jueves, septiembre 27, 2012

La milonga de la competencia entre cadenas de suministro

Suelen decir que mal de muchos, consuelo de tontos. La situación de desequilibrio en la cadena de valor agroalimentaria no es cosa sólo de España, ni siquiera de Europa: es global, porque las cadenas de suministro son globales. El mismo problema que tienen los tomateros de Almería (muy atomizados) es el que presentan sus homólogos mexicanos (con explotaciones medias de varias decenas de hectáreas). Cada vez obtienen menos dinero por sus productos.
La globalización ha permitido que las cadenas de suministro se internacionalicen , y que accedan a los mercados de mayor poder adquisitivo productos de casi cualquier procedencia u origen. Los analistas económicos de este fenómeno han acuñado nuevos conceptos, en los que las relaciones de competencia ya no se establecerían entre empresas de un mismo sector, si no entre distintas cadenas de suministro. Esto, que sobre el papel es una idea sugerente, en la realidad de la cadena agroalimentaria se convierte en la mayor parte de las ocasiones en una milonga, en el más argentino sentido de la palabra.

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martes, septiembre 18, 2012

Cambio de modelo en el empleo almeriense

Una de las cosas que más me ha llamado la atención en esta ya larga crisis ha sido el sustancial cambio de ritmo del mercado de trabajo en la provincia de Almería durante estos años. Tal y como muestra el gráfico que acompaña a este comentario, hemos pasado de una tasa de paro que se comportaba en torno a la media nacional a otra que lo hace en torno a la media regional, e incluso a estar ligeramente por encima de la misma. Entre una y otra hay un escalón de unos 10 puntos porcentuales, lo que es mucho, muchísimo.
Fuente: INE, EPA
Hasta el año 2006, el comportamiento de la tasa almeriense aún podía ser considerada como dentro de la “normalidad” nacional. Sin embargo, la construcción comenzaba a enfriarse, generando una mayor frecuencia de desempleo. De forma paralela, durante los primeros años de la década del 2000, la tasa de desempleo andaluza comenzó a converger con la nacional y, por lo tanto, también con la provincial.
Cuando se produce el pinchazo de la burbuja, en 2008, el desempleo comienza a crecer de forma acelerada en todos los ámbitos, aunque entonces Almería comienza a divergir rápidamente de España y comienza a comportarse en torno a la media andaluza. ¿Qué ha pasado en estos años para que el comportamiento del desempleo en Almería haya cambiado tanto?
Lo que planteo a continuación son respuestas a bote pronto, no han sido contrastadas debidamente, aunque creo que están cargadas de lógica (o, al menos, a mi me lo parece):
  1. El peso alcanzado por  la construcción en el empleo (hasta el 20%) y en el PIB (hasta el 17%) significó un cambio radical en la estructura productiva almeriense.
  2. Acompañando al cambio estructural se produjo un advenimiento, también diferencial con respecto a Andalucía y España, de población inmigrante, mayoritariamente en edad de trabajar. O sea, que vino a engrosar la cifra de población activa.
  3. El modelo basado en la construcción tenía la ventaja de que era capaz de absorber mucha mano de obra, que no requería tener una cualificación elevada. La gran duración del período de expansión (en Almería, desde 1997) dio lugar a un desarrollo demográfico sin parangón en los últimos siglos (triplicando el crecimiento nacional en algunos tramos).
  4. El estallido de la burbuja significó la acelerada desaparición del principal sustento del empleo en la provincia sin que se produjera un paralelo descenso de la oferta de mano de obra. Es más, a corto plazo se incrementó la población activa, al activarse la oferta de cónyuges e hijos en edad de trabajar.

    Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la EPA, INE.
En la fase actual, por tanto, aún mantenemos un elevado número de habitantes para las capacidades actuales de nuestro sistema productivo. Las opciones de mejora de nuestra tasa son que se inicie un nuevo ciclo expansivo basado en sectores intensivos en mano de obra (lo cual no parece muy provechoso a largo plazo) o que, poco a poco, se vayan ajustando la oferta y la demanda de trabajo en la provincia… Esto será lento pero, con casi total seguridad, más probable.

jueves, septiembre 13, 2012

Una hoja de ruta en blanco para la economía andaluza

Hace unas semanas me pidieron una opinión sobre el futuro de la economía andaluza para el periódico La opinión de Málaga. Como es lógico, en una charla de teléfono transcrita luego a una página sometida a restricciones de espacio, las ideas pueden no quedar del todo claras. Cuando leí mis supuestas declaraciones, ciertamente me pude identificar en ellas, pero me vi entrecortado y hasta torpe. Intentaré explicarme, sino mejor, al menos en mayor profundidad.

