domingo, enero 29, 2012

Bizancio, de Judith Herrin

Hace unos días un amigo me preguntó qué ganaba yo leyéndome un libraco de historia sobre Bizancio como éste. La verdad es que me quedé un poco parado. Mi amigo es un pragmático y debía saber sobre este imperio lo mismo que sabía yo: que duró 1.000 años y que, tras la caída de Constantinopla, la emigración de muchos de sus artistas y sabios hacia Occidente contribuyó al surgimiento del Renacimiento.
La respuesta que le di a mi amigo fue que tenía curiosidad. Me parecía increíble que en mis libros de historia sólo hubiera un par de pequeñas referencias a este imperio que, aunque sólo fuera por eso, era la continuación de la propia Roma y había perdurado ¡1.000 años!
Un milenio de historia de una gran parte del mundo, una parte del mundo que hasta ese momento de la historia había sido cuna de algunas de las civilizaciones más interesantes. De ahí, los libros de texto pasaban a los bárbaros y luego al Islam.
¿Sirve este libro para satisfacer esa curiosidad? La respuesta corta es sí, por supuesto. Pero es algo más. Para empezar, se nota a la legua de Herrin es una enamorada de Bizancio, de su cultura, de su arte, de su organización, hasta de sus armas. Y lo hace a través de un relato distinto del tradicional. En lugar se hacerlo con orden cronológico, lo que hace es centrarse en diversos aspectos del Imperio: la religión, los iconos, el idioma, el ejército o los nacidos en la púrpura. De esta forma, es complicado seguir el hilo temporal, puesto que el relato va y viene en el tiempo a base de saltos. No obstante, y a decir verdad, los saltos tienen un mínimo de orden, ya que se trata de saltos dentro de ciertos períodos.
A lo largo de sus paginas se descubren cosas tan interesantes como que Bizancio logró frenar en Oriente Medio al Islam que, sin embargo, siguió expandiéndose por el Norte de África y hacia el Este. Los bizantinos lograron taponar la entrada directa. Herrin mantiene que si las huestes árabes hubieran logrado entrar en esa zona de europa en su primera expansión, las inestables y débiles naciones europeas hubieran seguramente sucumbido (lo que, en realidad es mucho supones, ya que en 711 entraron por el Estrecho de Gibraltar y fueron frenados por los francos).
Otra de las enseñanzas que este lector ha encontrado en estas páginas es que la fuente de los clásicos de la antigüedad que volvieron a Occidente por la vía de Al Andalus era precisamente Bizancio. Y es que a pesar de ser un imperio profundamente cristiano, también supo mantener en su sistema de enseñanza la base de la cultura antigua de Grecia.
En fin, es una estupenda oportunidad de saciar la curiosidad si uno quiere saber qué es Bizancio y descubrir en qué medida sigue influyendo sobre nuestro presente.

jueves, enero 26, 2012

Confusión, no colusión

A raiz de la entrada anterior, los de El Diario de Almería me han pedido para el sábado un articulillo sobre este tema. Reconozco que he estado tentado de pedirle permiso a El Economista para que lo publicaran, pero al final he pensado que merecía la pena jugar a decir lo mismo pero de otra manera. A ser posible más gráfica y sencilla. No sé si lo habré logrado...



A veces las cosas no son lo que parecen. Un grupo de productores decide, de la noche a la mañana, no vender sus productos por debajo de un determinado precio. Si no se aporta más información, lo que parece es que estos productores están llegando a un acuerdo colusivo, de forma que comienzan a comportarse en la práctica como lo haría un monopolista, logrando obtener lo que los economistas definen como “beneficios extraordinarios”. Estos beneficios extraordinarios se obtendrían perjudicando, por supuesto, al consumidor que tendría que pagar más caros esos productos.
Sin embargo, en este esquema simple faltan algunos datos. Esos malvados productores son agricultores, o sus cooperativas, que efectivamente están acordando precios mínimos de venta. Pero esos precios mínimos buscan dejar de incurrir en pérdidas. Tampoco se cuenta que quien realmente controla el precio de los alimentos hoy día es la distribución minorista, que se ha concentrado y crecido en dimensión hasta alcanzar una posición que les permite forzar a los suministradores tanto en precios como en condiciones de pago y adquisición.
No se trata de considerar a la distribución minorista como la mala de la película. Sus empresas supieron leer las tendencias del mercado mejor que nadie y se adaptaron para aprovecharlas. Mientras, el resto de la cadena agroalimentaria apenas movió ficha. Sin embargo, si de lo que se trata es de mantener un mínimo de competencia, hay que ser ecuánimes y considerar todos los factores. Si hay un eslabón hoy que se comporta al estilo de un oligopolista, ese es el último. El resultado de ello, cruzado con la utilización de los productos de primera necesidad como banderín de enganche hacia los consumidores, lleva a que los agricultores estén vendiendo a pérdida durante gran parte de la campaña.
Ante esta realidad sólo le caben dos caminos (ya que el de la negociación está vedado, por la desigualdad de poder): a) reducir la oferta retirando producto (como por ejemplo la retirada de segundas categorías que ha propuesto Hortifruta en diversas ocasiones) o b) marcar un precio mínimo que garantice no entrar en pérdidas. Tal vez, las autoridades de la competencia deberían entrar a valorar si esos niveles marcados son o no son excesivos (en función de los costes de las explotaciones), en lugar de presumir que el acuerdo es colusivo per se. Tal vez, las autoridades de la competencia deberían estudiar el conjunto de la cadena alimentaria (de momento, sólo han analizado las relaciones de la distribución con la industria alimentaria). Y entonces, tal vez, entenderían que el origen de esos acuerdos de precios está en la confusión que rodea a los productores y no en el ánimo de colusión.

