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Mostrando entradas de octubre, 2012

Almería se sale

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Este artículo me lo han pedido para la revista NOVA CIENCIA, donde aparecerá en breves días.
Sí, se sale, se sale del mapa en términos de paro. Durante años Almería supuso un ejemplo para el resto de Andalucía y para el conjunto de España: se podía estar en la comunidad andaluza y no presentar tasas que doblaran las nacionales. Almería se homologaba con la media estatal y, en ocasiones, hasta se situaba por debajo. Pero llegó la crisis...

Y todo cambió. Como ya he comentado en otra ocasión, llama la atención que Almería haya cambiado su perfil de comportamiento en términos de paro. Hemos dejado de seguir la media española para ponernos por encima de la andaluza. El hecho es que pasamos de marcar la tendencia del país a irnos muy por encima. Las razones no son sencillas ni únicas.

Entre el conjunto de razones que podemos aducir a este fenómeno creo que hay dos que son centrales y complementarias: el cambio de modelo de crecimiento y la expansión de la población activa que éste impuls…

El Gran Lebowski

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Hay que estar para todo. Es una máxima que funciona siempre que te encuentras en el ámbito laboral de una pyme o de una institución de pequeña dimensión. Y no es un peso, sino una bendición, ya que te obliga a romper con la monotonía y hace de tu trabajo algo mucho más creativo (por necesidad). En mi vida profesional he tenido que montar mesas, maquetar, picar datos, elegir menús, barrer, mudar cajas de libros (y ordenarlas), clasificar documentos, revisar facturas, presentar expedientes a diversas administraciones, barrer y fregar suelos, escribir discursos y conferencias, darlos, y un largo etcétera. Una de las últimas iniciativas de mi actual lugar de trabajo ha sido organizar ciclos de cine. Y, cada 3 ó 4 semanas me toca hacer la presentación de la cinta que se proyecta. No hay que estar más que 2 ó 3 minutos y, dado que mi elación con el cine es más bien superficial (otra cosa es con el cine infantil), esta pequeña trasgresión me permite enfrentarme a ese mundo y tener que decir …

Los activos oscuros

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Esta entrada comienza con un desayuno, esta mañana, con un ex-compañero del ex-departamento de economía aplicada. De vez en cuando tomamos un café juntos (cada uno el suyo) y, como no, hablamos de economía. Hoy casi pactamos que no hablaríamos de la crisis, pero fue imposible. No sé de qué manera terminamos conversando sobre el exceso de pesimismo que nos rodea. Él ahora trabaja de consultor y nos contamos lo frustrante que es que la gente no asuma ningún riesgo cuando está en condiciones de hacerlo (nos referíamos a gente con capacidad económica). El miedo infla la burbuja del pesimismo y nos incapacita cualquier movimiento.
De la burbuja del pesimismo creí que íbamos a pasar a hablar de fórmulas para pincharla,  pero nos desviamos a otro de nuestros temas favoritos: el papel de Alemania en este asunto y su política suicida autista. No nos entretuvimos mucho, saltamos a la emigración  y a la posibilidad de que los que hoy emigran de España puedan un día volver con capital económico y …

¡Que nos alimenten ellos!

Vivimos tiempos extraños. Tiempos en los que un litro de agua puede resultar más caro que un litro de leche. Tiempos en los que la diferenciación, que era el Santo Grial tras el que debían correr las empresas de la agroalimentación, ha dejado paso a las marcas de la distribución con un consumidor más preocupado por el precio que por la calidad.
Pero, por extraños que los tiempos sean, aun se mantiene el antiguo uso de que una empresa no es rentable si sus ingresos son sistemáticamente inferiores a sus gastos. Y la agricultura, que debe cada día más buscar sus ingresos en el mercado no es una empresa. Suele ocurrir que en un mercado, cuando se producen beneficios, entonces la competencia aumenta, pues cada vez más empresas nuevas quieren participar de ellos. Con el tiempo, según los manuales al uso, será precisamente esa competencia la que provoque que los precios tiendan a reducirse, favoreciendo la supervivencia de los más eficientes y mejorando el bienestar de los consumidores. En es…

Apple, ecología y el nuevo consumidor

Al principio de la Revolución Industrial lo importante eran la maquinaria y el volumen de producción. Los productos se estandarizaron para poder fabricarlos en serie y reducir los costes (y los precios). Con la mejora de la renta y el acceso de cada vez más personas a los mercados de consumo, y con el aumento de la competencia, los productores comenzaron a comprender las ventajas de la publicidad y el marketing. Y, hoy día, una de las misiones principales de ese marketing es lograr que los consumidores perciban un producto (aunque sea en gran medida estándar) como distinto del resto. Es lo que se ha venido a llamar diferenciación.

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Horas de trabajo y productividad

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Ayer saltaba en la prensa una noticia que (en realidad no es noticia, ya que esto ocurre desde hace tiempo) afirmaba que los españoles trabajan más horas que los alemanes (enlace). La noticia me llego por un twit de El Economista que yo retuiteé con comentario. Supongo que ellos a su vez lo reenviaron y se armó un cierto revuelo con lo de la eficiencia de esas horas (o sea, con lo que los economistas llamamos productividad).


En un momento dado yo le pedía a uno de los intervinientes en las múltiples conversaciones que mirar la evolución de nuestra productividad, que se sorprendería. No sé si lo hizo, yo sí. Y este es el resultado (por cierto, la fuente de todos los gráficos es Eurostat). En este primero se puede comprobar como desde al menos 2005, la productividad por hora trabajada de los españoles ha sido una de las que más ha crecido (al menos de los países de economías más grandes, los datos de R.U. no están):


De hecho, esta última crisis y la consiguiente destrucción de empleo es…

Por qué fracasan los países, de Acemoglu y Robinson

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Tan sólo mi pésimo conocimiento de la lengua de Shakespeare me impidió comprar este libro en inglés (en su versión ebook). Tuve que esperarme a que existiera una edición en español para poder enterarme de todo en condiciones (por cierto, es una pena que en nuestra lengua sólo se pueda comprar para ebooks en PDF). Y, cuando la tuve, demoré el resto de lecturas pendientes para meterme de lleno en el libro sobre el que más se ha escrito en los últimos años.
Los autores pretenden explicar el porqué de las diferencias de riqueza entre unos países y otros. Para ello comienzan repasando las diferentes explicaciones propuestas a lo largo de los últimos años, desde las relacionadas con la cultura, como la tesis defendida por David Landes, hasta las relacionadas con la geografía (entre las que destaca la original aportación del ecléctico Diamond), pasando por las que hablan de desconocimiento o falta de acierto en la elección de políticas.
Las razones para no quedarse con esas tesis están en e…