lunes, noviembre 23, 2015

¿Por qué lo que es bueno para las cooperativas agrarias no parece serlo para las de crédito?

España es un país de contrastes y de complejidades sin cuenta. Tan complejo que siendo uno de los primeros estados modernos de Europa, nunca terminamos de forjar una identidad verdaderamente nacional y, si lo hicimos, en algún momento del camino la perdimos. Esto viene a colación porque hace uso días leía en la prensa digital que los dos gigantes de la banca cooperativa alemana se fusionaban: el DZ y el WGZ ( Aquí).

Según la nota de prensa, la fusión busca sinergías (con ahorros calculados tras la unión en 100 millones de euros) y se produce en el “momento adecuado”, caracterizado este por la “regulación, los bajos tipos de interés y la digitalización”. Obviamente no señala, pero es casi una obviedad, que dicho entorno supone también una menor rentabilidad en las operaciones tradicionales y que fuerza a una mayor competencia en un sector en el que es posible que aparezcan nuevos agentes en la medida que la digitalización se vaya produciendo.
En este entorno es en el que cobran pleno sentido las fusiones, buscando en primera instancia ahorros de coste en los servicios comunes y eliminando duplicidades que finalmente deben repercutir en el abaratamiento de los productos a los clientes. En España, tras el tsunami legal y económico que barrió a las cajas de ahorros, todo el mundo esperaba algo similar para las cooperativas de crédito, mucho más pequeñas aunque con cuotas de mercado locales relevantes. En dicho sector, se habían producido algunos movimientos tendentes a combatir el enanismo de las entidades. Las estrategias básicas hasta el momento han sido dos: las fusiones, por un lado, y, de forma más generalizada, los SIP (o también llamadas fusiones frías, en las que se unifican diversos servicios y consolidan los balances). Sin embargo, los avances han sido realmente escasos. La mayor parte del esfuerzo se ha realizado en torno a Cajamar y su grupo cooperativo con movimientos de los dos tipos.
No se ha podido llegar mucho más lejos, porque muchas de las cajas rurales, que son las principales integrantes de este apartado de cooperativas de crédito, se han enrocado, aduciendo como argumentos la distribución territorial por municipios pequeños (evitando en cierta forma la exclusión financiera), el arraigo con sus territorios, la falta de casos de insolvencias (en contraposición con las cajas de ahorros) y la existencia de una cierta coordinación en torno al Banco Cooperativo Español. Algunas de esas razones son ciertas, otras no tanto, y ninguna de ellas es relevante a la hora de decidirse por ganar dimensión. La centralización de servicios o la consolidación de balances al final debe traducirse en una mejora de la rentabilidad y en un mejor servicio a los clientes, por lo que el cumplimiento de sus objetivos se haría de una manera más eficiente con mayor dimensión que en el momento actual.
Personalmente no estoy seguro que la solución pase por la bancarización, el modelo cooperativo se ha mostrado muy resistente ante las crisis, y su enganche social es más elevado que el de las sociedades anónimas. Pero lo que no dudo es que si para las cooperativas agrarias, ante la globalización de su mercado y la presión creciente de los agentes, es conveniente la ganancia de dimensión, igual o más debe serlo para las cooperativas de crédito, cuyos reto principal es la mejora de la competitividad en un mercado repartido entre verdaderos gigantes y en el que las elevadas inversiones en tecnología van a convertirse en elementos definitorios en los próximos años.
No querer verlo es acercarse un poco más al precipicio. Como pasará con las cooperativas agrarias, tarde o temprano, el mercado va a obligar a aumentar la cooperación y la mutualización de servicios. En concreto, las tendencias que van a obligar a ello en el mercado financiero son las siguientes:

