Pero nadie cortó la cinta (Andrés Sánchez Picón)

Traigo por primera vez en la historia de este blog un escrito que no me pertenece, aunque me hubiera gustado. Se trata de la contribución de mi amigo, el historiador económico, Andrés Sánchez Picón al Anuario Agrícola de La Voz de Almería. Espero que lo disfrutéis tanto como yo, y que ésta no sea su última aportación.

                   (1) Esa inmensa llanura estéril

Sobre una cabalgadura exhausta, Charles Didier se arrastraba en aquel inclemente estío de 1836, acompañado por un guía y dos carabineros, a través de ese "campo de fuego" que aparecía en los mapas bautizado como Campo de Dalías. El periodista, literato y diplomático suizo recorría este inhóspito rincón de la Península atraído, como otros muchos, por el fulgor del plomo arrancado a gran escala desde hacia más de una década de las entrañas de la Sierra de Gádor. En dirección a la capital de la nueva provincia de Almería,  algunas chatas chimeneas de las rústicas fundiciones aparecían de lejos en lejos "y el humo negro que se escapa de ellas ensucia el azul brillante del cielo" -anotaría el viajero en su libreta-.

La impresión que le producía esa inmensa llanura estéril,quemada por un verdadero sol de los trópicos,  era tan deprimente que la frescura de las vegas de Dalías y Berjase había evaporado con rapidez. Pocas horas antes,  el joven suizo, de apenas 28 años, había quedado deslumbrado por el desenfado de unas mujeres campesinas que, ataviadas con refajo a media pierna, le habían ofrecido higos y uvas.  Pero ahora, la bajada hasta el Campo le estaba pareciendo un descenso a los infiernos.Tras recuperar las fuerzas en la única venta del Campo, los cuatro hombres y sus monturas reanudarían  la marcha. Cerca de Roquetas la proximidad del mar supuso una breve tregua en el ardosoro recorrido; pero pronto enfilarían el salvaje sendero del Cañarete ("un sitio horroroso, terrible; unos peñones desnudos, descarnados...") para ganar, por fin, la ciudad de Almería cuando ya caía la noche. Poco antes habían podidodisfrutar de una espléndida vista de la bahía.

Eran muy pocos los viajeros de aquel tiempo que se salían de las rutas más trilladas para volverse hacia el rincón suroriental de la península. Los que se atrevieron nos han dejado parecidas sensaciones a las del viajero suizo.. Así fue el caso del británico Samuel Edward Coock, quien en 1830 cruzó, camino de Adra, esa meseta baldía que era el campo de Dalías. O sobre todo debo mencionar el testimonio  de Richard Ford  en 1833; el vástago de una familia acomodada de la gentry inglesa que, alzado sobre un brioso corcel entre las recuas de mulas que travesaban el campo, en el constante trasiego del mineral a los boliches, pudo adivinar que estas "tristes llanuras arenosas del Campo de Dalías, podrían irrigarse fácilmente". Estos prototuristas románticos, responsables de la literatura de viajes que configuraría poderosamente la imagen pintoresca de Españaextraerían de su recorrido almeriense argumentos con los que apuntalar esa visión de un país prisionero del oscurantismo y la tradición.

 

(2) Si viniera un marciano 

 Pedro Duque ultima sus preparativos para el regreso desdela ISS (Estación Espacial Internacional) el 27 de octubre de 2003.  Han pasado 170 años desde que Didier, Ford yCoock recorrieran un inclemente Campo de DalíasAntesde iniciar el regreso el astronauta español se aísla durante unos minutos en el módulo para mirar de nuevo por la ventana la Tierra, en una sucesión vertiginosa de auroras y crepúsculos. Acaba de ver los incendios que están devastando California; pero espera un rato hasta que uno de los giros de la Estación Espacial le permite ver los invernaderos de Almería.

Tras su aterrizaje en Kazajistán el viajero del espaciorespondería lo mismo en cuantas ocasiones le preguntaron por las obras humanas visibles desde allí arriba"la Muralla China no se ve, se ven las pirámides si te fijas mucho porque están en el desierto. Pero lo que más llama la atención es la zona de invernaderos de Almería; esa zona blanca, con una superficie de 100.000 campos de fútbol, es lo más llamativo. Si viniera un marciano, le llamaría la atención".

