lunes, septiembre 16, 2013

Expectativas y algo más

En los últimos meses, los indicadores de expectativas y confianza sobre la marcha de la economía española han mejorado, como el Indicador de Confianza del Consumidor del CIS (PDF aquí) o el Indicador de Confianza Empresarial del INE –pero que comenzó siendo de las Cámaras de Comercio– (aquí).
La verdad es que todo parece indicar que en el tercer trimestre estaremos claramente en positivo en lo que a PIB se refiere, aunque el empleo sigue sin darnos buenas noticias (y es posible que tarde aún un poco en darlas).
Ahora se suman los gabinetes de análisis económico. Desde hace unos años, sigo con atención el panel de previsiones de FUNCAS, y voy alimentando una serie de previsiones (sólo mantengo crecimiento del PIB y tasa de paro) y en el último publicado se ha podido ver una mejora en las expectativas a corto plazo sobre la economía española.
Por ejemplo, la media de las previsiones (el consensum) mejora unas 2 décimas para 2013 y, curiosamente, se mantiene para 2014.

Evolución del consenso de previsiones sobre el PIB del Panel de Funcas
Con respecto a la tasa de paro, sin embargo, mejora su previsión con respecto a 2013 pero también (y con mayor intensidad) con respecto a 2014, donde por poco bajaría del 26%.

Evolución del consenso de previsiones sobre la tasa de paro del Panel de Funcas
 El escenario, por tanto, mejora un poco y, sobre todo, se estrecha, lo que seguramente seguirá sucediendo hasta que prácticamente todos los gabinetes terminen dando unas previsiones que varíen en 1 ó 2 décimas (como suele ocurrir).
Evolución y escenarios optimista, pesimista y de consenso del Panel de Funcas de septiembre de 2013
Así que todo parece indicar que, efectivamente, hay una clara creencia en que 2013 marcará el inicio de la nueva recuperación, lo que no quiere decir que:
1. Efectivamente, eso suceda, puesto que las sociedades no siempre reaccionan como está previsto.
2. Los gabinetes, los analistas y este que suscribe estemos completamente equivocados, lo que tampoco sería nada extraño, dado que somos todos economistas, o sea, especialistas en predecir el pasado ;-)


viernes, septiembre 13, 2013

De monos y árboles en el sector agroalimentario andaluz

Imagen: primatesmx.com
Los indicadores adelantados y los de confianza apuntan incluso a un posible crecimiento del PIB ya en el tercer trimestre de este año. Sin embargo, el capítulo crediticio continúa enfangado y dificultado por la debilidad de las cuentas de las entidades bancarias y por el aún creciente comportamiento de la morosidad. En Andalucía se suma, además, el comienzo de un nuevo tiempo político, en el que es previsible que aparezcan nuevas caras a ambos lados del escenario político.
Parece que comenzamos a salir del túnel de la crisis. No sería lógico que se alcanzasen a corto plazo altas tasas de crecimiento del PIB o de reducción del paro pero, al menos, las condiciones generales deberían ir mejorando poco a poco. A corto plazo las mejores noticias seguirán llegando desde el sector exterior, sobre todo si se confirman los esperanzadores datos de nuestros principales socios europeos. Allí es dónde van la mayor parte de nuestras exportaciones (aunque también se ha comenzado a diversificar el mix de destinos exportadores).
El flanco exterior ha sido la válvula de escape de la economía andaluza y en punta de lanza se ha situado el sector agroalimentario, que en lo que llevamos de 2013 ha sumado 4.037,7 millones de euros (el 28,5% del total andaluz). Sin embargo, la mayor parte de esa cantidad sigue engrosada por productos en estado muy primario y con una incorporación muy limitada de valor añadido.
Desde hace unos pocos días, además, ya tenemos PAC casi aprobada y sabemos que durante unos años se va a mantener el status quo a nivel nacional y los importes económicos, lo que elimina otra incertidumbre que pesaba sobre algunos de los sectores agrarios más importantes de Andalucía. Asimismo, veremos los primeros efectos de las leyes de funcionamiento de la cadena agroalimentaria y de integración cooperativa, que si cumplen con sus objetivos deberían contribuir a mejorar la posición competitiva de las empresas agrarias en general y de las cooperativas en particular.

Seguir leyendo en El Economista