miércoles, agosto 31, 2011

Energía y backstop technology

Las crisis del petróleo de los años setenta alumbraron un mundo preocupado por la sostenibilidad de los recursos naturales y, sobre todo, por la viabilidad de un sistema energético basado en los combustibles fósiles. El informe “Los límites del crecimiento” del Club de Roma, ponía el acento en lo limitado de los mismos y el fuerte incremento de los precios logrado por el embargo de suministros de la OPEP fueron el caldo de cultivo en el que estas ideas progresaron.

Poco a poco, el paso del tiempo y, en gran medida, la diversificación de orígenes geográficos del crudo, con la consiguiente pérdida de poder del cártel exportador, han matizado bastante el miedo a un mundo de combustible escaso y caro. Al mismo tiempo, el avance tecnológico ha posibilitado una creciente oferta energética de base renovable, lo que elimina bastante incertidumbre con respecto al futuro. En los últimos años, la amenaza del cambio climático y la relación de éste con las emisiones de CO2 de origen humano ha mantenido viva la necesidad de buscar nuevos sistemas para proveer de energía nuestros procesos.

En Europa se ha sido especialmente sensible a las estrategias de diversificación energética, probablemente por la mayor debilidad de su sistema, al depender en gran medida  de las importaciones de crudo y gas natural de terceros países. Así, han aparecido a lo largo de los últimos años diversos informes e iniciativas legislativas encaminadas a la promoción del desarrollo y uso de fuentes de energía alternativas y renovables. El mecanismo de base económica que se suele utilizar para el fomento de un determinado sector, considerado estratégico, suele ser el de la subvención, bien sea a través de primas para el acceso al mercado en condiciones de competitividad o bien a través de ayudas a la inversión en nuevas instalaciones de producción. La razón subyacente es que en el estado actual de la tecnología, no se puede competir en el mercado, ya que las fuentes asentadas cuentan con unos costes de producción mucho menores. No obstante, se supone que con el paso del tiempo, y generándose una demanda, la tecnología comenzará a ser más eficiente y también más rentable, hasta que deje de ser necesario la subvención. Así ha ocurrido en multitud de sectores, considerándose incluso que uno de los papeles del Estado es, precisamente, dirigir a los mercados en la dirección deseable.

Por desgracia, el incentivo puede convertirse a veces en un mecanismo perverso que, más allá de lograr unos objetivos de producción y consumo, pueda ser utilizado por algunos agentes como fuente de beneficios rápidos y seguros. Algo así es lo que ha pasado en España con el asunto de las primas pagadas por el Estado a los productores de energía solar. Dado que el volumen del mismo era muy apetecible y que el estado de la tecnología comienza a acercarse a los niveles mínimos de rentabilidad necesarios para la  competencia con los fósiles (más aún en un escenario de precios elevados del oro negro), la reacción de los agentes excedió los resultados esperados. En realidad, se produjo una burbuja de expectativas a propósito de la energía solar que multiplicó los parques solares, las granjas solares y hasta los chiringuitos solares. El Gobierno cortó por lo sano, reduciendo de golpe el importe de las primas y llevando por debajo del umbral de rentabilidad a un importante número de explotaciones.

Lo sucedido no es excesivamente diferente de lo ocurrido en el mundo con la burbuja de internet en la década previa al año 2000. Se instalaron miles de kilómetros de fibra óptica, a unos elevados costes que supuestamente serían rentabilizados gracias a los fabulosos beneficios (inflados por la burbuja) que Internet reportaría a los promotores. Cuando la cordura volvió al mercado, aquellas inversiones se descubrieron ruinosas y se convirtieron en lo que se denominó "fibra oscura". Sin embargo, esa fibra oscura es hoy el sistema nervioso por el que circulan los bits de información. La magia de las liquidaciones permitió que los precios de explotación de aquella fibra se redujeran sustancialmente y que pudieran sustentar actividades rentables (con  unas pérdidas asumidas por otros).

Un escenario de precios de los fósiles en crecimiento tendría, en el caso de España, un efecto revitalizador sobre esas inversiones que ya se han contabilizado como pérdidas en los balances de las empresas y que, por tanto, apenas tendrían que amortizar inversión inicial, reduciendo sustancialmente el coste de producción y recortando las diferencias con los costes del kilovatio proveniente de la combustión. Casi que podríamos llegar a hablar de "fotones oscuros".