  • Reducción del peso económico y demográfico de las zonas rurales, donde tienen mayor presencia.
  • Tendencia creciente a la digitalización, lo que implica inversiones ingentes en tecnología y en desarrollo de aplicaciones y software, desde las apps para dispositivos hasta el big data para alimentar el core del negocio bancario.
  • Competencia creciente de los grandes bancos, que se incrementará en la medida en que los usuarios vayan pasándose al mundo digital.
  • Complejidad regulatoria creciente, con mayores exigencias que pueden llegar a asfixiar a entidades pequeñas.
  • Creciente dimensión de las empresas agroalimentarias, el principal nicho de mercado de las rurales, lo que aumentará y hará más complejas sus necesidades financieras, exigiendo a las entidades financieras que las acompañen esfuerzos que a lo mejor no pueden afrontar solas.
En resumen, no sé si el modelo será el elegido por el Grupo Cooperativo Cajamar o no, pero lo que tengo claro es que a medio plazo, no quedarán más de dos o tres grupos de cooperativas de crédito, con muchos servicios comunes y con cuentas consolidadas (de cara al regulador). Lo que está por dilucidar es si los costes de ese proceso serán más o menos intensos y si el propio proceso será más o menos rápido.

lunes, noviembre 09, 2015

Queridos Catalanes:

Os escribo desde una esquina de la península ibérica, aquella a la que los romanos llamaban Hispania, o los árabes Al Andalus. Os escribo desde Almería.

 Y lo hago hoy, cuando desde vuestro Parlamento os habéis declarado independientes. Independientes de España, sin caer en la cuenta de que España es el conjunto, incluidos vosotros. España es un concepto que se invento para incluir a los súbditos de los diferentes reinos cristianos de la península. Fijaros que digo súbditos, porque lo que había en aquel momento en estas tierras eran reinos en los que aún se dejaba notar el poder de los nobles sobre el resto del pueblo (feudalismo que se llamaba).

Desde aquellos tiempos, los españoles (vosotros también) hemos recorrido un largo camino en el que ha habido que superar diversas guerras civiles (incluida la guerra de sucesión), en el que hemos construido y perdido un imperio, hemos soportado dictaduras (alguna hasta hace dos días, como quién dice) y hemos dado un salto hacia delante alucinante en los últimos 40 años.
En ese corto período de tiempo transformamos los restos anquilosados de una dictadura en una incipiente democracia, que seguramente nació con vicios, y en cuya fundación también seguramente se cometieron errores, pero que nos permitió volver al seno de una Europa democrática y moderna.
Juntos nos hicimos ricos, si bien unos más que otros, como siempre. Y juntos, también, nos hemos tenido que avergonzar por la inmensa montaña de detritus que había ido acumulando bajo las alfombras del poder nuestra clase política: la vuestra, la nuestra, la de todos.
Os escribo porque me da pena que esa larga historia común se diluya como lágrimas en la lluvia. Os escribo porque creo que el paso que estáis dando será dañino para vosotros, pero también para el resto de los españolas.
Quiero contaros cómo lo veo yo, un modesto economista de provincias. Durante años, Cataluña ha mantenido un diferencial de renta positivo con la media de los españoles. Y ni os cuento con la de los almerienses. Nosotros teníamos el dudoso honor de ser los españoles más pobres allá por 1955. Cuando se produjo el llamado “milagro español” vuestra región (si quieres puedes llamarla nación, a mi eso me da lo mismo) se convirtió en una de las palancas del desarrollo industrial, un desarrollo en el que vosotros poníais el capital y el conjunto de la España pobre ponía la mano de obra y el mercado (no se os olvide). Allí se construyeron las infraestructuras más avanzadas, allí sentaron primero los beneficios de la apertura económica y social del régimen. No os confundáis, no os lo echo en cara, gracias a vuestro desarrollo muchas familias de Castilla, Andalucía, Extremadura o Galicia pudieron salir a su vez de la pobreza, aunque el precio fuera la emigración.


Luego llegó la democracia y nos inventamos el Estado de las Autonomías (vosotros estuvisteis en primera linea de fuego en este asunto). Un Estado descentralizado que, como todas las instituciones humanas, tiene luces y sombras. Pero que se basa en una Constitución que votamos todos los españoles (si, vosotros también). No es la mejor de las posibles. Yo, personalmente, hubiera deseado mejor una República, pues me parece que la monarquía es una institución que pertenece al pasado remoto, más que al mundo de los siglos XX y XXI. Uy, que me desvío. Pero esa Constitución dice que todos los españoles somos iguales ante la Ley y, aunque a veces cueste creerlo por las cosas que suceden, me niego a pensar que no podamos lograrlo tarde o temprano (quién sabe, es posible que hasta podamos conseguir una República).


