martes, febrero 19, 2013

¿Sintiéndonos europeos o siendo acríticos?

Eurostat acaba de publicar un nuevo barómetro, esta vez sobre el sentimiento de ciudadanía europea. Y, como viene siendo habitual, hay resultados nacionales, en los que se comparan los resultados de cada país con la media.
Como ya sabíamos, los españoles somos unos de los más proeuropeos del continente. Y, por eso, nos sentimos más ciudadanos de la Unión que la media. Posiblemente, el sentimiento de logro nacional que significó la Adhesión siga marcando nuestros sentimientos al respecto.

Así, al 89% de los españoles les suena familiar lo de ser ciudadanos de la Unión, frente al 81% del conjunto de la UE:


Azul: SI        Rojo: NO

Lo curioso del caso viene luego, cuando se trata de estar bien informados al respecto. En este caso nuestro porcentaje baja a 33%, ahora ya menos que la media comunitaria que se queda en el 36%. 
Azul: SI       Rojo: NO
¿Nos sentimos algo que no sabemos lo que es? ¿Nos pasa con todo o es sólo con Europa? ¿Podría estar aquí la explicación a nuestro pasotismo con respecto a la política nacional y europea?

lunes, febrero 18, 2013

Y sin embargo se mueve

Merece la pena echar un vistazo a la estupenda página web del Observatorio ABACO, en el que podemos encontrar algunos datos realmente sorprendentes. Si tenemos en cuenta que el crecimiento de España en los últimos años ha estado sustentado en la construcción, la conclusión intuitiva es que nuestro sistema productivo no se ha especializado en sectores intensivos en conocimiento.
A pesar de la posibilidad que los cálculos encierren algo de gato (no he mirado la metodología, por lo tanto no lo puedo afirmar), incluso en ese caso, el mantenimiento del criterio de cálculo nos lleva a la sorprendente conclusión de que esto no ha sido así. A pesar de la construcción, la economía española ha alcanzado niveles de aportación del conocimiento al PIB superiores al 50% (de hecho ahora estamos en el 55%).

¿A que cuesta creerlo? A lo mejor, si empezamos a creer un poco más en nuestras posibilidades, tal vez seamos capaces de pinchar la burbuja de pesimismo en la que ahora nos encontramos enfangados. Necesitamos hacerlo para volver a crecer..
Fuente: http://www.observatorioabaco.es

lunes, febrero 11, 2013

Nuevas evidencias de que el tamaño Sí que importa (en la distribución)

www.graciosos21.com

Ya he comentado en otras ocasiones la importancia de alcanzar una dimensión mínima con respecto a las empresas de comercialización de frutas y hortalizas, de forma que estén capacitadas para hacer frente a las presiones y, lo que es más relevante, a las demandas de la Gran Distribución.
Pues bien, una reciente encuesta llevada a cabo por un equipo de la Universidad de Almería (y que en breve estará disponible) entre empresas comercializadoras de esta provincia, viene a aportar más evidencias sobre esta cuestión. Uno de los resultados que más me ha llamado la atención es que las empresas más grandes afirman que su planificación toma como referencia las demandas de los minoristas. Por el contrario, las empresas más pequeñas tienen a tomar como referencia de partida las producciones de sus proveedores (los agricultores).
Bien saben los que me han leído alguna vez la importancia que este “juntanúmeros” le da a la profesión de agricultor (siendo la poca relevan relevancia social de la misma una de las posibles causas de la relativa debilidad en la que se encuentran en este momento). Sin embargo, también creo que la única agricultura posible es la que tiene en cuenta lo que quieren los consumidores, por encima de las preferencias de los propios agricultores. Aunque pueda suceder que el mix propuesto por ellos sea de más calidad objetiva. El consumidor, si no está informado previamente, tendrá unos valores que posiblemente no serán coincidentes con las de los productores (y es según éstos como toma sus decisiones de compra). En este sentido, es mucho más probable que sobreviva una empresa que objetiva su programación pensando en el mercado (la demanda) que otra que lo haga pensando en los agricultores (la oferta).
Seguir leyendo en La locura y la verdura...