Con una visión de mayor largo plazo, los miedos a la desestabilización del sistema económico mundial por el lado de este sector, se matizan. Si alguien me hubiera preguntado hace 10 años al respecto, mi respuesta hubiera sido que el energético sería el talón de Aquiles del capitalismo. Hoy no lo creo. Los avances de la tecnología en el conjunto de energías alternativas dibuja un panorama para los próximos 20 años en los que se puede prever una transición tranquila en nuestro modelo energético. Además, el previsible agotamiento paulatino del crudo irá acrecentando sus costes de obtención y, por consiguiente, también sus precios de venta. Sin embargo, los costes y precios del resto de los sistemas de obtención energética se están poco a poco restringiendo. Las sendas contrarias de ambas fuentes de provisión terminarían por decantar la balanza a favor de los nuevos sistemas sin que llegáramos ver el agotamiento total del petróleo en el planeta. El sol, desde luego, es la gran esperanza de la humanidad, si logramos unos niveles de eficiencia tan sólo similares a los que logran las plantas en su fotosíntesis, el limitan energético desaparecería.

¿Eso significa que no hay límites al crecimiento y al capitalismo? Desde luego que no. En este sentido, cada día soy más malthusiano, el límite está en nuestra incapacidad para aumentar indefinidamente la cantidad de alimentos: el suelo no es infinito, ni la disponibilidad de agua dulce es universal. Por mucho que la tecnología siga unida con intensidad creciente a la producción agraria (precisamente, la escasez de alimentos es el motor que alimenta esa unión), existen límites físicos que necesariamente son imposibles de salvar. Sigo pensando que necesitamos autolimitarnos, que debemos convertirnos en una permacultura antes de que atravesemos el punto de no retorno, antes de que sea demasiado tarde para volver atrás y colapsemos como ya ha pasado con numerosas civilizaciones a lo largo de la humanidad.

domingo, agosto 28, 2011

Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe

Aunque mis vacaciones terminaron el jueves pasado, los dos días laborables antes del fin de semana han sido sólo un intermedio vacacional. Primero, porque al estar la ciudad en fiestas el horario no ha sido el normal, sino uno reducido y, segundo, porque aún me restaban unas páginas para terminar la última novela de las vacaciones. Acabo de cerrarla. En la tarde del domingo. Justo a tiempo.
A lo largo de un viaje en avión entre Bilbao y Nueva York, Kirmen Uribe nos va contando la vida de su padre y de su abuelo. Y de su familia a lo largo de tres generaciones, ya que incluye la suya propia. Gente de mar, gente dura, gente que se ha enfrentado a las duras olas de la vida y que han llegado a distintas playas. La técnica que utiliza no es lineal, por lo que no resulta demasiado sencillo seguir el hilo, como cuando se desvía a personajes (en realidad habría que decir personas) secundarios. Va insertando anécdotas, recuerdos prestados por familiares y amigos, junto con el relato de la creación de la propia novela. Es por ello, posiblemente, que el principio me haya resultado demasiado tedioso, aunque las últimas 60 páginas han caído una tras otra, logrando saltarme alguna lágrima por el camino. Se nota que Uribe es poeta. Se nota en la sensibilidad con la que describe los gestos que considera importantes, el "mayte, mayte" o el juego de las dos niñas intentando cazar mariposas con una sábana.
Tengo que reconocer que me ha costado pillarle el gusto a esta obra, a pesar de lo sugerente de la reseña que me la vendió. No creo que en realidad se le pueda llamar novela, es como un libro de recortes en el que se acumulan los recuerdos y las anécdotas, pero en el que es casi imposible encontrar una historia hilada. Aunque, tal vez, el hilo conductor sea realmente el propio proceso de redacción. Es por eso que lo veo más como una crónica poética, como una saga islandesa escrita en prosa. Aún así, merece la pena su lectura. Hay momentos muy intensos y la franqueza con la que el autor conversa con sus lectores es de agradecer. Éste es un autor a seguir. Seguro que guarda al menos una gran novela entre los pliegues de su cerebro.