martes, enero 24, 2012

Oligopolios, precios y competencia


Artículo pedido por El Economista para la tribuna quincenal. Aquí tenéis el arranque. Si os engancha, podéis seguir leyendo en la web del diario (al final hay un enlace).
Como casi todos los años, a estas alturas de ejercicio vivimos un tradicional deja vù en el que los productores se quejan de las cotizaciones de sus productos, ya sean hortalizas, aceite o porcino ante la general indiferencia de todos. Lo cierto es que, tras cuatro años de crisis, con los alimentos como elementos de atracción de los consumidores a los centros de la gran distribución, y con los costes de producción manteniendo su tendencia ascendente, el problema deja de ser coyuntural y se plantea ya como un desafío estructural, que está poniendo en cuestión la rentabilidad de los productores y de las empresas de comercialización.
La evolución de los negocios en la cadena agroalimentaria en las últimas décadas ha devenido en el momento actual, en el que es el último eslabón de la misma, el agente que concentra un mayor poder. Dicho poder se refleja en la imposición cuasi unilateral de las condiciones de venta del producto, incluyendo presentación, calidad y plazos de pago. La estrategia ante esta distribución minorista, muy concentrada y adaptada a las necesidades del consumidor final, no puede pasar por el enfrentamiento directo, cuya consecuencia seguramente sería dolorosa para ambas partes. Pero tampoco es sostenible la actual situación, en la que las rentabilidades de la oferta se acercan a la zona de pérdidas o están ya directamente en ella. Es obvio que hay que buscar un reequilibrio de esta cadena, para repartir de forma más homogénea tanto los ingresos como los costes de la misma.

Si quieres seguir leyendo, tendrá que ser en la web de El Economista.

