lunes, agosto 17, 2015

La concentración bancaria española en perspectiva

Los que tenemos algo de memoria pensábamos que tras la oleada de concentraciones en la banca española de los 80 nos quedaba poco por ver en esta materia. Sin embargo, lo sucedido desde el estallido de la crisis ha sido un movimiento aún más intenso y de efectos más devastadores sobre la diversidad de entidades que aquel que ya nos pareció brutal.
Pero esta mañana he visto un gráfico en la prensa salmón que me ha puesto los pelos de punta y sobre el que he estado trabajando esta tarde para poder mostrar la información de forma más resumida. La verdad que sin explicación, mi gráfico no es demasiado evidente, pero cuando uno tiene todos los códigos para su explicación se da cuenta de la verdadera dimensión del fenómeno en un solo vistazo.
El gráfico expresa el grado de concentración de activos bancarios de varios países, expresado en la cuota de los cinco bancos más grandes de varios Estados y de la Eurozona entre 2008 y 2013. En el eje de abscisas (X) se representa la cuota de los 5 grandes en 2013, y en ordenadas (Y) se expresa el punto de partida inicial en 2008. El tamaño de las esferas representa la variación en puntos porcentuales entre los dos momentos, siendo los rojos variaciones positivas y los blancos variaciones negativas.
La referencia es la Eurozona. Todos los países en rojo son aquellos en los que ha aumentado la concentración. Como puede verse la más grande es la de España, por lo que el nuestro ha sido en el que más se ha concentrado la banca en los últimos años. Por otro lado, cuanto más a la derecha, mayor concentración en 2013. Y otra vez España es el país que tiene un mayor porcentaje en manos de los 5 primeros aunque partía de una situación inferior a Franca, Irlanda y la propia Zona Euro.

Concentración bancaria en la eurozona en el período 2008-2009

Y lo "gracioso" es que esta información complementaba un artículo sobre la posible oleada de fusiones que nos espera a la vuelta del verano... Y qué quieren que les diga, por un lado entiendo que la dimensión en la banca minorista, un negocio con márgenes muy estrechos, es una ventaja estratégica y casi que una necesidad. Pero como consumidor, no puedo dejar de preguntarme si no nos estaremos encaminando hacia un mercado bancario similar al de la electricidad y un escenario así me produce escalofríos.

martes, agosto 04, 2015

De la deuda al decrecimiento

Hace muchos años escribí que lo que viniera después del capitalismo sería el resultado de algún salto adaptativo de este, a tenor de la habilidad que ha demostrado el sistema para enfrentarse a los retos que se le planteaban y a pesar de todas sus contradicciones. Hoy, de casualidad, me he encontrado con una idea que me reafirma en aquel pensamiento...
Estaba leyendo un artículo sobre las crisis de Grecia y Puerto Rico, dos países considerados de los desarrollados (aunque no precisamente de los más ricos) acuciados por los problemas generados por una excesiva deuda. Y es que una de las herencias de la Gran Recesión es un mundo profundamente endeudado y conectado al respirador de unos tipos de interés históricamente bajos. De pronto, se me ha cruzado una noticia sobre el plan de Obama para luchar contra el cada vez más obvio cambio climático (por cierto, creo que para esta lucha ya llegamos tarde) y me he acordado de los que abogan por el decrecimiento.
Y, ahí está, la espita de la próxima mutación del capitalismo está ya montada, es una mezcla de excesiva deuda, países con respiración asistida y presión medioambiental (de un medioambiente cada vez más hostil en amplias áreas del planeta).
Como en cualquier otra institución humana, el instinto del capitalismo es la supervivencia. La marea de impagos previsiblemente no va a parar y es posible que más pronto que tarde impacte en una presa demasiado grande. Incluso es posible que se amplíe en el momento en el que los bancos centrales consideren el retorno a tipos neutrales -los tipos pueden serlo, pero el viaje hacia ellos no lo será-. Y una explosión de impagos en cadena no solo afectará a los deudores, sino que los grandes acreedores del mundo verán desaparecer de la noche a la mañana una considerable parte de su riqueza financiera. El escenario, pues, sería el de un mundo que se reinicia desde un nivel de actividad inferior al actual y en el que los mercados financieros estarán mucho más controlados y con los procesos de crecimiento apalancado bajo un severo régimen de observación.
Ese es un mundo con menor crecimiento económico, con menor consumo de recursos y con un menor impacto en el medioambiente. Será un mundo en el que el capitalismo tendrá la oportunidad de refundarse desde unas bases menos individualistas, o con una visión del individualismo más general y en el que el bien común (o como quiera que se llame) será un aspecto más del conjunto de recompensas individuales.

O, tal vez, todo esto no sea más que el producto del sueño de una noche calurosa de verano...