jueves, agosto 25, 2011

El final de la época de los soñadores

Stive Jobs deja la dirección de Apple. Se cierra una época, porque tiene la pinta de ser un abanono definitivo. Cuando se fue por primera vez (más bien lo echaron), la empresa comenzó una marcada decadencia que la llevó al borde de la desaparición. El retorno triunfal marcó una nueva era. Primero fue el ordenador de colores, el iMac. Nada nuevo, en realidad, un ordenador monopieza (como el primer Mac), con una carcasa plástica de azul traslúcido y un diseño curvo y elegante. Aunque en realidad también era una metáfora de los nuevos tiempos que llegaban: se prescindía de lo que se consideraba pasado (por ejemplo, se dejaban atrás la unidad de disco de 3 1/2 o los puertos serie ADB), para apostar abiertamente por nuevos estándares (fue el primer ordenador en portar puertos USB). La empresa también se deshizo de los modelos y productos poco rentables, como las impresoras y apostó por los ordenadores y el software como puntos clave.
En un segundo paso, Apple decidió trascender de su mercado tradicional y, en un movimiento relativamente arriesgado (recuerden que era la época de los Napster y compañía), lanzó un reproductor MP3 que se acompañaba de una gramola digital que permitía el acceso a una tienda de música online. Este paso revolucionó definitivamente el mercado de la música, desmoronando uno de los pilares inamovibles de la industria, como era el LP (primero en vinilo y lluego en CD), al permitir que los usuarios pudieran comprar sólo aquellas canciones que realmente les gustaran. No fue el primer MP3, pero sí el definitivo. A la primera versión le fueron sucediendo otras que mejoraron el sistema y sirvieron de banco de pruebas para un producto que, esta vez sí, fue claramente disruptor: el iPhone.
Creo que ésta es la gran obra maestra del mago Jobs. El soñador que es capaz de hacer realidad una idea, convencer a medio mundo de que la idea es buena y ganar millones de dólares con ello. Evidentemente, tampoco fue el primer teléfono móvil, ni siquiera fue el primer smarthphone, pero sí que significó un cambio de paradigma. Desde su irrupción, las pantallas táctiles se han convertido en el estándar de la industria y el sistema de gestos en la más intuitiva interface, dejando en pañales al afamado y sencillo sistema de Nokia (el entonces líder del sector). Y con la segunda edición del producto nació la App Store, un concepto nada original pero que Apple desarrolló para hacerlo sencillo, asequible y rentable (al menos para ella). Y permitió que esa tienda fuera precisamente una de las mejores cartas de presentación del iPad.
¿Es Tim Cook un hombre como Jobs? Tal vez me confunda, pero me da la impresión que no. No es un visionario, no tiene la genialidad de Steve para adivinar que es lo que le gustará a los consumidores. Si me parece que es un gestor eficaz y que tiene la suficiente personalidad como para sobrellevar la pesada carga de ser la cabeza visible de Cupertino. No creo que esto sea suficiente como para lograr que los ingenieros de Apple sigan sorprendiendo a los mercados, aunque probablemente, en septiembre y octubre veremos grandes novedades para compensar el mazazo al valor de la acción (ahora si me creo un rediseño profundo de la gama de sobremesa).
A día de hoy, entre las grandes del sector sólo queda un soñador, está en Google y acumula tantos errores como aciertos. Esperemos que los accionistas sigan permitiéndole soñar algunos años más. Ahora es su turno.