Sexo, mentiras y hamburguesas



Junto al financiero y el sanitario, la alimentación es el sector con más interrelación con la confianza del consumidor.
Hace muchos años leí un libro del Nobel de economía Gary Becker en el que se incluía un capítulo 5, titulado Economía del sexo. El arranque de dicho capítulo venía a decir algo tal que así: "si es usted el lector tipo de este libro, habrá comenzado a leer por este capítulo, no obstante sería mejor que lo hiciera por el principio". La palabra sexo está en el título de este artículo sólo para llamar la atención y por el paralelismo con la película de Soderbergh (Sexo, mentiras y cintas de vídeo, 1989).
También es para que el lector se haga una idea meridiana de la idea de fondo. La etiqueta dice una cosa, pero el contenido no es exactamente eso. Y en este sentido, el escándalo de las hamburguesas destapado por la OCU es muy similar. La organización de consumidores dice que ninguna de las marcas analizadas supone un peligro para los consumidores, pero que la información de los etiquetados no es correcta en casi todas ellas y que se han encontrado otros tipos de carnes distintas a las anunciadas.
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viernes, febrero 01, 2013

Territorios tontos, territorios inteligentes


Es curioso como funciona la mente humana. Estaba en casa repasando una presentación que haremos con relación al proyecto CAMP del Levante de Almería, jugando con la idea de los territorios inteligentes y la necesidad de desarrollar un modelo de ese tipo en el área CAMP y, por extensión, en el resto de la provincia. Estaba en eso cuando he caído en la cuenta de algo que, evidentemente, sabía pero que no se me había ocurrido verbalizar antes.
Desde el siglo XI, todos los procesos de desarrollo económico que ha vivido la provincia han tenido un par de factores en común: uno, han estado relacionados con la exportación (esto sí que lo había verbalizado), y, dos, se han basado en la explotación de nuestros recursos naturales. Por supuesto, esto resulta evidente con la minería metálica y del mármol, algo menos con la agricultura (uva, naranja y hortalizas) que explota tierra y clima y con el turismo, que usa territorio y clima. Y si lo piensan, nuestra burbuja inmobiliaria ha estado usando de forma intensiva el territorio (para construir y para obtener los materiales de construcción) y el clima (como elemento movilizador de la demanda).
En ningún momento hemos desarrollado un crecimiento basado en el conocimiento. Hasta cierto punto es normal. No es que los almerienses seamos más tontos que otros, es que el desarrollo de este tipo de economías precisa el aprovechamiento de economías de situación y aglomeración que, por desgracia, en nuestro caso no se dan. Y tampoco hemos desarrollado una masa crítica mínima que permita arrancar el proceso, ni siquiera en cuestiones tan importantes para nosotros como la agricultura. Así que hemos dedicado nuestro capital humano a vender el natural a trozos, algunos más sostenibles que otros.
Lo curioso es que, aunque hasta 2009 parecía que nuestro modelo nos había permitido obtener unos niveles de renta y empleo muy saludables, la tormenta se estaba cociendo a la vuelta de la esquina. Y, de hecho, si medimos la eficiencia de nuestro consumo territorial (aumento del suelo urbano, industrial y para infraestructuras), nos daremos cuenta de que en la última década hemos sido más ineficientes que la media andaluza: Almería necesitó incrementar la ocupación territorial un 2,3% por cada incremento de un 1% de la renta declarada, frente al 1,6% andaluz. Vamos, que hemos “derrochado” más territorio que nuestro entorno.
Desde el punto de vista del capital humano, el proceso de expansión económica no nos ha permitido acelerar el ritmo de acumulación del mismo. Los sectores protagonistas de dicho proceso han consumido mucho trabajo, pero en su mayoría de escasa capacitación y formación, lo que deviene actualmente en una baja empleabilidad y escasa movilidad durante la crisis.
Ya digo que, en parte, no se trata de que hayamos sido especialmente tontos, la prueba es que algo muy similar le ha pasado al conjunto de España, pero no deja de joderme, como almeriense y como economista, que hayamos dejado pasar esta oportunidad por nuestro lado, sin haberla aprovechado debidamente.
Por otro lado, hay un rayo de esperanza. La Universidad de Almería, con todas las pegas que se le quieran poner, ha estado contribuyendo a incrementar la capacitación de nuestros jóvenes. Muchos de ellos tendrán que poner en práctica esos conocimientos fuera de la provincia, desgraciadamente. Pero espero que cuando vuelvan (volverán, las crisis terminan tarde o temprano), lo hagan con aún mayor capacidad y conocimiento, y con la idea de poner esas nuevas capacidades en valor desde su tierra, y no con la de obtener el valor a costa de degradar su tierra.