacional, la cifra no es espectacular, pero mejora la previsión del Banco de España en una décima. Una miseria, pensarán, pero es que muchos analistas estaban apuntando a un crecimiento de una sola décima o incluso una tasa plana. El INE nos reveló el viernes en su primera estimación que nuestra producción creció un 0,3% en el primer trimestre, y un 0,8% en tasa interanual. En el gráfico que adjunto puede verse cómo a partir del 2º trimestre de 2009 comienza el nuevo ciclo de recuperación que se ha ralentizado precisamente a partir de haber pasado la línea del crecimiento cero. No obstante, la buena noticia es que aunque lento, el proceso continúa y es de preverse que siga al menos durante el 2º y 3º trimestres.

Fuente: INE, Contabilidad Nacional Trimestral
Entre los principales factores explicativos de este comportamiento está el de la contribución del sector exterior, siendo la gran duda la contribución del mercado nacional, muy afectado por las malas expectativas, el sobreendeudamiento y el elevado desempleo. Para que España crezca a niveles cercanos a su potencial debe ponerse en marcha ese consumo nacional que no termina de despertarse, o que ha vuelto a pararse. Abril ha sido bueno en términos de empleo, pero un sólo mes no es suficiente madera para mover la locomotora. El indicador de confianza del consumidor que elabora el ICO pretende medir la visión que sobre la marcha de nuestra economía tienen los consumidores, esos que con sus decisiones de compra configuran lo que denominamos el consumo de las familias. El panorama que dibuja el indicador no da demasiado margen para el optimismo, al menos a corto plazo, ya que el indicador se sitúa aún por debajo de los niveles previos a la crisis, incluso por debajo de los obtenidos hace 12 meses. Dicho de otra forma, el crecimiento seguirá siendo débil ya que dependerá más de la demanda externa que de la nacional.

Fuente: ICO, Indicador de Confianza del Consumidor
No obstante, como seguro que diría José Carlos Díez, no es inteligente apostar contra el consumidor español, ya que a la primera de cambio, modifica sus prioridades y vuelve a sus pautas de consumo normales. Me encantaría equivocarme, pero creo que el consumidor español está demasiado asustado ahora mismo, y lo va a estar más después de las próximas elecciones, en las que las distintas administraciones, con sus gobiernos recién elegidos tendrán que asumir y aplicar importantes recortes que deprimirán la Demanda agregada.
El futuro va a pasar por la capacidad de reacción de las empresas privadas, con poca o ninguna ayuda por parte del Estado y con grandes dificultades de financiación. Es decir: competitividad y productividad serán las palabras de moda en los próximos meses, una vez que terminemos con la moda de las elecciones y la negociación colectiva. De hecho, dado que el paro ha crecido mucho más de lo que ha decrecido nuestro PIB, la productividad española se ha disparado, compensado en cierta medida nuestra inflación diferencial con el resto de los socios europeos. De momento, Google Trends nos dice que la palabra crisis ya la hemos dejado bastante atrás y la palabra paro no parece aumentar.

Fuente: Google Trends
Vamos a poner más alegría en este final. Escribía Antonio Machado:

Caminante, no hay camino, 
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

España sigue caminando en su salida del túnel, casi está fuera, la luz incluso podría llegar a herirnos los ojos. Sigamos pues caminando, creyendo en nuestros propios pasos y manteniendo una actitud esperanzadora. Tal vez no sea propio de un economista terminar un artículo así, pero esta canción de Diego Torres que os pego sirvió para que un país entero, Argentina, comenzara a mirar con esperanza su futuro. Y ellos estaban mucho peor de lo que nosotros nos encontramos ahora.