Medio siglo de revolución transparente (y 2)

Este extracto pertenece al arranque del artículo realizado para el Anuario de La Voz de Almería:


Muchos han sido los cambios acontecidos en el medio siglo que ha transcurrido desde aquel primer invernadero casi mitológico que se construyó en la provincia de Almería. Incluso el nacimiento del que esto escribe. El tiempo tiene la facultad de atragantarse en algunos momentos concretos de aburrimiento o enfermedad, y luego transcurir a la velocidad de la luz, resbalándose por entre los dedos y dando al traste con todos nuestros esfuerzos por pararlo. En 50 años y en apenas unos pocos kilómetros de llanura litoral, han ocurrido transformaciones de alcance planetario (hemos señalado a los astronautas dónde se encuentra la despensa de Europa), han nacido dos generaciones nuevas, se han multiplicado los idiomas, colores y sabores de la gente, se ha revertido localmente el cambio climático, se ha plantado un vergel donde antes estaba el desierto de Sinaí, puntos suspensivos. Muchos puntos suspensivos pues la Historia se escribe a base de sumar pequeñas historias individuales, las de los miles de personas que han compartido un tiempo y un espacio. Y en este tiempo de medio siglo, y en este espacio al sureste de España, han confluido multitud de pequeñas historias: las de los ingenieros del Instituto Nacional de Colonización, la de los primeros colonos y sus familias, las de los que vinieron de todo el mundo a labrarse un futuro bajo el sol de nuestros invernaderos, las de los miles de técnicos, comerciantes, profesionales, funcionarios y hasta la de los políticos que han participado en el desarrollo de esta verdadera revolución territorial y social vivida por Almería. Una revolución que se ha fraguado debajo de los plásticos de los invernaderos y en sus alrededores y que ha sacado literalmente a la provincia de la más absoluta miseria.

Imagen de Google Earth


Esta redención se ha producido a una velocidad de vértigo. En 1955 la renta del almeriense medio apenas superaba el 55 % de la del español promedio (que aún tendría que enfrentarse al Plan de Estabilización de 1959). Ni siquiera las provincias gallegas estaban por debajo de Almería, que ostentaba el poco favorable título de ser la más pobre de España. A mediados de la década de 2000 nuestra renta suponía el 95 % de la española, y habíamos logrado situarnos como la provincia más rica de Andalucía en términos de renta y estábamos en la los puestos intermedios de la clasificación nacional. Y eso se había logrado, pásmense, sin haber pasado por el interregno de la industrialización, sino merced al desarrollo de la agricultura, un sector al que se le suelen asociar los conceptos de marginalidad, atraso, tradición y pobreza. Y todo eso se había logrado, vuelvan a pasmarse, en un de los territorios más secos de la Península Ibérica, haciendo del agua escasa un uso absolutamente exquisito. Hoy, cuando alguien piensa en la agricultura de Almería lo hace en términos de innovación, eficiencia, riqueza y tecnología.


Obviamente, toda historia tiene luces y sombras. Almería ha sido una especie de matraz de laboratorio en el que se han puesto a prueba una y otra vez su capacidad de resistencia ante las presiones. Y las ha habido de todo tipo, desde las provenientes de retos tecnológicos, hasta las de origen social, pasando por las relacionadas con la competencia en los mercados internacionales o las regulatorias...

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