El Gran Lebowski

Hay que estar para todo. Es una máxima que funciona siempre que te encuentras en el ámbito laboral de una pyme o de una institución de pequeña dimensión. Y no es un peso, sino una bendición, ya que te obliga a romper con la monotonía y hace de tu trabajo algo mucho más creativo (por necesidad). En mi vida profesional he tenido que montar mesas, maquetar, picar datos, elegir menús, barrer, mudar cajas de libros (y ordenarlas), clasificar documentos, revisar facturas, presentar expedientes a diversas administraciones, barrer y fregar suelos, escribir discursos y conferencias, darlos, y un largo etcétera. Una de las últimas iniciativas de mi actual lugar de trabajo ha sido organizar ciclos de cine. Y, cada 3 ó 4 semanas me toca hacer la presentación de la cinta que se proyecta. No hay que estar más que 2 ó 3 minutos y, dado que mi elación con el cine es más bien superficial (otra cosa es con el cine infantil), esta pequeña trasgresión me permite enfrentarme a ese mundo y tener que decir algo de las películas. Incio con este post una nueva etiqueta (cine) en la que se archivarán los textos de esas presentaciones (al menos las que tengan una versión escrita, pues en ocadiones no llevo más que un guión mental).

El Gran Lebowski

Lebowski es un héroe improbable. De hecho, apenas hay personajes probables en esta película. Lebowski o el Nota, como a él le gusta que le llamen es un perdedor feliz. Sin embargo, para la sociedad es un fracasado que vive anclado en los años 70, un parado que malvive en un mísero apartamento que apenas puede pagar.
A este personaje tan curioso los hermanos Coen lo hacen protagonista de un thriller absolutamente extraño, a medio camino entre el cine negro de los 50, plagado de hombres duros que se saben perdedores y que acallan su conciencia en un whisky, y la comedia basada en personajes contracorriente.
En esta película se contraponen los supuestos fracasados con los supuestos triunfadores y, como verán, la conclusión es que probablemente los primeros son más felices que los segundos. Verán también como la mentira es una excusa universal para robar y cómo la ira es una de las fórmulas más seguras para acabar metiendo la pata.
Como les he comentado esta cinta es bastante extraña. Arranca como las comedias clásicas: una confusión que mete a nuestro personaje en una historia en la que siempre va dos pasos por detrás y, a cada intento por situarse en ventaja, le sucede un nuevo retraso. Pero ni los personajes son los típicos de la comedia ni del cine negro. Digamos que podrían inaugurar un género por ellos mismos.
Finalmente añadiré que, en su momento, el Nota logró convertirse en una figura de culto. Se llegaron a hacer convenciones en las que se discutía sobre su figura, su música favorita (no se pierdan esta banda sonora) y su forma de vestir. Ahora bien, también estoy seguro que al Nota, de haber existido, le hubiera importado un pimiento tanta notoriedad, siempre que su partida de bolos siguiera adelante.


Comentarios

  1. Iniciar un ciclo de cine con el Gran Lebowski es garantía de éxito.

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  2. Iniciamos con Muerte entre las flores

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