miércoles, agosto 24, 2011

Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa

Mi historia personal con esta novela (que habré leído ya 2 ó 3 veces) comenzó en un lejano 1983, como recuerdo de un trabajo de literatura. Nos encomendaron leer y comentar una novela de alguno de los autores del boom. Yo, no pude elegir demasiado, me tropecé con  una selección de cuentos de Borges, editada por la editorial Cátedra (la mejor amiga de los comentaristas de textos), que se llamaba "Narraciones". Nunca agradeceré lo suficiente a D. Jesús que nos impusiera aquel trabajo.
Alguien leyó este Pantaleón y llegaba cada día a clase comentándonos lo que se estaba riendo. Para un adolescente de 15 años que estudiaba en un colegio de curas sólo para niños, el argumento no podía ser más excitante. Y encima era gracioso.
Creo que la primera lectura fue a través de la biblioteca publica. Más tarde, en una de esas colecciones que se inician en septiembre, dedicada por RBA a la narrativa actual, pude hacerme con mi ejemplar. Desde entonces se lo recomiendo encarecidamente a aquellos lectores a los que les asusta salirse de los Best Sellers.
El bueno de Pantaleón Pantoja, oficial de intendencia del ejército peruano, recibe su destino como recién ascendido capitán. Pero no es el que él hubiera soñado. Tendrá que desplazarse a Iquitos a montar un servicio volante de prostitutas para atender a los puestos y guarniciones de la Amazonía peruana, para evitar los desmanes que los soldados cometen en los pueblos en los días de libranza.
Con un carácter que roza la manía compulsiva, el capitán Pantoja tendrá que mezclarse con el mundo del sexo de alquiler al tiempo que deberá mantener en todo momento su condición de militar oculta. Tendrá que vivir una doble vida que tensionará su matrimonio y que provocará momentos verdaderamente delirantes en forma de informes y correspondencia militar.
Por el medio se mezclan un profeta apocalíptico que predica clavado en una cruz y que se pasea por los pueblos del Amazonas creando Arcas (Iglesias) para su nuevo culto; un periodista radiofónico que le intenta sobornar y un capellán castrense que no logra entender cómo su ejército ha llegado a tal punto de depravación.
Aparte de lo humorístico de la situación, la forma de narrar de Vargas Llosa en esta novela logra dotar al relato de un enorme dinamismo. Se mezclan los informes, las cartas, los diálogos, de manera que apenas hay espacios de narración lineal. Aunque podría parecer lioso, en cuanto logras entrar en el juego (siempre rápido), comprendes lo que está ocurriendo, si es presente o es pasado. Y, de paso, también logras entender a todos los personajes principales. Esta fue la primera novela de Vargas Llosa que leí y supongo que volveré a leerla, seguramente dentro de algunos años, en algún momento en el que sienta que tengo necesidad de disfrutar de un buen rato con buena literatura.

PD: Hay un par de películas basadas en la novela. No he visto ninguna, pero me están entrando ganas:
Enlace en IMDB.

martes, agosto 23, 2011

La ninfa inconstante de Guillermo Cabrera Infante

Cabrera Infante retoma un episodio ya narrado en "Cuerpos divinos" –en realidad, lo retomó en Cuerpos divinos, que es posterior–. Se trata de su affair amoroso con Estela, una mujer que es una niña, que es una belleza rubia, pero que no lo es. En realidad, a pesar de su apatía, se comporta como las sirenas. A su canto, todos los barcos acaban encallando en las rocas.
Por ya sabida, la historia apenas aporta nada nuevo, si acaso algunos detalles menores. Sin embargo, el lenguaje vuelve a ser el protagonista real del relato. Los juegos de palabras del narrador y del protagonista (que en el fondo son la misma persona) sirven para cansar a la ninfa y para embelesar al lector. No sólo es el ritmo, que también, sino el color y la musicalidad del mismo (si es que el lenguaje puede tener colores).
Por otro lado, Cabrera Infante se desnuda a sí mismo pretendiendo desnudar a Estela, que ya ha muerto, pero que en su recuerdo permanece extrañamente viva. Vemos a un hombre que se deja arrastrar por los primeros impulsos, que cree en el amor a primera vista y que no entiende de límites cuando de la pasión se trata. Como la Lolita de Nabokov, Estela (que sabemos real, aunque pueda no serlo) seduce con su cuerpo, con su mirada. Y pide cosas imposibles, como que maten a su madrastra. Esta Lolita cubana extraña desde el principio, por fría y por demasiado indolente va engarzando historias en su historia hasta dejar de existir. En suma, lo que pretende ser la crónica de un enamoramiento se convierte en el reflejo de dos personalidades demasiado opuestas como para mantenerse unidas, escrito con el estilo inconfundible de Cabrera Infante: una delicia para la lectura y para luchar contra el calor.

