Estimado Sr. Dívar:

Ante todo quiero darle las gracias personalmente por ayudarme a mantener mi cerebro en forma. Después de ver cómo nuestro políticos compadreaban con promotores y constructores (de obra privada y pública); después de alucinar con las indemnizaciones cobradas por los "pobres banqueros" que han llevado a la ruina instituciones centenarias, después de todo eso pensé que mi capacidad de sorpresa no podría nunca más sobrepasada. Me equivocaba. Usted me ha demostrado que había menospreciado hasta que puntos puede llegar la naturaleza humana, y cómo algo tan valioso como la dignidad puede ser tan ninguneada por alguien que se supone es una Alta Dignidad del Estado. Gracias, le digo, porque una de las mejores maneras de mantener el cerebro vivo es someterlo a un estado continuo de aprendizaje, sacarlo a menudo de la rutina, y usted ha logrado que yo me sorprenda de nuevo y que siga aprendiendo. Todo un detalle de su parte.
Sin embargo, déjeme que le diga, que esperaba algo más de usted. Como jurista estoy seguro que distingue perfectamente entre lo que es legal y lo que es o no es ético. Un comportamiento puede ser legal porque no haya una normativa que lo prohíba expresamente, pero eso no quiere decir que sea ético (en este caso, el suyo ni siquiera es moral). Le recomiendo que visione la magnífica película "Margin Call". Aparte de tener un excelente elenco de actores y actrices, podrá apreciar lo que le digo. Todos ellos se comportan de forma legal, pero a nadie se le escapa que sus acciones son completamente inmorales. La enseñanza que yo saqué de ella es que la ética es necesaria, el motor de las acciones no puede ser sólo el dinero. Cuando eso sucede, los incentivos se pervierten y el resultado es el vaciamiento moral de la sociedad, en primer lugar, y el posterior empobrecimiento material de la misma.
Ya le digo, señor Dívar, que usted le está haciendo un flaco favor al tercer pilar del estado democrático: el poder judicial. Ustedes son los administradores de la justicia, y como los psicólogos del comportamiento están demostrando, nuestra especie tiene un cierto sentido de la justicia que es innato y universal. Comprendo que a usted le parezca una minucia el importe de sus viajes con lo malversado o, directamente, robado por alguno de los encausados por el estamento que usted dirige. El importe es distinto, pero la motivación es la misma: confundir lo que es de todos con lo que es de uno, como si en realidad no fuera de nadie. Moralmente son equivalentes el robo de una farmacia y el robo de un banco, por mucho que los botines sean muy diferentes.
Por tanto, aparte de reiterarle mi agradecimiento, le pido, por favor, que reconsidere su actitud y que dimita. No permita que su natural tendencia a mantenerse en el machito desprestigie a toda una profesión (aunque, ciertamente, ellos mismos se están retratando al no reprobar su comportamiento). En tiempos tan duros como los actuales, en los que cada día se le exigen (no se le piden) sacrificios a la ciudadanía, los poderosos (y usted, no me lo negará, representa a todo un poder) deben dar ejemplo. Su empecinamiento sólo transmite dos cosas: la primera es que usted no tiene la más mínima sensibilidad social y, la segunda, que es usted literalmente un sinvergüenza: alguien que no siente vergüenza por su comportamiento vergonzoso.
Finalmente, señor Dívar, déjeme decirle que me importa un comino con quién come o cena usted, eso es parte de su vida privada pero que, precisamente, por ser privada, debiera usted costearla con sus ingresos privados y no cargarlos a la cuenta de todos, aunque a usted le parezca una minucia.
Espero que si usted llega a leer esta carta, comprenda que lo que yo siento es muy similar a lo que piensa un gran número de españoles y que su dimisión, lejos de deshonrarle, sería todo lo contrario, aunque cada día que pase le será más difícil justificarse. Como imagino que esta misiva nunca llegará a sus manos (o a sus ojos) he sumado mi firma a una petición pública para pedir su dimisión. No se lo tome a mal, no es nada personal, sólo es una cuestión moral.
Sin otro particular, reciba un cordial saludo,

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