sábado, enero 21, 2012

Palabras para 2012

Foto: www.ohmygeek.net
Acabo de releer mis previsiones del año pasado y, en contra de lo que pensaba, no desbarré y me equivoqué demasiado. Intentaremos arriesgar un poco más este año para ver si aumento la tasa de fallo. En el fondo, me gustan los antihéroes, los que pierden y los que se equivocan y se quedan sin la chica al final de la película.
En el terreno económico vamos a volver a hablar de letras y crisis. Saber si finalmente será una recesión en forma de W o de L nos ocupará una parte importante del ejercicio, toda vez que parece claro que en España (y casi con toda seguridad en la mayor parte de Europa) vamos a volver a entrar en ella en este trimestre inicial de 2012. Por supuesto el paro seguirá copando miles de artículos y millones de minutos en nuestras conversaciones. ¿Podríamos llegar a debatir en este 2012 sobre la conveniencia de realizar una devaluación del conjunto de la economía a través de una reducción significativa de los salarios nominales?
Teniendo en cuenta la forma en la que han discurrido los acontecimientos en la zona Euro y la incapacidad manifiesta de la que han hecho gala los gobernantes de la misma, es casi una apuesta sobre seguro afirmar que el Euro se va a enfrentar al mayor desafío de su historia. Grecia no va a poder pagar su deuda si no realiza una quita sustancial de la misma. Y Portugal comienza a encontrarse contra las cuerdas. Salvo milagro en forma de iluminación omnisciente de la señora Merkel, o por aparición de un foco de inestabilidad aún mayor (léase un Irán enfrascado en una guerra con Israel), nadie podrá evitar un nuevo jaque a la moneda europea. Un jaque que incluso podría llegar a ser mate.
En el ámbito de la tecnología, sin Jobs animando el cotarro, será el momento de ver si Apple es capaz de seguir sacando conejos de su chistera. Su tablet dejó obsoleta varias categorías de producto, los netbooks y lo ereaders sencillos. El movimiento realizado en el ámbito de la educación tiene un calado mucho más profundo de lo que parece a simple vista. De momento ha puesto al alcance de cualquiera la edición de libros multimedia. No hace falta tener demasiados conocimientos para sacar provecho de iBooks Author (se puede usar sin leer las instrucciones), lo que a corto plazo va a disparar la oferta de textos en su tienda virtual. Me da la impresión de que este movimiento tiene tanta capacidad disruptora sobre la industria editorial como en su momento la tuvo Napster sobre el de la música. Además, de inicio rompe las reglas del juego en el mundo de los libros de texto, aumentando el número potencial de usuarios de su iPad hasta límites insospechados.
2012 va a ser el año en el que los libros electrónicos pasen a ser parte usual de nuestras vidas, y será también el año en el que las editoriales comiencen a ver peligrar sus posiciones. Tendrán dos caminos: hacer como las discográficas hicieron y lograr que sus potenciales clientes las vean como el enemigo; o reinventarse y entrar a saco en el nuevo mundo. Su negocio ya no volverá a ser el que era, pero seguirá siendo necesaria la labor del editor, el que selecciona qué libros son prescindibles y cuales merecen una oportunidad, el que aconseja a los autores, el que mima las ediciones y las pone en el mercado a un precio razonable (esto es importante, no puede costar casi lo mismo un libro en papel que un ebook: el consumidor no es idiota). En un mundo de sobre oferta como en el que nos encontramos, la labor del selector tiene más sentido que nunca. Por supuesto, seguirá habiendo libros en papel, ajenos a la obsolescencia tecnológica, pero poco a poco su demanda se irá reduciendo, forzando al cierre de librerías, hasta dejarlas en un número acorde a la nueva dimensión del mercado fisico (vamos, lo que ya ha pasado con el mercado de la fotografía).
En 2011 las televisiones conectadas comenzaron a tener cierto éxito. En realidad, la inmensa mayoría de los usuarios no necesita un ordenador para conectarse a Internet. La disponibilidad de servicios de banda ancha a través de las consolas de videojuegos, de los routers de las operadoras y de las propias televisiones va a configurar un escenario en el que el PC ya no sea el concentrador de medios digital de la casa. Si a la tele se le puede conectar la cámara de fotos, si en e tablet puedo editar las fotos de la familia, si e album de las vacaciones lo construyo con una aplicación de navegador, ¿para qué quiero más? Las pantallas, esas ventanas al mundo serán nuevamente las protagonistas del salón y del hogar. Serán casi seguro las verdaderas concentradoras digitales de los hogares. Ellas y las consolas, ambas conectadas, ambas con potencial suficiente para la inmensa mayoría de las labores sencillas. El protagonismo estará en los navegadores, en la forma en que estos aparatos se comuniquen con el usuario y en qué servicios de la red serán accesibles a través de ellos. En este sentido, creo que nuevamente Apple y Google llevan tiempo apostando a caballo ganador.
En este año comenzaremos a dejar de hablar sobre los servicios en la nube, simplemente serán servicios, puesto que todos tendrán un componente de nube, o estarán completamente basados en ella. A la normalidad no necesitamos buscarle un nombre especial.

miércoles, enero 11, 2012

El paro que no cesa (en Almería)



Este artículo responde a una petición por parte del Diario de Almería que se publicará este próximo viernes. La idea me gustó porque hacía tiempo que quería una excusa para echar un vistazo con cierta profundidad a los datos provinciales, de cuya realidad me ha estado manteniendo ajeno el trabajo. Así que anoche me puse manos a la obra y lo terminé en una sentada, después de sorprenderme con algunos datos de la EPA y del SISPE. Animo a cualquiera que tenga un mínimo interés a que los consulte, la evolución del paro ha sido espectacular, con una especial incidencia en la construcción y la industria. En cierta forma, hemos pasado de ser un ejemplo de economía dinámica con bajo desempleo a ser un ejemplo de lo que sucede cuando se ponen demasiados huevos en una sola cesta y la cesta se rompe.