sábado, agosto 20, 2011

Sólo un muerto más, de Ramiro Pinilla

¿Qué pasa cuando un novelista frustrado decide convertirse en su propio personaje e investigar un asesinato cometido en la playa de su pueblo diez años atrás? Lo que sucede es que sus pensamientos se convierten en una novela que se escribe (y se lee) en el más riguroso tiempo presente, aunque está ambientada en la postguerra civil, en un Getxo en el que aún hay muchas heridas abiertas. Dos hermanos gemelos aparecieron encadenados a una roca durante la pleamar. Alguien los había dejado allí, esperando que sufrieran mientras las olas terminaban su trabajo. Triunfó a medias, porque uno logró sobrevivir. Sin embargo, faltaban pocos meses para que la Guerra Civil estallara y convirtiera a ese gemelo muerto en apenas un muerto más. Ahora, el librero Simón, transmutado en Samuel Esparta, se ha decidido a resolver ese crimen anónimo al estilo de las novelas de detectives estadounidenses.
La idea de partida es muy original: que el propio escritor se convierta en su personaje y que narre en riguroso presente, arrastrando al lector a participar en el juego con numerosos guiños a los modos y formas de la novela negra. Por otro lado, el propio caso es suficientemente sencillo y, a la vez, enigmático: alguien ha matado a uno de los gemelos, pero falló con el otro. Simón-Samuel va haciendo preguntas a los testigos y a los posibles sospechosos, como un Sócrates que profundice en aquellos conocimientos que seguro posees, pero que desconoces que tienes. Por el camino, va introduciendo otros personajes, como el falangista poeta y de golpe fácil, que funciona como alter ego cómico y a ratos trágico del propio detective.
El relato le mueve con ligereza, apuntando a cada paso teorías y posibles motivaciones y criminales sobre el asunto. Sin embargo, a la altura de la página 80 es relativamente sencillo adivinar al asesino y su motivación, aunque la propia inercia del texto y la curiosidad te impulsan a seguir leyendo. La escena final del desenlace cuenta con el dramatismo adecuado en el que incluso hay una pistola desenfundada. Y, ya se sabe lo que dicen:  cuando en un relato hay una pistola desenfundada, ésta tiene que ser disparada...

domingo, agosto 07, 2011

Animal Spirits, de Akerlof y Shiler

"Cómo influye a psicología humana en la economía". Éste es el subtítulo de una obra que retoma y reivindica una parte normalmente olvidada de la teoría keynesiana. Los animal spirits, o los instintos animales. En una primera parte, clara y directa, los autores enumeran algunos de esos instintos que hacen de la economía una ciencia tan inexacta. Según ellos, estos instintos, que están en la base de todos los procesos de auge y colapso en diversos mercados, son: la confianza, la justicia, la corrupción, la ilusión monetaria y las historias orales. En realidad, las tres primera tienen que ver con valores personales y cómo las sociedades los perciben o los incentivan (desincentivan). En los primeros capítulos se exponen la naturaleza de estos 5 spirits y se estudia de qué manera influyen en la evolución de los hechos. En esencia, lo que plantean es un espacio de incertidumbre sobre el homo economicus y la ifalibilidad de los mercados. Esa idea se retoma al final, en las conclusiones, donde queda perfectamente bien resumida. A juicio de Akerlof y Shiler, el capitalismo es una gran sistema, pero no es perfecto, y el papel del Gobierno (el Estado) es corregir esas imperfecciones que están en la base de los comportamientos individuales de las personas y hasta en los comportamientos sociales. Crisis como la actual ponen de relieve que debemos dotar al sistema de mecanismos que reconduzcan los comportamientos potencialmente peligrosos. Hay, también, de fondo una idea interesante, dado que muchos de los spirits tienen que ver con valores y éstos se modifican a lo largo del tiempo, el mecanismo del que nos dotemos tendrá que ser suficientemente flexible y proactivo como para no perderse en medio de los cambios (aunque esto no se comenta abiertamente).
La segunda parte del libro es una especie de popurrí de casos en los que se utiliza la teoría de los animal spirits para explicar o dar respuesta a algunas cuestiones económicas relevantes en Estados Unidos. Los capítulos que la integran hacen, a mi juicio, que el libro pierda intensidad y que se pierda en una especie de estudios de casos en los que una y otra vez se explican las mismas cosas o se entra en profundidades que a veces no quedan bien explicadas (aunque esto pueda ser una falla de la traducción y no del original). En esta mitad yo destacaría la interpretación del funcionamiento del mercado inmobiliario, en el que los relatos orales han tenido un papel muy destacado y que sirve para explicar perfectamente el boom vivido en España.
En resumen, una nueva formulación de una vieja idea que incide en algo que cualquiera (incluso cualquier economista) debería tener meridianamente claro: los mercados no son siempre eficientes, porque los seres humanos tampoco lo somos...