                      (3) Nadie cortó la cinta
Una transformación territorial tan rotunda ha sido el escenario de una revolución económica espectacular. Se trata de uno de los grandes éxitos en la historia económica española del siglo XX.  Mi amigo David Uclés aporta en esta misma publicación un fino análisis de los datos fundamentales de lo que con frecuencia ha sido calificado como un verdadero milagro económico. Les recomiendo su lectura.

Por mi parte solo quiero llamar la atención solamente sobre los motivos de la efemérides que conmemoramos: los 50 años del primer invernadero.

La memoria colectiva suele necesitar de hitos singulares en los que apoyarse. Cifras redondas en torno a las que congregarnos para la rememoración y hacer balance. La construcción de un relato coherente de lo que ha pasado en la provincia de Almería en el último medio siglo busca sostenerse en las muletas de la conmemoración; pero, sin embargo, y sin ánimo de adoptar el papel de aguafiestas, me parece que en este caso no es tan sencillo.

Las concentraciones industriales surgidas en torno a las factorías de automóviles levantadas por General Motors en Zaragoza y por Ford Motors en Valencia, sí tienen una indiscutible partida de bautismo: 1982 y 1976, respectivamente. En sendas jornadas de esos años los directivos de las dos multinacionales recibieron en las flamantes instalaciones al rey de España para el acto de inauguración oficial.

Sin embargo, en el caso del modelo de desarrollo agrícola almeriense ¿cuál es el año cero? Hoy celebramos el medio siglo del primer invernadero; pero ¿se tuvo conciencia en aquellos primeros ensayos de estar inaugurando una nueva etapa en el desarrollo de la provincia? ¿Por qué no situamos nuestro minuto uno en las primeras actuaciones del Instituto Nacional de Colonización hacia 1943? ¿Y por qué no en aquellas inversiones privadas para electrificar y abrir los primeros pozos en los años 1920? ¿Y por qué no en los balbuceos de la primera colonización agraria del campo de Dalías, allá a finales del XIX, cuando las plantaciones de parras, ligadas a nuestra primera agricultura comercial, comienzan a extenderse?  Se me ocurren hasta una docena de sucesos que podrían disputarse el galardón de ser identificados como el momento fundacional del modelo de desarrollo almeriense. La historia económica y social nos dice que, por lo general, las grandes transformaciones vienen de la mano de pequeños cambios acumulativos: la inercia histórica es más poderosa que los grandes eventos, aunque la evolución (la histórica y la biológica) pueda encontrase interrumpida (pautada) por cataclismos o convulsiones.Así, nuestro modelo de desarrollo tiene hondas raíces. Desde la tradición de un campesinado de la montaña mediterránea (aquel que estudiara en su magnífico libro Christian Mignon) que en los años 60 bajó  de la montaña a colonizar el Campo y en el que la explotación familiar ha sido la unidad productiva dominante. Desde los precedentes de las diferentes agriculturas comerciales que han jalonado su territorio en el último medio milenio. Desde la acumulación de destrezas asociadas al uso del regadío y a la pronta explotación de los recursos acuíferos del subsuelo. Desde la fundación de las primeras empresas comercializadoras ya fueran lonjas, alhóndigas o cooperativas. Etcétera, etcétera. Un éxito económico, en términos de producción y empleo, sostenido en una multitud de iniciativas que, interconectadas, han generado un proceso de desarrollo singular

Y es que a diferencia del desarrollo inducido por las factorías automovilísticas de Zaragoza y Valencia, en el que las decisiones se centralizan en el staff directivo de dos compañías multinacionales, el modelo de desarrollo de Almería es un modelo endógeno, no importado, en el que un conjunto de factores complejos han permitido la aclimatación de un racimo de innovaciones en un medio social e institucional fértil. Por eso es más resistente a la crisis que otros sectores (actúa con un elevado grado deresiliencia, diríamos en términos ecológicos). Por eso, también, no resulta tan evidente localizar sus hitos conmemorativos, y por eso, además, no resulta un modelo de desarrollo fácil de exportar.

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