martes, marzo 19, 2013

Agricultura y tecnología

Este artículo fue elaborado para la columna mensual de El Economista: Apuntes desde el Sur.

Una cadena agroalimentaria permeable a la tecnología, que la integre de forma vertical, es clave para la pervivencia de la agroindustria en el primer mundo.

Dato 1: la economía mundial es una ensalada global en la que muchos ponen los ingredientes básicos, en la que se supone que el mercado es el que elige los ingredientes, pero no se sabe muy bien quién es el encargado de aliñarla y removerla.

Dato 2: la globalización ha provocado que el proceso fabril (la producción propiamente dicha) se haya convertido casi en una commodity fácilmente intercambiable. La mayor parte del valor añadido se incorpora actualmente en las fases de diseño del producto o servicio y en la de venta minorista (es el modelo iPhone).

Dato 3: La tecnología se ha convertido en una extensión de nuestras vidas, el homo sapiens ha dejado paso alhomo tecnologicus. La tecnología ha sido uno de los motores y medios de la globalización y su presencia se ha generalizado: todo incorpora un componente tecnológico. Compare sus juguetes con los de sus hijos y luego siga mirando lo que hay al alcance de sus ojos (y no le digo nada si esto lo está leyendo en un teléfono o en una tableta).

Dato 4: El medioambiente se ha convertido en una preocupación creciente, y las tendencias aceleradas de cambio climático agudizan esta preocupación. El propio cambio tendrá consecuencias relevantes sobre la producción primaria a nivel mundial con la aparición de ganadores y perdedores.

Dato 5: La confianza es una de las primeras materias primas con las que se trabaja en el mercado alimentario.

Pregunta al primer toque: ¿se pueden mezclar esos 5 datos de forma que la resultante sea la supervivencia de la producción agraria en los países del primer mundo?

domingo, marzo 17, 2013

Una nueva religión

En estos tiempos de sobredosis vaticana a uno le da por reflexionar sobre los motivos del éxito de esta religión, que acumula ya dos milenios de existencia. Y cuando uno lo hace, comienza a encontrar similitudes con la empresa más cool del espectro tecnológico: Apple, Inc.
La conexión de la iglesia con sus fieles está relacionada con una conexión que va más allá de lo racional. Los creyentes la definen como espiritual, pero los que no creemos en almas ni en los espíritus, por muy santos que sean, la consideramos un poco más mundana, básicamente una conexión emocional. La base de esa conexión deviene de una promesa de mejora futura (el paraíso y la vida eterna) que da respuesta a uno de los miedos más primigenios de la humanidad, y se ve fortalecida por una liturgia, llena de secretos que se ejecuta en unos templos especiales, llamados iglesias.
En cierto sentido, con Apple pasa algo parecido. Obviamente no hay un mensaje de transcendencia eterna, aunque sí la promesa de estar en la cresta de la ola de la innovación tecnológica. Apple tiene también un visionario, un profeta e el que se personaliza toda la filosofía que hay detrás, ese hombre es Steve Jobs. Y lo pongo en presente porque, a pesar de su muerte, los fieles siguen pensando en términos de Jobs y continúan valorando las acciones de la compañía en relación a lo que hubiera hecho el fundador.
La historia de Jobs es la propia de un profeta, con una etapa de incomprensión y destierro y un retorno salvador, como Moisés o como Mahoma. Al igual que el cristianismo, que debió enfrentarse al paganismo, la religión de Apple debió afrontar la lucha contra el PC-ismo, que estuvo a punto de ganar la batalla. En aquellos tiempos duros, en los que el propio Jobs había sido desterrado, la fe se mantuvo gracias a auténticos evangelizadores, como Guy Kawasaki en EEUU o Alberto Lozano en España, que mantenían listas de distribución en las que los fieles realimentaban sus creencias en la verdadera fe. Aquella travesía del desierto terminó con la vuelta del salvador y con la aparición del iMac.
Pero hacía falta aún un templo, y llegaron las Apple Stores. Un lugar donde rendir culto a los productos de Cupertino y en el que los gurús satisfarían las necesidades de conocimiento de los nuevos conversos.
La muerte de Jobs puede significar el fin de la religión a medio plazo, ya que los creyentes pueden ir poco a poco alejándose de la Verdad, una verdad a la que cada vez le surgen más y más competidores. La liturgia, que no habla de almas, sino de de devices, es mucho más difícil de mantener. Tampoco hay aquí un milagro supremo: la resurrección de Jobs no parece posible. Y otro Jobs resulta improbable.
El problema de cara al futuro es lograr mantener la conexión emocional de los consumidores-creyentes, Apple necesita un nuevo dirigente de su Iglesia que resulte un sucesor válido del profeta de cara a los fieles o que sea capaz de mantener el pulso de la innovación, el verdadero credo de la electrónica de consumo.
De momento, seremos muchos los creyentes que sigamos unidos a esta religión verdadera porque sobrevivimos a los tiempos del destierro y de la Evangelist, y eso nos hace hermanos en un sentido mucho más profundo que ningún iPod.

miércoles, marzo 06, 2013

Tres colores: Azul


Presentación de la película proyectada en el circuito Temas de Cine de Cajamar, en Almería:

Krzysztof Kieślowski, polaco de nacimiento, quiso rendir un homenaje a su segunda patria, la artística, con una trilogía que lleva por título Tres colores, correspondiendo cada pieza a uno de los colores de la bandera francesa.
Azul es la primera. Es una película francesa, se nota en la lenta cadencia de los acontecimientos, que en ocasiones llega a resultar casi plúmbea.