martes, agosto 02, 2011

El futuro del binomio agricultura-tecnología

El ayer y el mañana están condenados a entenderse. Tanto en el caso de un hipotético colapso del actual sistema económico, como en el de una nueva huída hacia delante de ese mismo sistema. Porque no creo que podamos descartar enteramente un nuevo as en la manga del capitalismo. Los avances tecnológicos se suceden cada vez más deprisa y no es desdeñable un escenario en el que se encuentre una solución factible a la limitación energética, principal limitante actual del modelo.
En el primero de los casos, que alguno autores sitúan en fechas tan cercanas como el período de va desde hoy hasta dentro de no más de 30 años (véase el número 6 de la revista CUIDES), estaría motivado por la restricción energética y la dependencia de la economía mundial del petróleo. La curva de extracción del crudo habría llegado en esta década a su máximo (curva de Hubbert), debiendo esperarse desde ahora una menor frecuencia de descubrimientos de grandes yacimientos y un aumento paulatino de los costes de extracción. Todo ello implicaría una mayor tensión sobre la evolución de los precios. A pesar de que en los últimos años, las economías mundiales han sabido reducir su dependencia del petróleo, aún hay sectores que mantienen una altísima dependencia de los mismos, tales como el transporte o la industria química (abonos y plásticos incluidos). Sectores que, por su importancia, bastarían para conducir al sistema hacia un colapso del conjunto.
Sin embargo, reitero, dar por muerta a la Hidra de Lerna no es una buena idea, pues hay que eliminar a todas sus cabezas antes de empezar a cantar victoria. Y el capitalismo ha demostrado sobradamente su capacidad de adaptación ante las dificultades técnicas, tecnológicas y hasta filosóficas que se le han ido planteando a lo largo de su existencia. Soy consciente de que la idea de crecimiento con la que se asocia y que le da sentido a instrumentos tan arraigados en nuestra sociedad como el crédito o como el sistema de pensiones, tarde o temprano tendrá que chocar con el límite físico de la naturaleza. Y cuando esto suceda, el capitalismo habrá muerto. Aún así, suponerlo fulminado en 30-40 años es mucho suponer. Los avances en energía solar o en el campo de la fusión podrían llevarnos a soluciones factibles y económicas en un plazo razonable de tiempo. La rápida sustitución de la energía motriz del transporte evidentemente generaría costes y tensiones en el mundo pero, a medio plazo, sería una nueva vía de crecimiento económico. Eliminado o resuelto el problema energético, el sistema podría seguir funcionando unas décadas más habiendo superado una de sus peores pesadillas y reforzado ideológicamente por ello.
En cualquiera de los dos casos, por encima de las restricciones energéticas y por encima también de las controversias políticas e ideológicas sigue habiendo una gran corriente de fondo que va a elevar al primer plano el debate alimentario mundial, y con él, a la agricultura: el continuo aumento de la población humana. En el supuesto de colapso en el medio plazo, muchas de las instituciones internacionales se pondrían en cuestión, incluida la propia globalización: la disponibilidad del acceso prioritario a los recursos energéticos sería cuestión primordial y fuente de conflictos internacionales. En este escenario posible, con tensiones internacionales agravadas y aumentadas por la escasez energética, y con la posibilidad de conflictos bélicos, los movimientos migratorios incontrolados serán moneda corriente. Y volverán a serlo por la motivación de siempre: el acceso a los alimentos. El escenario colapso deviene con enorme probabilidad en un proceso de crecimiento de los precios de los alimentos. Como se explica en el número 2 de Coyuntura Agroalimentaria (p.2), en los últimos tiempos, los precios de los alimentos y del petróleo han convergido en un comportamiento bastante sincrónico. Las razones que se suelen esgrimir sobre el actual incremento de precios incluyen alguna que tiene una alta correlación con este respecto. El conjunto de motivaciones está bien condensado en el número 223 de Cuadernos de Información Económica de Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorros, y sirven para también para ilustrar los mecanismos que, en el caso de colapso, presionarían al alza aún más los precios de los alimentos:

