miércoles, julio 10, 2013

¿Y si China se desploma?

Durante unos días del pasado mes de junio cundió el pánico en torno al sistema bancario chino, luego comenzaron a llegar noticias poco esperanzadoras sobre la marcha de la actividad (bueno, siguieron llegando, pero ahora se les prestaba más atención) y, finalmente, conocíamos que las exportaciones e importaciones del gigante estaban cayendo en junio.
Todo parece indicar que China se está parando. La fábrica del mundo ya no es capaz de seguir aumentando sus cifras y la historia del cambio de modelo hacia uno de crecimiento endógeno, basado en el consumo nacional, no parece que funcione, entre otras cosas por la elevada propensión al ahorro de los ciudadanos chinos...
¿Y si China cae? Esa es la pregunta que mucha gente ha comenzado a hacerse. Hace unos años, si me hubiera puesto a pensarlo, hubiera dicho que, en el fondo no es más que una consecuencia lógica del enfriamiento de la economía internacional (aunque los indicadores de EEUU y los adelantados de la UE parecen mejorar –con permiso de la opinión del FMI–). En cierta forma, era lo que cabía esperar como resultado de las políticas monetarias tan agresivas de EEUU o Japón: devaluación de sus monedas y apreciación del renminbi con los correspondientes efectos sobre la competitividad internacional. Pero hoy ya sé, porque esta crisis nos lo ha recordado con singular crudeza, que además de la fuerza, existe el reverso tenebroso (aka sistema financiero) y que éste es tan real y genera efectos tan reales o más que los de la propia economía real. Y en ese mundo del reverso tenebroso financiero nos encontramos con que son los chinos son los principales financiadores de la deuda pública occidental y concretamente, estadounidense.
Visto así, las salidas a esta situación se amplían, ya que China tiene en su poder una fabulosa herramienta de presión que estaría dispuesta a utilizar en el caso de que su enfriamiento supusiera un aumento de las tensiones políticas en su interior. Por otro lado, son muchas las multinacionales estadounidenses que tienen intereses en China, por lo que no sería de esperar una sobrerreacción por ninguna de las partes que amenazase de verdad el status quo. No obstante, un enfriamiento de la actividad en China terminaría detrayendo recursos de los mercados financieros internacionales para ser usados en su territorio nacional, provocando a corto plazo problemas de liquidez. ¿Habrá alguien dispuesto (o simplemente en condiciones) de comprar la deuda americana en las cantidades que ésta requiere? ¿Volverá China a recuperar el pulso de su economía en pocos meses (me viene a la cabeza la tesis de Acemoglu y Robinson sobre los límites institucionales del desarrollo chino)?¿Estaremos asistiendo a un recrudecimiento de la crisis con un nuevo escenario en el que los emergentes dejen de emerger? ¿Será este el comienzo de una nueva revolución en China, en esta ocasión hacia instituciones más democráticas?
Todo puede pasar...

lunes, julio 08, 2013

Alimentos y turismo

Elaborado en Huelva para El Economista...
Hace muchos años, cuando uno era más joven y se ganaba la vida haciendo de consultor,  aprendió una lección muy importante de manos de un especialista catalán sobre turismo. Esta actividad, tan vital para Andalucía, no vende camas de hotel, lo que vende es experiencias, vivencias, recuerdos. Ésta es la verdadera exportación, unos recuerdos que viajan empotrados en los cerebros de los turistas, y en sus cámaras fotográficas.
Cuando concibes de esa forma el sector, como un generador de experiencias, los puntos de vista se transforman. Ves que los hoteles son importantes, pero también te queda claro que no son lo único. Que para "fabricar" una experiencia agradable son necesarios unos entornos urbano y natural de calidad, que expliquen al visitante las cualidades de nuestros paisajes. Hace falta también que el contacto con los residentes sea fluido, que las actividades ofertadas incorporen valor al recuerdo, que las expectativas del viajero no se vean traicionadas y que los relatos sobre los que pivote la oferta turística sean coherentes y atractivos. Es decir, un enfoque experiencial implica una visión mucho más amplia y completa de la actividad y amplía la nómina de variables a cuidar de cara a garantizar el éxito y a aumentar la probabilidad de repetición.
En este contexto, el acto de alimentarse se convierte en un asunto primordial, puesto que es uno de los elementos que cuenta con mayor capacidad de impactar en el viajero y en la construcción de su experiencia. No en vano, éste tendrá necesariamente que alimentarse durante su viaje. Varias veces al día, además. La diversidad de los alimentos y sus preparaciones, la calidad y el sabor de los mismos, son parte del paisaje; subrayan la experiencia del viajero y le ayudan (o deberían ayudarle) a comprender lo que la vista y el resto de sus sentidos registran.
Andalucía es una potencia en turismo y en la producción de alimentos de calidad. A lo largo y ancho de su territorio se pueden encontrar algunos de los recursos más valiosos de la oferta española de uno y otro sector. Nuestro fuerte en el turismo, no obstante, se centra en el sol y playa (concentrado por definición en los meses de verano) y en el patrimonio. Aunque presentamos enormes potencialidades tanto en el turismo de naturaleza como en el de deportes.
Para todos estos nichos de mercado, la producción agroalimentaria andaluza ofrece productos de calidad que pueden, como hemos comentado más arriba, subrayar la experiencia del turista. Por ejemplo, el turista de naturaleza redondearía su satisfacción probando algunos de los productos de nuestra agricultura ecológica (Andalucía concentra el 52% de la superficie ecológica española). El turista cultural y de patrimonio estará interesado en probar elaboraciones de reminiscencias andalusíes (sobre todo si visita los monumentos que el mundo islámico dejó en nuestro suelo). Los que buscan deporte y salud pueden disfrutar de la enorme variedad y calidad de nuestras frutas hortalizas (incluso si nos visitan en Invierno)... Incluso en el caso del sol y playa se pueden encontrar sugerentes complementariedades, por ejemplo con los pescados y sus elaboraciones.
Por desgracia, los cambios habidos en la oferta turística mundial han llevado a nuestro sol y playa a centrarse en la oferta del todo incluido, que pone el acento más en la contención de costes para poder ofrecer precios competitivos en los hoteles. No en vano esta revolución comenzó por las líneas aéreas low cost. Esto implica que sea complicado, precisamente en el segmento más numeroso, el cuidado de esa búsqueda de complementariedades entre alimentación y experiencia turística.
No obstante, creo que el sector productor de alta calidad debe encontrar la forma de ganar protagonismo  en el turismo (no sólo en el de alto nivel). Y debe hacerlo con un doble objetivo. A corto plazo se trataría de generar un canal de consumo con alta potencialidad, y a largo plazo, como mejora de las posibilidades de exportación a través del poder evocador de los recuerdos. A todos nos ha pasado que un sabor o un olor nos han transportado a otro punto del espacio-tiempo en el que hemos rememorado algún momento del pasado. Y suele ser una experiencia agradable.

En julio y agosto Andalucía recibirá a cientos de miles de turistas, potenciales consumidores, tanto en destino como en origen, de nuestros productos alimentarios. Y sería una pena dejar que regresaran a sus hogares sin haber tenido la oportunidad de haber degustado alguna de nuestras muchas especialidades o sin conocer las relaciones entre nuestra agricultura, nuestra historia y nuestra cultura.