La economía española tiene la mala costumbre de ajustar sus desequilibrios por la vía del empleo o, mejor dicho, del desempleo. Almería no es una excepción. En el plazo de unos pocos años hemos pasado de ser una de las provincias con menor tasa de paro de España y la menor de Andalucía, a poseer una de las mayores de la Unión Europea: un 35,6% al cierre del tercer trimestre de 2011 (EPA).
Un viraje que ha supuesto que la cifra de desempleados en las oficinas del servicio Andaluz de Empleo haya traspasado los 75.000 inscritos en algunos momentos de 2011, y que se cierre el año con 72.242, exactamente un 127,8% más que en enero de 2008. La principal explicación de esta explosión del paro es, aunque parezca una verdad de Perogrullo, el proceso de destrucción de empleos, que ha estado focalizado en dos sectores principalmente. Entre el primer trimestre de 2008 y el tercero de 2011, la construcción se dejó en el camino un 78,1% de los trabajadores, y la industria el 53,4%. El empleo en los servicios, por su parte, cayó un 9,5% y la agricultura ha remado en contra ampliándolo en un 1,9%.
Almería contribuyó de una forma que podríamos calificar de entusiasta al crecimiento de nuestra burbuja inmobiliaria, hasta el punto de que en marzo de 2008, con el sector de la construcción ya en retirada, el peso en la estructura del empleo provincial alcanzaba el 20,2%. Una, a todas luces, exagerada posición si tenemos en cuenta que tradicionalmente se ha tratado de un sector de baja productividad y de escasas necesidades de capital humano por unidad de ingreso. Ahora bien, esta estructura nos permitió mantener una de las demografías más explosivas del Estado, con unas tasas de inmigración y natalidad muy por encima de las medias nacionales. Nuestra tasa de actividad era una de las más elevadas del territorio nacional, ya que nuestro PIB era capaz de engullir cualquier nuevo incremento de activos sin desmelenarse.
Cuando finalmente la burbuja estalló nos encontramos sin capacidad de respuesta, la construcción (el epicentro de nuestra crisis) cayó primero, pero le siguieron todas las actividades auxiliares de la misma, tales como los materiales de construcción (entre ellos la piedra natural) y los servicios inmobiliarios. El número de parados creció de forma exponencial hasta bien entrado 2009, momento a partir del cual el ritmo de variación comenzó a menguar (véase gráfico).

Tendencia de la tasa de variación interanual del paro registrado en Almería
Sin embargo, dos años después el proceso no se ha detenido. Lentamente, pero de forma perceptible, el número de parados sigue creciendo en nuestra provincia (una vez eliminado el efecto estacional). Es decir, lo que sigue ocurriendo ya no es un problema derivado de la construcción, cuyo salvaje ajuste se realizó de forma acelerada. El problema actual deriva de que la economía almeriense no está siendo capaz de encontrar un relevo solvente a la construcción. La verdad es que es complicado, la coyuntura internacional no acompaña, y mucho menos la nacional. El único sector que se está mostrando algo más resistente es el de la agricultura, pero en unas condiciones de rentabilidad y de madurez de mercados que no nos permiten esperar mucho más de ella en este terreno.
Mantener una tasa de paro de la magnitud actual es insostenible durante demasiado tiempo, los colchones de la familia o el recurso a la economía sumergida tienen unos límites y me temo que aquí ya deben estar próximos. La única salida es que podamos encontrar nuevas palancas (sectores) en las que apoyar la creación de empleo a medio plazo y que, a corto plazo, las que nos quedan (agricultura y turismo) logren encontrar la forma de utilizar una parte importante de esos recursos ociosos en los que a buen seguro hay toneladas de talento y grandes ideas. La alternativa es reducir la población activa, y esto supondría convertirnos de nuevo en tierra de emigración.

lunes, enero 02, 2012

Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza

Después de leer "La ciudad de los prodigios" nunca hubiera pensado que Mendoza estaba tan bien dotado para el surrealismo. Esta pequeña novela nos cuenta las peripecias de un extraterrestre, todo intelecto y adicto a los churros, que busca a su compañero perdido, Gurb, por la ciudad de Barcelona en los años previos a la Olimpiada.
Gurb ha salido en misión exploratoria adoptando la forma de Marta Sánchez (la de 1991, se entiende), pero a las pocas horas de su partida deja de emitir informes. Desesperado, el jefe de la misión sale a buscar a su compañero. Sin embargo, todas sus pesquisas parecen terminar siempre de la misma forma: en comisaría tras una parranda o con resaca.
A lo largo de la búsqueda, que poco a poco va pasando a segundo plano, el autor aprovecha para ir soltando algunas cargas de profundidad sobre la sociedad y la política catalanas del momento. Es interesante leer hoy esta novela, que fue escrita durante la burbuja previa al 92; después de haber vivido una burbuja aún mayor y cuyas consecuencias van camino de alargarse por algo más de un lustro. Muchas de las caricaturas y críticas que se lanzan en el texto hoy se quedan pequeñas al lado de lo que hemos vivido.
No obstante, el texto sigue siendo divertido; las situaciones surrealistas o simplemente disparatadas siempre logran arrancarte un sonrisa, cuando no directamente la risa. Además, para alguien de mi generación, que escuchó a Marta Sánchez cantar el "Sola" siendo un adolescente, imaginarse a Gurb de esa guisa, paseando por la Rambla de Barcelona no deja de ser un ejercicio cargado de morbo.
En resumen, una lectura ligera y divertida, corta, para pasar el rato y algo revalorizada ahora por el momento que se describe (entonces considerado excesivo, hoy una tontería comparada con la década del 2000).