  1. El aumento constante de población en el mundo, aún cuando es probable que a medida que los costes de supervivencia vayan aumentando, el ritmo de este crecimiento se vaya deteniendo.
  2. Cambios en la dieta de las poblaciones, concretamente en aquellos países en expansión en los que amplias capas de la sociedad están accediendo a la clase media, y están asumiendo los patrones de consumo alimentario de los occidentales (véase el libro Hungry Planet en el que se comienza a vislumbrar este fenómeno).
  3. Oferta insuficiente, fruto del rápido crecimiento de la demanda y de los problemas puntuales en torno a la producción con algunas malas cosechas en los últimos años (2007 y 2010), y limitaciones en las exportaciones de algunos países productores (para evitar situaciones de desabastecimiento en sus mercados locales).
  4. Disponibilidades limitadas de agua y tierra para poder dar satisfacción a los incrementos de la demanda, cuestiones que, en el fondo, no son sino el reflejo más evidente de la trampa malthusiana a la que nos estamos dirigiendo.
  5. Incremento del precio del petróleo. Este encarecimeinto del crudo, que ya hemos mencionado se encuentra en una senda de aceleración al menos que no se produzca un evento de back stop technology, interfiere en los precios de los alimentos a varios niveles. Uno inicial, como materia prima de la agricultura más industrializada y, por tanto, formando parte de los costes de producción de la misma; una segunda vuelta en el proceso de transporte de los productos en fresco o elaborados. Pero, ahora hay una tercera relación. El aumento de los precios de los combustibles fósiles sirve como dinamizador del mercado de los agrocombustibles. A partir de determinados niveles de precio del barril, comienza a ser interesante la producción de los denominados biocombustibles, algunos de los cuales provienen de especies que también son usadas para la alimentación humana, como es el caso del maíz –recuérdese la crisis de las tortillas de maíz en Mexico–.
  6. Finalmente, los cambios en los sistemas de protección agrícola en Europa y EEUU han devenido en una reducción considerable de los stocks de alimentos. Bien sea por razones de coste, bien por cuestiones relacionadas con la globalización, la realidad es que esos stocks actuaban como reguladores de la oferta y como reservas de emergencia, habiéndose limitado esta posibilidad con su reducción.
Como fácilmente se puede deducir, la hipótesis de hundimiento del sistema provocaría numerosos enfrentamientos por el control de los recursos naturales y, casi con toda seguridad, un rebrotamiento del proteccionismo. En este sentido, las consideraciones que hoy se realizan sobre la soberanía alimentaria y su importancia estratégica no son sino el reflejo de una forma de corazonada social en torno al futuro. Aunque la historia no se repite, no hay que olvidar que el anterior proceso globalizador del mundo, a caballo entre los siglos XIX y XX, tuvo como colofón la sucesión de dos guerras mundiales.
Un entorno así, en el que el alimento se convierta nuevamente en una cuestión de soberanía nacional, con unos precios de la energía desatados y reflejados en la alimentación incidirían probablemente en una vuelta a planteamientos estrictamente productivistas, en los que la tecnología siempre ha tenido mucho que decir. Se impulsarían industrias de sustitución de las exportaciones en los países o áreas más cerradas y se buscaría garantizar en la medida de lo posible la independencia alimentaria. En este caso los avances tecnológicos perseguidos serían los relacionados con los aumentos de productividad.
En el mundo alternativo de una nueva fuente de energía –pongamos por caso, la solar–, el escenario cambiaría radicalmente. Por un lado, la importancia geoestratégica de determinados países desaparecería, y con ella una de sus fuentes principales de ingresos. No habría que menospreciar la posibilidad de problemas sociales en esos Estados que ahora acallan el descontento con enormes estados del bienestar, ni las posibilidades de globalización de los conflictos inicialmente locales relacionados con la distribución de la nueva escasez en dicha parte del mundo. No obstante, el proceso de globalización tendría las manos libres para, sin ellos o a pesar de ellos, continuar hacia delante.
Pero en el ámbito de los alimentos, y volviendo a la lista de razones del encarecimiento de los mismos, quedarían desactivadas algunas de ellas, como es el enlace de los precios del petróleo y sus derivados de la agricultura. En cualquier caso, posiblemente no dejarían de ser necesarios para el primario algunos de los derivados industriales del crudo. Sin embargo, otro buen puñado de razones seguirían totalmente activas, y fundamentalmente la del aumento de la población mundial y los problemas derivados de la escasez de suelo y agua. Con la base energética de la civilización resuelta o, al menos, resuelta a medio plazo, los problemas relacionados con el sustento de las poblaciones ganarían poder de atracción en los debates sociales y políticos.
El papel de la tecnología en este caso, se centraría también en cuestiones de productividad, pues la tijera recursos/demanda seguiría existiendo, pero posiblemente habría una mayor amplitud de campos de actuación, o de prioridades de desarrollo: variedades nuevas con mejores cualidades organolépticas, desarrollo de productos de I y V gama, logística y condiciones de transporte, sistemas de cultivo, recuperación y mantenimiento de suelos, etc.
Pero, aún así, con una tecnología actuando de redentora energética de la civilización y del capitalismo, la vanidad del ser humano y la necesidad de crecimiento (el fetiche del crecimiento que lo denomina Hamilton) terminaría arrastrando al sistema económico contra las barreras físicas de la naturaleza y de la realidad. Al menos a este sistema.
Volviendo al principio de esta reflexión, la tecnología y la alimentación seguirán siendo en el futuro inmediato (sea éste el colapso, la utopía energética o cualquier estadio intermedio) parte del problema y de la solución. Con el acento puesto seguramente en cuestiones distintas, el humano del futuro también precisará alimentos de calidad y seguros para garantizar su sustento. Y, en ese empeño que es diario, la tecnología siempre tendrá algo que decir.
Almería, 2 de agosto de 2011