Desde este rinconcito del sur, la impresión que me da es que haréis decidido dejarnos en la estacada. Lo adornáis de palabras tranquilizadoras, para que nadie se asuste, pero el mensaje de fondo es que pensáis que estaréis mejor sin el resto de los españoles. Bien es cierto que ni el Gobierno actual ni el precedente tuvieron altura de miras con el “asunto catalán”, pero no fue por vosotros, es que simplemente no las tenían: las miras. Ni para eso, ni para nada. Y si no, mirad cómo hemos tenido que sufrir durante toda esta crisis. Una crisis que, os recuerdo, no ha sido culpa del robo cometido por el resto de España contra Cataluña.
Dejadme que me entretenga un poco con este asunto del España nos roba. Como argumento facilón está bien traído, pero como realidad es una patraña. En cualquier país con un sistema fiscal progresivo y con un mínimo de espíritu redistribuidor, las zonas más ricas pagan más impuestos que las pobres y estas últimas suelen ser receptoras netas de rentas. eso es así en España, en Alemania o en Gran Bretaña. En vuestra república catalana estas cosas seguirán pasando, habrá zonas que serán donantes netas y otras que serán receptoras netas. Y si no lo hacéis así, entonces seguramente será un país menos justo que este que ahora abandonáis. Por tanto, ese eslogan, además de ser falso, es un insulto para el resto de españoles. Poco aprecio me tienen aquellos que me llaman ladrón.
Finalmente, me da la impresión de que os vais porque os habéis rendido, huís del proyecto España porque decís que este no satisface vuestras necesidades. Y olvidáis que no es el proyecto España el que lo hace, sino unos determinados gobiernos a los que podemos cambiar entre todos cuando nos hartemos o cuando creamos que hay mejores alternativas. También pienso que no lo habéis pensado bien, que vuestros políticos no se han parado a pensar dos veces los pros y los contras y, obviamente, tampoco os los han contado. Han hecho el cálculo fácil del supuesto déficit fiscal y como les salía a favor han resumido que sin el resto de España vivirán mejor y serán más ricos. No han mirado lo que ya ha pasado en otros lugares. Chequea y Eslovaquia se separaron de mutuo acuerdo y de buen rollo y su PIB cayó al año siguiente. ¿Os dais cuenta de que nos podéis meter a todos en una nueva recesión?
Estimados catalanes. Nadie puede obligar a otro a pertenecer a un club en el que no quiera estar. Eso es evidente. También es evidente que a largo plazo, en el seno de la UE, cualquier tamaño de Estado es viable, pero a corto (que es donde nos va a tocar seguir viendo los próximos años) los efectos pueden ser demoledores. Donde antes había una estructura de club, ahora habrá que mantener dos (lo cual no es precisamente eficiente que digamos), los socios de ambos clubes no estarán muy por la labor de hacerse favores, por lo que el desempeño social de ambos también se verá afectado o, cuando vayan a pelearse a instancias superiores, pongamos por caso federaciones, cada uno de los clubes tendrá menos poder y capacidad de influencia que el viejo club unido. Dicho de otra forma, si no os gustaba el desarrollo del proyecto España podríais haber intentado cambiarlo. Hay muchos españoles no catalanes que también estamos por la labor.
En fin queridos catalanes, espero que os vaya bonito en el camino que habéis emprendido y sabed que os echaré de menos, pero no por vuestras rentas transferidas, sino por vuestro ejemplo de ciudadanos responsables y emprendedores. Aunque, desde ahora, comprendedme, junto a ese sentimiento convivirá cierto desdén, el del amante abandonado o mejor, el del amigo menospreciado al que han dejado en la estacada.

Adeu.