Sin embargo, tiene muchas cualidades reseñables. La primera es el manejo de la luz, con un predominio absoluto de los tonos azules, ya sea mediante la luz ambiental, ya a través de lámparas o paneles de cristal azul. Otra es el maridaje excepcional de la banda sonora (por otro lado, estupenda) con las imágenes, de forma que podemos decir que es una protagonista más de la narración.

Respecto a la historia en sí, se trata de un intento de olvido, casi una huída, motivada por el luto de una mujer extraña y solitaria interpretada por Juliette Binoche. Para mi gusto es una de las miradas más bellas del cine europeo, y mi valoración de su interpretación está manchada con esa idea preconcebida. Binoche y la música se convierten en las estrellas de esta película que tiene un encanto que trasciende el propio metraje y que guarda algunos planos que demuestran el saber hacer del polaco detrás de una cámara.

viernes, marzo 01, 2013

¿Se tiene que morir Expo Agro-Almería?


Desde hace unos meses los rumores sobre la Expo Agro-Almería no han cesado, siendo en estas últimas semanas cuando ha comenzado a plantearse su desaparición. Son numerosos los artículos de opinión al respecto y, aunque coincido con muchos de ellos, creo que le debo a la Cámara y a esta Feria un planteamiento claro y personal –no en vano estuve vinculado a esa institución durante más de una década–.
Hace un par de años, en abril de 2011, ya planteé mi punto de vista en un artículo publicado por Diario de Almería y en este mismo blog (véase aquí). En aquel entonces ya decía lo mismo que básicamente mantendré en esta entrada. Lo ha que sucedido entre entonces y ahora ha sido un empeoramiento de la situación económica general y de la feria hortofrutícola en particular. También ha transcurrido una edición, la de 2012, en la que el argumento principal para su comercialización fue la unidad del sector: en realidad se trató de una llamada de socorro a la desesperada y basada en la lástima. Y en un mercado nadie compra más de una vez un producto por lástima (salvo que sea Navidad): las compras se realizan cuando satisfacen una necesidad.
Y ésta es la primera cuestión, la Cámara y los agricultores se empeñan en hacer del producto el principal sujeto de la feria, cuando es básicamente absurdo. Desde poco después de su nacimiento, la Expo Agro se convirtió en el centro de reunión del sector, muchos plantean que gracias a los grifos de cerveza, pero seguramente pocos agricultores hubieran acudido de no encontrar soluciones para sus explotaciones. Y éste es el punto. El principal interesado en la feria es el agricultor, ese que supone la mayor concentración de invernaderos de España. Y a ellos no hay que venderles su producto. Eso se hace en Madrid o en Alemania (ya se exporta casi el 70% de la producción), donde están los grandes compradores y minoristas.
También desde el origen, una de las fuerzas que han impulsado el crecimiento de nuestro campo ha sido la tecnología, que ha permitido que nuestros rendimientos hayan crecido más del doble de lo que lo ha hecho la superficie de producción. Si tenemos en cuenta que los precios recibidos por los cultivadores han estado cayendo en términos reales desde hace años, es evidente de que cualquier novedad que permita mejorar la calidad y la cantidad de producto será bienvenida. Eso es lo que hay que exponer: tecnologías y servicios que se destinen al campo o a las empresas de comercialización, innovaciones (no debe tener sentido un espacio dedicado a la innovación en una feria cuyo objeto es la la propia innovación). No se trata de ninguna novedad, ya lo sé; en el fondo se trata de volver a las esencias de la feria.
Pensar que la situación es culpa de la crisis no es más que una mala excusa. El agro necesita hoy más que nunca mejorar su eficiencia, y cualquier innovación que permita magnificar los resultados será bienvenida por las empresas y por los productores. Además, interesará no sólo a los agricultores almerienses, sino a todos los cultivadores en invernadero, ya sean de España o de los países limítrofes.
Es decir, el agricultor sólo debe ser protagonista de Expo Agro en la medida que los productos que se expongan sean de su interés. Y, desde mi modesto punto de vista, hay multitud de campos de expansión para una feria así:
  • Sistemas de fertirrigación.
  • Manejo a distancia de los invernaderos.
  • Climatización.
  • Robotización.
  • Sistemas de control biológico.
  • Estructuras.
  • Máquinas de trabajo en campo.
  • Maquinaria de proceso para comercializadoras.
  • Agricultura ecológica.
Todo lo demás, me temo que estará condenado al fracaso. Pero, si a pesar de todo, no fuera posible encontrar expositores para una feria así, entonces no quedaría más remedio que acabar con ella. Como ya comentaba hace dos años, los mercados evolucionan y, a lo peor, éste ha evolucionado tanto que ya no es necesario un punto de encuentro físico para que las empresas de la industria y los servicios auxiliares den a conocer sus novedades a sus principales clientes: los agricultores más innovadores del agro español. Si esto es así, entonces lo mejor es enterrar a la feria con los honores que sin duda merece, y comenzar a pensar en el futuro, ese lugar del tiempo en el que sucederán todas las cosas...