lunes, agosto 01, 2011

Suspensos para septiembre

Fuente: meteored.com
Aunque los nuevos planes de estudio de las Universidades hayan traspasado las pruebas de recuperación de septiembre a julio, para los de mi generación septiembre siempre tendrá la consideración de mes de las segundas oportunidades, el momento en el que traspasar las barreras que nos frenaron en junio.
Este año, la sensación de suspenso en la actividad económica es más amplio que en otras ocasiones: nos vamos a meter en agosto con una tasa de paro de más del 20% a nivel nacional y un escandaloso 35% a nivel provincial, con una clase política que, o bien está aterrizando o bien se está despidiendo de una legislatura que, desde el mismo momento que Zapatero pronunció las palabras “elecciones anticipadas”, ya estaba muerta y enterrada. Nos vamos de vacaciones (quien puede hacerlo) con una sensación de tormenta interrumpida mucho mayor que en los años precedentes.
Por otro lado, en los últimos años septiembre ha sido un mes negro para la economía. Fue en septiembre cuando estalló el escándalo de las Subprime. Y justo un año más tarde, en septiembre de 2008, la Fed dejaba caer Lehman Brothers. Nos estamos acostumbrando a no esperar nada bueno de este mes. Es como si las malas noticias pasaran los calores del verano agazapadas en la orilla para caer sobre nosotros con las olas provocadas por las tormentas del final del verano.
El problema es que este año, para la economía española, septiembre pasará en blanco. Normalmente es cuando se negocian los presupuestos del ejercicio siguiente, pero en esta ocasión no habrá ningún aliciente para su aprobación. El Gobierno da la impresión de querer escapar de su prisión dorada lo antes posible y sin acumular más tarascadas en la piel, y la oposición está pensando en el desembarco, así que no lo pondrá fácil para la aprobación de un nuevo presupuesto que no será suyo. Así las cosas, Zapatero ya lo ha dicho, lo más sencillo será que tengamos unas cuentas prorrogadas, con el plus de dificultad e incertidumbre que ello genera.
No pudiendo esperar casi nada del ámbito político hasta al menos diciembre o enero, con un nuevo gobierno al mando del timón, lo que nos queda es el funcionamiento de empresas y mercados. Éstos han decidido que somos siameses de Italia y han unido, de momento, nuestra suerte a la del país transalpino, lo cual es malo, pero también es bueno: España e Italia juntas son un pellizco demasiado grande de la economía del euro como para permitir que caigan. Y al otro lado del Atlántico, los políticos estadounidenses van a agotar hasta el último segundo para aprobar el aumento del techo de gasto, pero con unas condiciones que dificultarán (o harán imposible) el nuevo plan de estímulo por el que abogaba la Fed.
Septiembre, por tanto, tiene toda la pinta de esperarnos colmado de tormentas, esas que ahora mismo se están preparando sobre la calmada superficie en medio del océano, esas que se hacen más terribles cuanto más calor se acumule. Disfrutemos del cálido verano, porque a la vuelta de la esquina nos está esperando un tormentoso otoño.