La idea de partida es doble: 1. El modelo productivo ya ha cambiado; 2. Debemos partir de aquello en lo que somos competitivos.

Lo primero es más que evidente. Durante la primera década del siglo XXI, la estructura productiva andaluza ahondó su especialización en servicios e incluyó una nueva centrada en la construcción que pasó del tradicional 6-8% de aportación al PIB hasta el 14,4% en 2008. La crisis desatada justo ese año, y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria desinfló rápidamente el sector, que fue el primero en comenzar a destruir empleos y empresas. Hoy, el peso del sector debe estar en torno al 10%, con un ritmo medio de pérdida de un punto porcentual por año. Y, como quiera que la estructura productiva de un territorio, por definición, suma 100, los puntos que ha perdido la construcción son los que han ganado otros sectores. En el caso andaluz, los que han ganado peso han sido los servicios, concretamente los comerciales y los de las administraciones. La Contabilidad Regional arroja en su primera estimación para 2011 una ganancia de participación relevante de los servicios inmobiliarios, lo que cuesta entender cuando una parte del problema es que ya no hay mercado inmobiliario en el que colocar el stock. Por tanto, ya no dependemos del modelo basado en la construcción.

El problema es que, de paso que se producía el cambio estructural, la economía andaluza destruyó casi 600.000 empleos, lo que profundizó nuestro endémico problema de desempleo (la tasa de paro era del 33,9% en junio). Más de 1,3 millones de andaluces se encuentran hoy en situación de desempleo. La construcción tenía una gran ventaja: generaba mucho empleo, aunque de no demasiada cualificación. ¿Cómo reducir esa cifra? Una posibilidad es que una parte de esos parados salgan de Andalucía, pero no parece la más deseable. La tentación es buscar un sector que reemplace al anterior motor y que absorba el excedente actual de mano de obra. Sin embargo, a corto plazo no parece razonable que surja algún sector milagro que, de la noche a la mañana, se convierta en el sustituto.

Vivimos en un mundo complejo e interconectado, en el que las ventajas competitivas tienen a durar cada vez menos. Sin embargo, Andalucía tiene sectores en los que viene demostrando un excelente desempeño desde hace años. Son sectores de los que no cabe esperar crecimientos espectaculares, pero que están bien asentados en nuestra estructura productiva y, lo que es más importante, tienen un espacio reconocido y reconocible en los mercados. Estos son los cuarteles de invierno a los que me refería en mi opinión. Contamos con una potente agricultura y una excelente base turística, por ejemplo. Sectores desde los cuales se puede comenzar a pensar en un desarrollo. En el caso de la oferta primaria tenemos una excelente calidad y un músculo productivo envidiable. Sin embargo, no hemos sido capaces de desarrollar un entramado industrial que dote de mayor valor añadido a nuestras producciones. Aquí hay una oportunidad de desarrollo. Respecto al turismo, hay posibilidades en el desarrollo de soluciones tecnológicas para la hostelería. Son cimientos firmes desde los que se puede comenzar a construir el futuro.

Pero el futuro no viene solo, se necesitan empresarios que sepan reconocer las oportunidades y que estén dispuestos a explotarlas. Por otro lado, las oportunidades se multiplican si se cuenta con unos recursos humanos cualificados. Se nos ha llenado la boca hablando de la economía del conocimiento, pero al mismo tiempo nos hemos dedicado a despreciar los indicadores que, como el informe PISA, nos informaban año tras año que no íbamos por el mejor camino. De ahí mi insistencia durante la entrevista en la imperiosa necesidad de mejorar la cualificación de nuestros recursos humanos, no nos podemos permitir el lujo de aparcar a casi una generación del camino del empleo.

Si usamos aquello en lo que somos fuertes como palanca de partida, estaremos construyendo una economía con unas bases más sólidas y relativamente más fáciles de mantener que hasta ahora.